Indagaciones sobre violencia y género. Construyendo nuevas categorías. Entrevista a Rita Segato

Resumen:

Rita Segato Autora del texto fundacional “Las estructuras elementales de la violencia” nos recibe en su hotel, de paso por Chile, en el centro de Santiago. Ella es Doctora en Antropología, nacida en Argentina y radicada en Brasil. Docente del Departamento de Antropología de la Universidad de Brasilia. La pauta de preguntas que habíamos pacientemente construido no fue necesaria pues las reflexiones de esta investigadora fluyeron y siguieron su propia ruta de sugerentes elaboraciones teóricas en proceso. La extensa conversación sostenida fue iluminadora en muchos aspectos. Decidimos entonces publicar el texto prácticamente en su totalidad y es un honor para Al sur de Todo contar con esta entrevista exclusiva.

Celeste Pérez Álvarez: Chile

Anatomía Masculina del Discurso. La Mirada del Padre 

El género produce violencia, el género de la forma en que lo conocemos, de la forma patriarcal, de lo que llamo en mi libro de la “prehistoria patriarcal de la humanidad” que todavía no hemos atravesado totalmente. La humanidad no salió de su prehistoria. Porque a pesar de que hay innumerables experimentos actuales -no solamente actuales- la humanidad siempre hizo experimentos para ver cómo los individuos particulares y pequeños grupos podían salir de este calabozo patriarcal, pero hasta ahora, digamos, esa máquina, un dispositivo, también podríamos usar ese término, que está fuera y dentro de nosotros y que nos aprisiona y en última instancia determina nuestras acciones, dirige nuestros deseos, y es muy difícil evitar estas determinaciones, estas fuerzas, estas tendencias que imprimen en nosotros esta máquina patriarcal.

A pesar de todos estos experimentos e intentos de desconstruir este artefacto, de abrir, de desmontar este artefacto, yo no creo que haya sido desmontado todavía. Y este artefacto, el lugar donde se inocula dentro de nosotros y nos aprisiona, es en la familia. La familia padrón, es una familia que aunque cada uno de nosotros individualmente tenga una familia diferente, tenga una familia que no corresponde al padrón patriarca, una madre que ve el mundo a través de los ojos de este patriarca y unos niños que aprenden a ver que el discurso, que hay un discurso que vale más aunque sea la madre que siempre este presente, digamos, ella va a hablar en nombre de un padre.

Esa jerarquía de discurso, aún cuando la madre sea que los atraviesa, cuando la madre sea quién enseña las posiciones, que enseña, que educa a los hijos, pero ella siempre en el fondo está hablando en nombre de una autoridad, no habla en nombre propio. Es un fenómeno constatable y al mismo tiempo estructural y al mismo tiempo observable. El discurso que emana de una anatomía masculina, de una anatomía que está asociada a la anatomía del patriarca, este discurso tiene un prestigio, tiene un impacto.

Entonces este mundo jerarquiza gozos, la voz de uno no tiene el mismo valor y el prestigio que la voz del otro; quien autoriza, quien desautoriza y frente a los ojos de quién queremos espejearnos. ¿Cuál es la mirada que espero sobre mí como una mirada que me hace existir? Es la mirada del padre. Aunque este padre no exista en la realidad, esté ausente, pero digamos, lo vemos constantemente en cualquier escena social. La búsqueda de una mirada que nos diga: “sí existís” que dé a uno el título, el estatus de existente, y esa es una mirada patriarcal. Eso es violento ¿por qué? Porque esto distribuye un valor diferencial entre los sujetos, no somos todos iguales.

Escenas de la vida Patriarcal. Mujeres Bajo Sospecha

Uno ve una escena dónde hay varias personas, hombres y mujeres, siempre se busca aquél que parece ser una autoridad, no sabemos si es o no es. O sea, que tiene cuerpo de hombre, que tiene aspecto de europeo, que además de hombre es un rubio alto y con aspecto de ser alemán, a él miramos porque en él ubicamos o en él apostamos que será la mirada que valorizará y dará repercusión a lo que estamos diciendo. Eso para mí es un evaluador de quien tiene ética feminista o no tiene. Voy a un lugar, las mujeres que se dirigen a las otras mujeres y hay muchas veces mujeres que no se…, en un universo de hombres, mujeres que se dirigen a los hombres que estén. Entonces, este es un mundo desigual, un mundo jerárquico.

A este proceso de construcción de la autoridad y del poder y del prestigio, yo lo asocio a un gesto de usurpación, alguien tiene que estar usurpado, no existe poder sin despoder. Por eso jamás uso la palabra empoderamiento, la detesto. Porque cuando alguien se empodera es porque alguien se desempodera. Empoderarse no es pacífico, empoderarse es conflictivo, es expropiar a otro de su poder. No existirá nunca un mundo de poderes iguales. Hablar de poder es ya en el léxico introducir la idea de jerarquía, de poder “sobre” y retirar la horizontalidad. Yo creo que nosotras las mujeres feministas y los hombres feministas -que hay cada vez más- tenemos que producir un mundo de horizontalidad. No es fácil. No significa que alguien no tenga sus méritos o no tenga más conocimiento que otra persona. Una autoridad basada en el conocimiento es otra cosa, o sea, que no merezca un respecto por la edad, yo creo en la edad. Creo que las personas que tenemos más edad tenemos que hacernos cargo de la edad que tenemos. Pero que no significa eso que se pierda la perspectiva de la horizontación. El esfuerzo por horizontalizar tiene que ser un esfuerzo permanente y es parte de una ética feminista. Hay muchas personas que se dicen feministas, inclusive, no practican la horizontalización.

Entonces este mundo, esto es un artefacto que cuando no consigue reproducirse, cuando las personas no consiguen reproducirse en sus posiciones dentro de esta escena, y también para reproducirse en sus posiciones, para producirse, para conservar la posición de quién recibe de los otros el tributo que le confiere autoridad que es al sujeto masculino. Llamamos masculinidad, sujeto masculino, posición de masculinidad y posición de poder son en el mismo lugar en la estructura, en una economía simbólica, son el mismo lugar de la economía simbólica: el masculino, el empoderado y el que tiene, el que ocupa una posición que exacciona un tributo con relación a sí mismo que lo reconstruye constantemente en esta posición. Eso es violencia pura, es una violencia moral permanente, una violencia psicológica permanente, es una violencia que no necesita, que el último recurso es la violencia física. Y lo menos frecuente, aunque nos parece que es muy, muy frecuente, pero de hecho lo que reproduce el mundo jerárquicamente como él es, es una violencia moral que es como el aire que respiramos, permanente.

Nosotras mujeres estamos siempre bajo sospecha, siempre recaen las sospechas sobre nosotras, como sobre los negros también. Por poner un pie en la calle, ya estamos, somos seres peligrosos, nuestras intenciones son dudosas, esto es violencia. Siempre contamos con que además de vivir, tenemos constantemente que deshacer una sospecha que se arma sobre nosotros diariamente. Es impresionante, entonces, esa sospecha de la cual constantemente tenemos que librarnos, es violencia moral, pura, permanente, constante. Como digo en mi libro, la argamasa del mundo. Lo que prende las posiciones en su lugar es ese sentimiento de que siempre nosotras tenemos que explicar nuestra conducta o deshacer la mirada que nos penaliza o mostrarnos morales constantemente siempre es un esfuerzo que hacemos casi sin percibir. Entonces lo que mantiene el  tener que dar, rendir cuentas constantemente sobre nuestra moralidad, nuestras intenciones, es lo que mantiene el mundo en su lugar.

El Camino del Patriarca

La violencia moral para mí es lo más generalizado. Cuando esto falla, ahí irrumpe la violencia física, que es restauradora del orden. Cuando este orden está de alguna manera en riesgo, cuando está un poco amenazado por diversas razones, ahí irrumpe la violencia física, que nos coloca en nuestro lugar, por ejemplo, lo que hablamos de la violación. El violador es el más moral de todos los seres. Varias autoras dicen eso, yo también digo eso y también creí escucharlo entre los presos que entrevistamos con mi equipo por años en la cárcel de Brasilia. Es un sujeto moralista al extremo, la mujer violada es una mujer que mereció ser violada, que ya no es moral, una mujer que es violable por su falta de moralidad. Es impresionante esta autojustificación de los violadores.

Entonces, este paquete que llamamos de masculinidad, se ocupa de esa posición y que es una posición que ya estaba en la escena familiar, cuando el sujeto surge en la escena familiar él va a aprender que hay un tipo de anatomía de la cual es emitido, una anatomía que emite un discurso con gran valor, con gran prestigio y bueno, viene todo lo que los psicólogos llaman la identificación secundaria, después del Edipo, el sujeto se vuelve un sujeto autónomo, escindido, un poco de Lacan para explicar, para mostrar, para hablar de eso y tendrá que partir por una identificación secundaria. Estoy hablando de la norma, después hay infinitas maneras de realizar eso, cada individuo encuentra su solución en esa escena, que son muy diversas, estoy hablando de la presión por el patrón, por la norma. Entonces en la identificación secundaria, el sujeto, el niño que surgió ahora como sujeto social va a elegir con cuales anatomías en esa escena él se ha identificado. El niño va a ser presionado para seguir el camino del patriarca y la niña va a ser presionada para seguir el camino de la identidad con la madre, son presiones sociales que están en la casa, en la escuela, en los vecindarios, en todas partes. Él va a tener que partir por el camino de la masculinidad y formarse en las escuelas de iniciación tribales, Nueva Guinea, África, en el nuevo mundo, va a tener que formarse en la escuela de los hombres. En nuestro mundo, la modernidad parece es mucho más informal, pero también existe, a toda escuela se llega a que tengas que probarte hombre. Y probarte como portador de este paquete de las cinco potencias, que son el atributo de la masculinidad: potencia bélica, la potencia sexual, la potencia política, la potencia económica y la potencia intelectual, son intercambiables.

En realidad, el mundo lo percibimos en la figura del patriarca, es una especie del gran entreverado de estos cinco tipos de potencias, a veces falta una, pero otra la sustituye. Es un ser potente, un ser con poder. ¿Quién le dice? ¿Quién lo titula? Son sus pares, los otros hombres que lo admiten en el club, esto tiene una estructura de club, de cofradía, de hermandad. Por lo mismo también tiene la misma estructura de las mafias. Esto es la estructura de la masculinidad. Ahora, para que él pueda titularse frente a los ojos de los otros hombres, él tiene que extraer eso que llamo un “tributo como exacción del impuesto”. Es la mujer, es en las mujeres, en el acceso al cuerpo femenino como un territorio, es en el acceso al cuerpo femenino que él va a mostrar, exhibir, digamos, es portador, que tiene estos cinco atributos de potencia. Conquistar. Es la palabra conquista del vernáculo. La palabra conquista es una palabra exacta.

Los antropólogos sabemos que es necesario oír y registrar atentamente cómo la gente habla, qué palabras usa, la palabra conquista, la palabra exacta, la conquista amorosa, la subordinación del territorio-cuerpo de la mujer que va a darle al hombre la masculinidad, va a exhibir en él que él tiene realmente los atributos de la masculinidad, el paquete de potencias que son la masculinidad. Eso ahí es una máquina violenta porque en el hombre se confunden la persona, la persona humana, el sujeto humano, con el sujeto masculino y todo lo presiona para que él no pueda percibir que si pierde el paquete, que si pierde la titulación de masculinidad, o sea, el título de masculino, él no se acaba como persona humana. En el hombre todo presiona para que él no pueda percibir que su persona no está supeditada y condicionada a exhibir las características y muy pocos, ahora cada vez más, toda la generación por ejemplo de mis alumnos, de los que hoy tienen hasta cuarenta años, es una generación que está intentado salir de esa posición, moverse. No todo el mundo, algunos, estoy hablando de un feminismo de los jóvenes que está naciendo y que crece en número. Hay una gran discusión desde el feminismo que si debemos aceptar la presencia de los hombres en los encuentros feministas, yo creo que sí, porque hay muchas mujeres que están en los encuentros feministas que no son feministas. Es una discusión, pero en esta generación que tiene entre 30 y 40 años hay jóvenes que están buscando una manera de salir de este lugar, que han comprendido que se puede salir de este lugar sin perder el carácter de humanidad.

La mayor parte de los hombres está totalmente condicionado a pensar que si se mueven de este lugar de la masculinidad, pierden también la humanidad, hay un compromiso total de la humanidad por la masculinidad en el género masculino. Entonces es un gran problema, porque el hombre siente, el hombre padrón, que si él pierde, que si él deja de probarse hombre, si él deja… se vuelve incapaz de extraer ese tributo que confirma su paquete de potencias, él morirá como ser social, significa una muerte social. Es muy pesado para el hombre, es tremendo ser hombre. Si nosotras mujeres pensamos que sufrimos, yo creo que los hombres, como hombre debe ser tremendo, todo el tiempo, probar y probar y reciclar.

La masculinidad es un título casi como un título de nobleza o de estudios, un título adquirido, lo que se pierde, lo que se gana, lo que se adquiere mediante probación, tiene que ser siempre cíclicamente reconfirmado, si no, se pierde, hay riesgos de pérdida y esto como dije, compromete toda la humanidad. Las personas se suicidan perdiendo este carácter, esta posición. Entonces para ese reciclamiento a veces hay situaciones que dejan al hombre en una situación muy vulnerable, que son dos cosas. En la vida adulta, cuando la persona por alguna razón pierde potencia económica, política, intelectual, cuando está empeorada, arañada la virilidad ¿Que implica todo eso? que es sociosexual, digamos así. En el conjunto de…. no existe sola la potencia sexual, es sociosexual que es la masculinidad. Ahí él puede en una situación que llamamos emasculación. El puede intentar obtener por la violencia, lo que no consigue obtener por la vía de la violencia estructural, de  la violencia simbólica y moral que es lo normal, digamos. Esta violencia moral, simbólica, como dije, como el aire que respiramos, es la normalidad del mundo jerárquico. Cuando esto, de alguna manera, por alguna razón, está en riesgo, está en una situación de inestabilidad, ahí el hombre apela en situación de virilidad emasculada, él puede apelar a la violencia física, pero los jóvenes sobre todo: las violaciones, las agresiones sexuales son mucho una característica de quién todavía no ha adquirido la virilidad plena. Gangues, patotas, jóvenes, que son más violentos contra el cuerpo de las mujeres, las maras son características de eso. Esta cofradía tiene también un carácter, es una estructura muy parecida a las mafias.

La Cofradía, el Eje de los Mandatos de la Violencia

La gran crítica feminista a los estudios de violencia, es esa crítica del solipsismo del hombre violento, de que él es un ser desviante, un ser solitario, que porque “tienen algún tipo de locura” o porque “tiene una vocación para el crimen individual” produce violaciones y violencia sexual. Un desvío individual. El feminismo critica eso y dice que no es así, la violencia sexual es estructural del género. La violación es un evento, es un aspecto de nuestro imaginario plenamente compartido y comprendido por la sociedad, ¿no es cierto? y por todas las sociedades. Aunque hay sociedades que tienen poquísimos, o sea, una generación entera a veces no ve un caso y otras que tienen una frecuencia diaria de este tipo de crimen, los mayores son Estados Unidos, Australia y sobretodo y más que nada, África del Sur. Son países que también son muy racistas, que tienen una perspectiva del mundo muy marcada por el racismo. Estos países también son países de altísima frecuencia de violación. Siempre se habla de esto, ahora hay un nuevo estudio sobre África del Sur que es impresionante, 25% de los hombres admiten haber practicado una violación. Es altísimo, un cuarto de la población masculina lo admite. Eso es altísimo. Un cuarto de la población y los que no admiten… Es un nuevo estudio, que acaba de salir. Como todos entendemos de qué se trata y las sociedades, aunque con diferencia, en las sociedades tribales, la violación no es un crimen como entre nosotros, es una ley, es la aplicación de una pena. Se viola a las mujeres en determinadas situaciones como la aplicación de una pena. Es la aplicación de una ley, es curioso. Castigo por haber espiado en la casa de los hombres, haber espiado los rituales de los hombres, estar en el lugar, en la selva, por ejemplo, en un lugar salvaje sin una determinada prenda que diga que pertenece a un determinado clan, que está bajo la tutela de un padre o hermanos, esa mujer es expuesta a la violación colectiva y esa es la ley. En nuestro mundo, supuestamente, la violación es un crimen. Pero cuando arañamos la superficie de lo que dicen los violadores, percibimos que también en su mentalidad, en su imaginario, es también la aplicación de una pena. Se modificó la ley, pero no se modificó la costumbre, no se modificaron los paisajes mentales de los hombres y por eso el violador dice que violó la mujer porque ella lo merecía. Este discurso es constante, es decir, que él también está aplicando una pena en su imaginación, en la manera en que él, en su ecuación mental quiere decir, que él es más tribal en este aspecto digamos, de la costumbre en las sociedades premodernas, permanece la modernidad.

Entonces, lo que yo agrego es lo siguiente y es debatido y es debatible. Para todos los estudios sobre feminicidio, estudios de violencia feministas, la relación central en una violación es la de una agresión sexual. Agrego dos cosas. Primero, discuto y coloco bajo un signo de interrogación que cuando ocurre una agresión sexual, la relación principal sea entre el violador, entre el agresor y la agredida. Este es uno de los ejes. Pero hay otro eje que tiene la misma importancia, quizás en algunas situaciones, por ejemplo en el caso de los jóvenes, de los hombres no adultos que están queriendo conquistar la masculinidad, acceder a la masculinidad.

Imaginemos un joven que todavía no se ha casado, en muchas sociedades solo es adulto quién ya se casó. Yo creo que eso es una buena definición. Este, que vale quizás para todas, aunque en algunas es mucho más formalizada la adquisición última del estatus de hombre adulto es con el ritual de casamiento, pero creo que esta vale, podríamos extenderla. Entonces, en la clase joven, en la acción de jóvenes es más fuerte esto todavía. Pero digamos, en todas, el eje de la relación entre pares es tan importante. Cuando yo comento este acto de agresión o de apropiación por la fuerza de un territorio o cuerpo de mujer – o cuerpo de hombre feminizado, es lo mismo, en esta economía simbólica es igual – cuando cometo este acto, el eje victimador-víctima es importante, pero el eje victimador-sus pares, los otros miembros de la cofradía, es tan importante o puede llegar a ser más importante que el eje de relación con la víctima. Esto es lo que yo le agrego al modelo feminista. El modelo feminista es un modelo, la agresión sexual es de dominio público, o sea, ocurre de una forma social.

Los otros hombres, los hombres que esperan de este hombre una capacidad violenta, una capacidad apropiadora, expropiadora, la capacidad de retirar ese tributo y lo presiona en esta dirección. Porque será ante ellos que hacen este acto, aunque estén presentes físicamente y que están muchas veces. Es un gran momento en los estudios sobre violación, un momento fundamental, cuando se descubre, algo que se descubrió en el campo analítico, en el campo científico, pero nunca pasa al sentido común, los medios jamás lo atraviesan a la población en general, que es, que más del 50 por ciento de las violaciones son realizadas en grupo, no es un violador individual, si no en gangues, en patotas, en maras, en conjuntos, en estas situaciones están en cuerpo presente, pero aún si no están presente, están presentes en sombras, en el paisaje mental de este sujeto expropiador. Se encuentran estos interlocutores, este campo de la masculinidad, este eje de mis otros significativos, que me van a decir, que están conmigo y que me refuerzan y que me incitan y me dan –lo que llamo en mi libro- el mandato de violación. Eso es una cosa que yo sumo, agrego a la teoría y la segunda cosa que agrego a la teoría es que es muy equívoco, nos obscurece la comprensión hablar de crímenes sexuales, ¿por qué? Porque el crimen se realiza por medio sexual. Pero en realidad, la agresión es una agresión, cuando hablamos de crímenes sexuales, ello nos lleva a olvidarnos que estamos hablando de crímenes de tortura, estamos hablando de un crimen de crueldad, malos tratos, tratamiento inhumano, estamos hablando de agresión física a veces letal o con daños definitivos, y al llamarlo sexual, todo ello queda minimizado y parece que lo único que hay ahí es la extracción de un gozo, de un placer sexual, lo que es falso, todos nuestros entrevistados negaron eso. O sea, que lo que se obtiene en una violación es un gozo de orden sexual. Se obtiene un gozo de orden de la dominación, del orden del poderío, del dominio, de la conquista, el avance sobre un territorio que es el cuerpo de la mujer y a través de avanzar sobre ese territorio que es el cuerpo de una mujer, agredir a los hombres que supuestamente deberían tener tutela y estar, ser capaces de proteger, ejercer una protección sobre este territorio-cuerpo. Es una agresión. Este esquema, esta célula, esta estructura mínima a la que estoy haciendo referencia nos permite pasar a Ciudad Juárez y a todas las escenas contemporáneas que son como Ciudad Juárez.

Vamos a recapitular. No es un acto solitario, es un acto de que la sociedad toda sabe,  participa de alguna manera, porque produce y reproduce la estructura que produce este acto. Dos, es un acto dónde hay dos ejes no solo un eje, no está solamente el eje del agresor y la agredida, sino que está el eje del agresor y sus pares. Tercero, la agresión es sexual, pero no tiene como motivación la sexualidad, que es mucho más amplia que tiene muchas más formas, no tiene como motivación la satisfacción sexual, sino tiene como finalidad la satisfacción en el orden del poder, de la dominación y de la guerra. Y esa agresión es hecha al cuerpo de la mujer agredida y también a los hombres que están detrás de ella en el imaginario del agresor. Hay una relación, una comunicación a través de este cuerpo, una comunicación guerrera de afrenta, de dominación a los hombres, que en el imaginario del agresor se encuentran por detrás y como protectores, como aquellos que deberían tener la capacidad de tutela sobre este cuerpo que ha sido apropiado. Entonces es una estructura mucho más compleja de lo que se percibe normalmente.

Geopolítica de la Violencia, La Dificultad de Nombrar

El problema con México es que se mafializó completamente, entonces hay un periodista mexicano que se llama Sergio González, que escribió un libro sobre Ciudad Juárez, que se llama “Huesos en el Desierto” y él acaba de escribir hace mes y medio más o menos, una nota en un periódico, él escribió una columna en La Jornada dónde dice que el problema, lo que no se atacó, lo que no se resolvió en Ciudad Juárez ahora pasó para todo México. México está en una situación de mafialización muy grande en todo el país. Eso que estaba en un lugar bastante localizado: Ciudad Juárez, Chihuahua, parece que son prácticas que se están extendiendo a todo México.

Pero este crimen de forma difusa existe en todo lugar, ¿qué es ese crimen? Ahí vienen las definiciones. En mi ensayo y en otro que estoy escribiendo muy lentamente, ya he hablado mucho más y no estoy consiguiendo avanzar, el año pasado me la pasé hablando sobre este tema y no conseguí escribir el ensayo, tengo una cantidad de papeles encima de mí y no consigo parar para escribirlo, porque necesitamos una nueva categoría. Estas categorías que voy a hablar ahora son completamente tentativas.

Tenemos una violencia de género que es una violencia sexual entre comillas, que es doméstica, que digamos la más común, la más conocida y de la que se habla más en el momento del presente sobre todo en nuestros países de la América del Sur. La violencia sexual en el espacio público, pero que podríamos llamarle también crímenes comunes de género. Es difícil poner esos nombres, mi dificultad con el ensayo escrito es porque no avancé todavía en los nombres más perfectos. Y tenemos un tercer tipo de violencia que podríamos llamar crímenes públicos de género o crímenes bélicos de género, que se dan en contextos bélicos, pero que necesitan de nuevas definiciones de la guerra.

En nuestros países también cometemos un error, porque los crímenes bélicos-sexuales, por ejemplo, en esos períodos, todo es complicado… todas las palabras, todas las expresiones, todas las categorías están bajo un signo de interrogación, por ejemplo, yo iba a decir ahora, “en los períodos de estado autoritario”. Y me corrijo porque nuestros estados, mirados desde la perspectiva de las elites, fueron autoritarios durante los gobiernos militares. Es verdad, nadie va a negar esto que tuvimos golpes de estado, gobiernos militares que perpetraron crímenes de estado contra la población. Pero mirándolo desde otro ángulo si somos y vivimos en la familia Mancachán, Callampas, si vivimos en la pobreza, somos no blancos en nuestras sociedades, sea lo que sea ser no blanco dentro de cada una de nuestras sociedades, ¿cierto? porque un blanco brasileño posiblemente venga a Chile y aquí no sea blanco, o sea, como leemos las razas, las lecturas raciales, eso varía cruzando frontera entre naciones y regiones. Si somos no blancos dentro del espacio y de la escena en que estamos actuando y que somos pobres, vamos a tener un percepción de que el Estado sigue siendo autoritario porque en nuestros países -de Chile sé muy poco- pero de Argentina, de Brasil y de otros países de la América Latina, la letalidad policial, por ejemplo en Brasil, el número de ejecuciones extrajudiciales que la policía comete entre los pobres y no blancos, es tan alta. La tortura en las cárceles, la tortura en las comisarías de policía, la tortura ilegal en manos de la policía, siempre impune, es tan frecuente hoy como en la época de la dictadura militar, solo que en la época de la dictadura militar afectó a las clases, a nuestra clase, a la clase media, a la clase letrada y hoy en Brasil, que es uno de los países con mayor letalidad del mundo, es posible quizás que en Brasil, la letalidad policial, la tortura a manos de la policía y de los agentes del estado y las ejecuciones extrajudiciales a manos de agentes que representan el estado, sean más numerosas hoy que en la época de la dictadura en Brasil. Entonces hasta cuando hablamos de Estado autoritario, quedamos sin categoría, porque… debemos revisarla también.

Ahí tengo un estudiante que acaba de escribir una tesis maravillosa, criticando la visión excepcionalista del Estado autoritario, como si el Estado autoritario solamente fue en Brasil en la dictadura militar y en la época de Vargas y diciendo que para los pobres el estado autoritario continua por causa de la letalidad policial, continua en el presente y se ha acentuado. