Movimiento de mujeres – movimiento feminista en dictadura.

Resumen:

Este artículo busca  dar cuenta del contexto en que surge el movimiento de mujeres y las prácticas y discursos  feministas en el Chile de la dictadura  para ello se revisa algunos antecedentes  socioculturales de la sociedad chilena de fines de los años 60 ; se  muestra como y cuando  surgieron las diversas organizaciones de mujeres y las características que le permitieron convertirse en un movimiento social amplio y capaz de reivindicar democracia en el país y en la casa.

Palabras Claves: Golpe de estado, movimiento de mujeres, feminismo chileno

Loreto Rebolledo: Periodista, Universidad de Chile. Doctora en Historia de América. Universidad de Barcelona.

 

Para poder  dar cuenta del carácter transgresor y cuestionador del poder institucional en que surgen las prácticas y discursos  feministas en el Chile de la dictadura y poder ponderarlo en su justa medida , es necesario remontarse al período anterior al golpe de estado, revisando algunos aspectos socioculturales de la sociedad chilena.

A finales de los años 60  se evidenciaban  aires de cambio en la sociedad chilena: se habían instaurado políticas públicas de planificación familiar, que permitieron liberar la sexualidad femenina al separar reproducción de sexualidad; la sociedad se inclinaba hacia posturas  progresistas en lo político lo que permitía pensar en la realización de cambios culturales, sociales y económicos. Los estudiantes  universitarios  exigían  reformas; en las áreas rurales se iniciaba la reforma agraria rompiendo así una tradición hacendal que se arrastraba desde siglos anteriores; a través de la televisión era posible asomarse a otros mundos. Sin embargo, esos aires de modernidad  coexistían  con una cultura tradicional que definía roles marcadamente diferenciados para hombres y mujeres:  mujeres madre-esposas y hombres proveedores Las  formas de construir familia eran  tributarias de las definiciones religiosas de una familia bien constituída.

En 1968 los sociólogos franceses Armand y Michelle Mattelart [1] en su estudio sobre la mujer chilena en una nueva sociedad  hablaban de que en Chile se vivía un proceso de modernización incompleto, que caracterizaron como “ tradicionalismo moderno”.

De acuerdo a los resultados de la encuesta aplicada por los Mattelart a  mujeres y hombres de diferentes clases sociales, de sectores rurales y urbanos la mujer chilena  seguía percibiéndose como esposa y madre y entre las cualidades de la mujer casada destacar el “ ser de su casa, asumir la responsabilidad de su familia, ser la presencia permanente en el hogar, un factor de unión, comprensión y equilibrio”.[2] Esos valores eran los que se promovían a través de los Centro de Madres, CEMA, principal forma de organización femenina promovida por el estado[3].

Por su parte, el estudio de los Mattelart identificaba como las principales cualidades del hombre casado  ser “ sostenedor del hogar, preocupado de que no faltara nada en éste y protector de su familia”.

En los partidos políticos, sindicatos y otras organizaciones las mujeres eran marginalizadas aunque el esfuerzo y visibilización de algunas pocas les permitió acceder a algunos cargos importantes, por ejemplo Fidelma Allende en  1965  fue presidenta de la Central Unica de Trabajadores; a su vez  Herminia Concha era la dirigente de la toma de Santa Adriana en  1966 y otras mujeres como Carmen Lazo, Mireya Baltra, Wilna Saavedra o Silvia Pinto eran diputadas.

La sociedad chilena de los 70 era marcadamente segregada,  así en 1970  solo un 30,% de los hombres y un 35,3% de las mujeres de entre 15 y 19 años cursaban la enseñanza media; un 9,2% de los jóvenes entre 20 y 24 años cursaban estudios universitarios, de ellos un 30 % aproximadamente eran mujeres (Rosetti: 1988); un 22,8% de la Población económicamente activa nacional  era femenina (Muñoz, 1988) .

