Género y Dictaduras en América Latina

Resumen: 

La siguiente columna reflexiona en torno a las similitudes históricas en América Latina y el Caribe respecto a Dictaduras del último siglo, cruzando en él el protagonismo de las mujeres en el contexto político-social.

Verónica Espinoza Villalba. Coronel de Policía de E.M del Ecuador. Graduada en 1986 con grado de subteniente de policía de la Escuela Superior de Policía Alberto Enríquez Gallo, como parte de la primera promoción de Oficiales Mujeres de la Policía de Ecuador. Actualmente es rectora del Instituto Tecnológico Superior Policía Nacional de Ecuador, y estudiante del Diplomado de Extensión a Distancia en Estudios de Género, Universidad de Chile.

Al realizar una revisión rápida de la historia de  América Latina y el Caribe en los últimos 100 años, podemos observar de una manera no menos que alarmante que cada uno de los países que lo conforman, en algún momento determinado, han atravesado periodos de crueles dictaduras, muchas de ellas de tipo militar, pero otras más bien Dictaduras Totalitarias, Autoritarias e inclusive podríamos hablar de Dictaduras Constitucionales.

Recordemos que  las Dictaduras Autoritarias no tienen una ideología previamente elaborada, más bien busca la imposición del poder  sin que le interese impulsar cambios sociales, su principal interés está el lograr el sometimiento de las masas sin importar lograr el apoyo ideológico de las mismas.

Otra de las caras que presenta la dictadura es la Totalitarista, que enviste de poder a una sola persona  o a un grupo reducido. Generalmente se produce un empleo sistemático del terror, mediante la utilización de diferentes mecanismos estatales legales o irregulares.

Siguiendo nuestro rápido análisis de los tipos de dictadura, encontraremos a la Dictadura Constitucional en la que observaremos que, a pesar de que se respeta el régimen constitucional, el poder se ha concentrado en una sola persona, la misma que controla de manera directa o indirecta los poderes del Estado. Valdría recordar que los poderes del Estado varía en los diferentes países. En el caso de mi país, el Ecuador, los poderes del Estado son Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral y  el de Transparencia y Control Social.

Sin embargo, sea cual sea el tipo de Dictadura que un país experimente, existen características similares que nos permiten identificar esta forma de gobierno, observándose sine qua non la concentración del poder en torno de una figura representativa o alrededor de un grupo humano con poder económico.

Dentro de esta gama de dictaduras, la que más ha predominado en el continente americano es la Dictadura Militar, la misma que con el burdo justificativo de  mantener la estabilidad de un país,  ha anulado por completo las garantías y derechos constitucionales, estableciendo grandes períodos de ley marcial, o en su defecto, estados de emergencia. Analizando esta temática podemos establecer que la diferencia esencial entre los otros tipos de dictadura y este tipo, se centra en quienes ejercen el poder son representantes de las Fuerzas Armadas, quienes evitan cualquier tipo de control democrático.

Para el mantenimiento de las mismas, las fuerzas Militares y Policiales en algunos casos han hecho un uso desmedido  de fuerza, que ha facilitado la represión de  disidentes políticos y público en general. Produciéndose  violaciones permanentes de los derechos humanos, y el cometimiento de crímenes de lesa humanidad.

Es en la Conferencia Diplomática de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas realizada el 17 de Julio de 1998 donde se establece un instrumento denominado Estatuto de Roma, el mismo que en su texto define a los crímenes de lesa humanidad en los siguientes términos:

Comprende las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, tortura, violación, prostitución forzada, esterilización forzada y encarcelación o persecución por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos, de orientación sexual u otros definidos expresamente, desaparición forzada, secuestro o cualquier acto inhumano que cause graves sufrimientos o atente contra la salud mental o física de quien los sufre, siempre que dichas conductas se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque.[1]

En todos los gobiernos dictatoriales  se han podido identificar  acciones  violatorias de los derechos humanos y crímenes que han tenido un mayor impacto en las personas de  género femenino, sin que esto signifique que el daño causado a los individuos de género masculino sean menos significantes o dolorosos.

Es necesario tener claro que la dictadura es una manifestación determinante del dominio patriarcal y machista, lo cual es relativamente fácil de comprobar. Buscando en la Historia de todos los países del mundo, sólo se logra un nombre femenino, y no de una forma totalmente directa. Este el caso de Elena Ceaucescu, política rumana que ocupo el cargo de Viceministra de Rumania, mientras su esposo, Nicolae Ceaucescu, ejercía la Presidencia. Realizando una lectura de los múltiples artículos sobre la dictadura de Rumania podría decir que Elena Ceaucescu fue presentada más bien como Co-dictadora, siendo ésta su condición hasta el día de su ejecución en 1989, luego de un juicio de dos horas que fue transmitido en todo el territorio rumano.

La cicatriz de dolor que han dejado las dictaduras en América Latina ha sido profunda, siendo obligación de las generaciones actuales el recordar los hechos que han marcado toda la historia de la humanidad.

Una de las Dictaduras más criminales que han marcado la historia de la humanidad es la del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, en República Dominicana, donde metódicamente se desarrolló una serie de actos de represión hacia la sociedad, encarcelamiento, violaciones, desapariciones forzadas, y ejecuciones extrajudiciales.

Debemos tener claro que el hecho de que una Dictadura tome ilegalmente una o muchas vidas ya es suficiente para determinar  responsabilidad criminal de la misma, pero no es menos cierto que el número de personas muertas, desaparecidas o que han sufrido la violación de sus derechos  según muchos historiadores, analistas políticos y otros estudiosos nos hacen horrorizar ante esta realidad.

Muchas mujeres se vieron obligadas a vivir en el desamparo y la pobreza ante el encarcelamiento de sus parejas, otras se vieron forzadas a brindar favores sexuales por temor a la muerte personal y la de su núcleo familiar, pero  también no es menos cierto que  existieron mujeres que cambiaron su rol doméstico por uno diferente, mujeres que  iniciaron un camino de capacitación profesional y una lucha abierta para cambiar una realidad social, que no afectaba solamente al género masculino, muy al contrario, el principal daño era impuesto al género femenino. No pueden dejar de ser nombradas las grandes mariposas Mirabal, seudónimo de lucha que tres hermanas dominicanas habían tomado para su frontal activismo contra Trujillo. Las tres, Minerva, Patria y Teresa Mirabal, fueron asesinadas bajo la clandestina banda terrorista organizada por el Dictador. Su muerte, muy al contrario de lo que los estamentos opresores hubieran deseado, se convirtió en bandera de lucha, y es en reconocimiento a su labor, que  la ONU declaro el 25 de noviembre, el día de su muerte, como el Día Internacional de la No Violencia hacia las Mujeres.

Los crímenes no quedaron ahí, pues por motivos racistas se exterminó entre 18.000 a 20000 haitianos, que trabajaban en las azucareras. El motivo: su color de piel. Esta acción nos recuerda a las atrocidades del poder nazi. Siendo en el caso de la Republica Dominicana la consigna del blanqueamiento de la población.

Debemos tener claro que en el mundo han existido diferentes acciones genocidas, que no son otra cosa que todos actos perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente, a un grupo determinado sean por condiciones raciales, étnicas o religiosas.

A esta consigna de blanqueamiento de la población dominicana se unió la resolución de eliminar la oferta de mano de obra barata por parte de los inmigrantes haitianos, que repercutía en la economía de las familias nativas.

Perú, en el periodo comprendido entre los años 1990 y 2000, fue escenario de muchas atrocidades, muchas de ellas dirigidas hacia las mujeres,  donde se estableció la esterilización sistemática de las mujeres indígenas con el pretexto de reducir la tasa de natalidad y la pobreza

Emma Gascó editorialista del Periódico Diagonal del Perú en la publicación del  11 de marzo del 2013 manifiesta lo siguiente:

“Entre 1996 y 1998, más de 300.000 mujeres fueron sometidas a un programa de esterilización forzada durante el régimen de Fujimori”. [2]

A este hecho se han unido otros que ya han sido juzgados  por la justicia peruana. El diario global, El País, en su crónica del 7 de abril del 2009:

Fujimori, de 70 años, estaba acusado por su responsabilidad en las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, que dejaron 25 muertos en 1991 y 1992, y en los secuestros de un periodista y un empresario en 1992. San Martín ha precisado que el grupo militar encubierto Colina, autor material de las matanzas, cometió 50 asesinatos en 15 meses de actividad y que el Gobierno de Fujimori desarrolló una febril actividad para ocultar los hechos una vez que se conocieron.[3]

Continuando el camino hacia el cono sur llegamos a las tierras gauchas donde el fenómeno de la dictadura se repite con una frecuencia alarmante, seis veces durante el siglo XX, lo cual nos permite observar una gran inestabilidad política .

El primer periodo dictatorial de Argentina inicia en 1930 cuando se  produce  un Golpe de Estado liderado por un militar  en servicio pasivo, José Félix Uriburu, concluyendo en 1932. En este régimen ya se observan actitudes represivas hacia los opositores , donde se instauro la utilización de la tortura por parte de instituciones gubernamentales.

Posteriormente se producen otros periodos dictatoriales, como el autodenominado Revolución del 43,  que se da como reacción al gobierno de Ramón Castillo, al que la población argentina había  tildado de fraudulento.

Posteriormente se dieron otros periodos de dictadura, como la  autodenominada Revolución Libertadora que se produce entre los años 1955 a 1958, la dictadura de Guido que va de 1962 a 1963, y la Dictadura de  Onganía, que se autodenomino Revolución Argentina de 1966 a 1973.

A pesar de existir algunos periodos dictatoriales, es la  Dictadura Militar del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional (1976 – 1983) a la que se le considera como dictadura más sangrienta. Nombres como los del Teniente General Jorge Rafael Vileda, Almirante Emilio Eduardo Massera  y Brigadier General Orlando Ramón Agosti, automáticamente son relacionado con muerte, desaparición, y con la desaparición sistemática de niños y recién nacidos. En esta vorágine de torturas crueles e inhumanas se había establecido un procedimiento el cual consideraba el secuestro de los niños recién nacidos de la mujeres que se encontraban detenidas por estar contrarias al régimen dictatorial.

Una vez más la presencia de la mujer marca un cambio radical en las páginas de la historia, pues un grupo valiente de mujeres, muchas de ellas adultas mayores, habían resuelto agruparse y organizarse para buscar y reclamar por sus hijas encarceladas, desaparecidas, seguramente muertas, pero también pedían se ubique a sus nietos, pues sus hijas habían estado embarazadas en el momento de su detención.

Pañales blancos de tela, se convirtieron en pañuelos para las blancas cabezas de las llamadas Abuelas de la Plaza de Mayo, mujeres que con extrema valentía lograron ser escuchadas tanto en Argentina como en el mundo entero.

Otro de los países del cono sur que también fue víctima de la dictadura es la hermana República de Chile, la misma que sufrió un cruel periodo  comprendido entre los años 1973 y 1990, periodo que tiene como representante de gobierno al General Augusto Pinochet y otros militares de alto rango. Las estadísticas de las organizaciones de Derechos Humanos hablan de al menos 28.259 víctimas de prisión política y tortura, 2.298 ejecutados y 1.209 detenidos desaparecidos. Sin embargo algunas Organizaciones de Derechos Humanos chilenas manifiestan que el número podría ser mayor

El convencimiento íntimo, personal,  de que una sola vida perdida de una manera salvaje, ilegal, e inhumana,  no tiene perdón, me lleva a repudiar a todos aquellos que so pretexto de mantener la paz social , se adueñaron de los países ocasionando la perdida de centenares, no, más bien de miles de vidas inocentes, hombres, mujeres, niños, blancos, negros, mestizos o indios  que sencillamente por oponerse a lo que consideraron injusto eran asesinados, torturados, violados.

La posibilidad de estudiar estos trágicos periodos dictatoriales de América Latina, me han conducido a admirar la fuerza y decisión de todas esas mujeres, cuya lucha se enfocó a lograr justicia social, y respeto de los derechos humanos.

[1] Disponible en línea: http://www.un.org/spanish/law/icc/statute/spanish/rome_statute(s).pdf

[2] Disponible en línea:   http://losmovimientoscontraatacan.wordpress.com/2013/03/11/lucha_contra_esterilizaciones_forzadas_fujimori/

[3] Disponible en línea: http://elpais.com/diario/

Top