En los partidos  de izquierda, donde participaban mujeres  como militantes, se pensaba que el socialismo resolvería todas las diferentes inequidades, desigualdades y discriminaciones. Se asumía que el conflicto fundamental  de la sociedad era por la diferencia de clases sociales  y la lucha por el poder se planteaba en esos términos, la única opresión que se percibía era la de clases, dejando de lado la opresión sexual, de raza, étnica u otras. No había lugar para considerar otras inequidades o subordinaciones. No obstante la Unidad Popular a través del gobierno de Allende y sus 40 medidas  propició la previsión para las dueñas de casa, la creación  de consultorios materno infantiles y de una Oficina de la Familia.

En 1973 , cuando se produce el golpe de estado las mujeres aún no cumplían 25 años de haber obtenido el derecho a votar y a ser elegidas en las elecciones, en 1952 habían votado por primera vez en una elección presidencial (Gaviola et.al.:2007).

Golpe de estado:

Desde el  mismo 11 de septiembre de 1973 se  desata una represión que no solo que implicó la puesta fuera de la ley de los partidos políticos, sindicatos y toda clase de organización. Miles de chilenos fueron perseguidos, torturados,  encarcelados, desaparecidos, ejecutados  y otros condenados a vivir en el exilio. Aunque la represión fue amplia y cayó sobre hombres y mujeres sin discriminar edades, los hombres fueron los que llevaron la peor parte lo que obligó a las mujeres a salir de sus casas denunciando las violaciones a los derechos humanos. Fueron ellas las que se incorporaron a las agrupaciones  de ejecutados políticos, las que solicitaron apoyo del Comité Pro Paz primero y luego de la Vicaría de la solidaridad.

Entre las primeras organizaciones de mujeres de los años  70 destacan : La Agrupación de Mujeres Democráticas- AMD- que usa la palabra democráticas para diferenciarse de las otras mujeres que apoyaban el golpe, (surge en 1973-74); la  AFDD; Agrupación de Familiares de detenidos desaparecidos (1975- 76) que se hace visible en lo público a través de diversas manifestaciones en la CEPAL, frente al Edificio Diego Portales (donde operaba la Junta Militar) en centro  de detención como Tejas Verdes; huelgas de hambre, marchas y mitines (Gaviola et. al. 1994).

Pero las organizaciones de mujeres no solo comienzan a aparecer en Santiago, también surgen en otras regiones del país y algunas de ellas marcan claramente su carácter político en pequeños  gestos. Así la UDEM, Unión de mujeres de Chile, nace en 1976 Valparaíso y luego se amplia a sus  alrededores; y escogen el día de la  Dignidad Nacional (aniversario de la nacionalización del cobre) para hacer su primera aparición pública.

Luego, en el contexto de la aplicación de las políticas de ajuste y de la recesión económica en los 80 fueron las mujeres las que se organizaron en las llamadas organizaciones económicas populares (Angelo;1987) talleres productivos, para generar ingresos económicos para la familia, las que participaron en los “vendiendo juntos” o “comprando juntos”, las que se hicieron cargo de las ollas comunes. Además se comienzan a crear grupos de salud, grupos de reflexión, al alero de parroquias y Vicarías.

Los grupos de mujeres surgieron en diferentes lugares y se caracterizaron por su gran diversidad. Las mujeres que los integraban provenían de diferentes militancias políticas, de de distintas clases  y de diversos credos religiosos, lo que no fue obstáculo para que fueran convergiendo en encuentros, jornadas y talleres; las que más tarde se convirtieron en coordinaciones más institucionalizadas, lo que permitió ir construyendo un colectivo con intereses comunes . Esto permitió ir consolidando un  grupo  con gran capacidad para llegar a acuerdos y para representar el sentir de las diversas organizaciones frente a las distintas situaciones que vivía el país, lo que caracterizó su vasto poder de convocatoria. (Gaviola et. al 1994).

La conciencia de género va surgiendo de la mano de la lucha contra la dictadura a  partir de la práctica cotidiana y la reflexión de  mujeres participantes en organizaciones  y grupos de mujeres de diverso tipo, agrupaciones de derechos humanos, organizaciones económicas populares; colectivos de mujeres, comedores infantiles y ollas comunes . A ello se agregaron  los grupos de  estudios de mujeres profesionales que buscaban dar cuenta de la condición y situación de las mujeres y denunciando  el autoritarismo y el patriarcado.

En 1978 se creó el Círculo de estudios de la mujer bajo el alero de  la Academia de Humanismo Cristiano que a través de la realización de talleres, la difusión de boletines, organización de debates  permite que converjan hacia allí diversas organizaciones de mujeres  y grupos feministas que poco a poco, además de la denuncia a la dictadura y la defensa de los derechos humanos  se van planteando temas  sobre  la familia, sexualidad, salud reproductiva, divorcio.

El avance de posturas feministas y reivindicaciones respecto al derecho de las mujeres a tomar decisiones sobre sus vidas y sobre sus cuerpos, generó tensiones con los sectores más conservadores de la Iglesia Católica . Por su parte las mujeres de algunas  agrupaciones sindicales comienzan a autonomizarse de éstas al ver que sus demandas no eran suficientemente consideradas , las que eran departamento femeninos, se independizan así por ejemplo  en 1980 surge el  MOMUPO  Mujeres pobladoras. Por su parte el  MEMCH en 1983 comienza a a coordinar diferentes organizaciones de mujeres.

El movimiento de mujeres de los 80 se caracteriza por su amplitud, por abarcar a través de redes  diversidad de temas (autoayuda, violencia, salud sexual y reproductiva, mujer y trabajo), incorporan a una a multiplicidad de organizaciones ubicadas a lo largo del territorio y en las que  participan mujeres de diverso origen social.

Pese al encierro que generó la dictadura las mujeres, a través de encuentros internacionales se conectan con feministas de otros países, con mujeres chilenas en el exilio y con organizaciones feministas y de mujeres de otros lugares, lo cual les permitió  ir levantando reinvindicaciones  desde su condición de mujeres, a la par que demandan en los espacios públicos  el respeto a los derechos humanos, a trabajos dignos y a democracia.

En 1983  en el teatro Caupolicán   diez mil mujeres se juntan en un acto unitario sin precedentes , expresando de esa manera  la demanda de unidad política necesaria para alcanzar la democracia. Allí nace Mujeres por la vida y su consigna  NO + ( no + tortura, no + muerte) y se hace visible la capacidad de convocatoria y movilización de las mujeres, que sorprende tanto a la dictadura como a los partidos de oposición (Aguilera, 2011).

Paradojalmente: mientras unas se toman la calle,  interpelando a la dictadura por la prisión o desaparición de sus maridos, padres, hijos y hermanos;  la dictadura instaura y difunde un discurso familístico y de la buena madre y esposa, forjadora de la patria; la mujer de su casa. Los Centros de Madre , se transforman en manos de las mujeres de los militares  en organizaciones de control y domesticación de las mujeres de sectores populares  que los integraban.  Por otra parte, el voluntariado femenino de acción y servicio social fue una manera de cooptar a las mujeres  de sectores medios por parte de la derecha pinochetista.

A fines de 1983 los sectores más conservadores pasaron a la ofensiva ante el avance de las mujeres y la ideas feministas. Así el 2 de diciembre 1983. Tradición familia y Propiedad, publica en  El Mercurio un inserto titulado “EN NOMBRE DE LA FE HAY  QUIENES PRETENDEN LLEVARNOS A UN REGIMEN ATEO, SANGUINARIO Y DESPOTICO. UN REGIMEN TITERE DE MOSCU. Tradición Familia y propiedad documenta ampliamente esta realidad y pide a Dios, a la Virgen y a la Iglesia remedios para esta situación, porque Chile no quiere sucumbir”. En el punto 4º subtitulado “Academia de Humanismo Cristiano promueve el hedonismo más impúdico· se planteaba que :“ El Círculo de Estudios de la Mujer de la Academia de Humanismo Cristiano, dependiente del arzobispado de Santiago publica revistas, que a la par de ser socialistas en el plano político, son inmorales en el plano de las costumbre. A lo largo de sus páginas se incentiva el orgullo y la sensualidad, que son respectivamente las causas del igualitarismo y del libertinaje.” (en Gaviola et.al. 1994).

En 1984 la Academia de Humanismo Cristiano  cede a las presiones de los sectores más conservadores  y expulsa al Círculo de estudios de la Mujer por tocar temas no deseables para Iglesia. Mientras hablaron contra la dictadura y sobre DDHH no hubo problemas, pero al plantearse sobre temas como la sexualidad, aborto, divorcio etc., etc. las cosas cambiaron. Surge el Centro de Estudios de la Mujer, CEM y La Casa de la Mujer La Morada, el primero más dedicado a  la investigación de la situación de las mujeres y la segunda con un carácter más político feminista.

Democracia en el país y en la casa fue la consigna que caracterizó al feminismo chileno de los años 80 y 90 lo que da cuenta del carácter político en un sentido amplio que caracterizó al  movimiento de mujeres.

Es importante destacar que la gran capacidad de convocatoria del movimiento de mujeres y el feminismo y su capacidad de movilización descansaron en ciertas particularidades que interesa destacar.

Características de los Discursos  y prácticas del  feminismo:

En primer lugar se trataba de discursos y prácticas situadas, es decir se cuestionaba al poder, en sus diversas manifestaciones  desde el lugar que las mujeres ocupaban en la sociedad .

“Lo personal es político” era una de las consignas que utilizaban las feministas y organizaciones mujeres antidictatoriales  de los 80, rescatando así la visión de una vida integral y no parcelada y el objetivo de un movimiento que se plantea modificar las relaciones de poder no solo a nivel del estado, sino modificar las relaciones de poder en la vida pública y en la vida cotidiana. Esto marca un modo diferente de entender el poder.

Por otra parte  se entendía que la democracia  no se restringe al accionar político público, sino con un modo de relacionarse y vivir en diversas instancias,  públicas o privadas y  esto se resumía en la consigna “democracia en el país y en la casa”.

Se postulaba que la democracia debía ser inclusiva; se postulaba que todos/as  mas allá de su religión , postura política , tipo de organización de pertenencia, o lugar de residencia eran parte del movimiento. Lo que se traducía  en una vocación unitaria,  reflejada en la transversalidad y, una práctica de trabajo en redes. La promoción de la unidad respetando y acogiendo la diversidad puso en   el debate la idea  que la diferencia no debía ser sinónimo de desigualdad.

La persecución de objetivos comunes y la voluntad unitaria, mas allá de las diferencias, se hacían evidentes en las prácticas horizontales para tomar decisiones y en la aparición pública de diversos rostros de voceras. El movimiento era de todas  y debía reflejar la diversidad social y del tipo de organizaciones: pobladoras, trabajadoras, profesionales, clases medias, intelectuales; organizaciones  de base cristianos parroquiales, estudiantes, militantes de partidos de izquierda, organizaciones de defensa de los derechos humanos.

Otro elemento a destacar , muy vinculado con el tema de la unidad  y que particularizó al movimiento de mujeres y feminista fue la creatividad. Con consignas e imágenes creativas que destacaban los aspectos y sentimientos compartidos,  se evitaba fricciones de política partidista  y fueron   un modo de construir la convergencia cuando había diferencias políticas entre las diferentes organizaciones. Ello se acompañó con el uso de recursos simbólicos, donde se apelaba a los sentimientos y emociones  como un modo de romper el cerco de la prensa y visibilizarse. Ejemplo de ellos es la campaña NO me olvides lanzado en 1988 en el marco del Plebiscito  por Mujeres por la Vida .Era un aviso publicado en la prensa  con una gran huella digital ampliada sobre la que decía ¿Dónde votan los exiliados?, los presos políticos, los desaparecidos, los asesinados? Y a renglón seguido respondía. Ellos no pueden votar. No lo olvides en tu NO.

A modo de conclusión:

El auge  del movimiento de mujeres, se dio en la década de los ochenta, fundamentalmente entre 1983 y 1987  donde alcanzó su mayor poder de convocatoria, coordinación y organización a nivel nacional  y , dado el período  es posible que uno de sus mayores aportes haya sido la  reivindicación de la dignidad humana en un país al que los militares habían maltratado y puesto de rodillas, donde los partidos políticos y organizaciones sociales habían sido desmantelados, los opositores al régimen perseguidos,, asesinados y exiliados. No es casual que el inicio anual de las protestas y movilizaciones callejereras contra la dictadura fueran el día de la mujer. Los 8 de marzo , las mujeres salían a las calles, exigiendo democracia en el país y en la casa y esa primera manifestación, coincidente con el comienzo del año escolar y el fin de las vacaciones de verano, con amplias repercusiones en los medios de comunicación era la señal de partida de las protestas políticas a nivel nacional.

Otro de los méritos del movimiento de mujeres y feminista en época de dictadura fue poner en el debate temas que van mas allá de aquello planteado tradicionalmente  por los partidos políticos, visibilizando las demandas  específicas de género. Temas que se comenzaron a discutir en esos años en los grupos de autoayuda y reflexión como la violencia de género, la discriminación, la opresión y control de los cuerpos femeninos y la desigualdad  sigue vigentes en la sociedad chilena.

Bibliografía

Aguilera, G. (2011) “Movimiento de Mujeres y feminista: desarticulación e institucionalización en el ciclo concertacionista” en  Revista Lucha de clases 01. Santiago www.revistaluchadeclases.cl/01/sobre. html

Angelo, G. (1987) Pero ellas son imprescindibles. Santiago: CEM.

Gaviola, E., et.al (2007) Queremos votar en las próximas elecciones.Historia del movimiento sufragista chileno 1913-1952. Santiago: LOM

Gaviola, E., Largo, E., Palestro, S. (1994). Una historia necesaria: mujeres en Chile 1973-1990. Santiago: Aki & Ahora Ltda.

Mattelart, A. y Mattelart, M. (1968) . La mujer chilena  en una nueva sociedad. Un estudio exploratorio acerca de la situación e imagen de la mujer en Chile. Santiago: Editorial del Pacífico

Muñoz, A. (1988) “Fuerza de trabajo femenina: evolución y tendencias”, en CEM,  Mundo de Mujer.Continuidad y Cambio, Santiago: CEM.

Oxman, V. (1983) “La participación de mujeres campesinas en organizaciones: los Centros de Madres”, GIA, Santiago: Serie resultados de investigación N° 12

Rosetti, J.(1988) ”La educación de las mujeres en Chile contemporáneo” en CEM,  Mundo de Mujer. Continuidad y Cambio, Santiago: CEM.


[1] Es importante destacar que este  estudio es de los primeros que se preocupa de indagar en las percepciones de situación e imagen de  las mujeres chilenas

[2] Estaba tan arraigada esta concepción en la sociedad chilena, que justamente apelando a su condición de madres, defensoras de la familia y de su hogar es que las mujeres de derecha salieron a las calles con las cacerolas a demandar al ejército “ protección “ frente  a la amenaza comunista durante el gobierno de Allende.

[3]Los Centros de Madres fueron el espacio organizativo principal de las mujeres se sectores populares urbanos y rurales ( Cfr. Oxman, 1983)

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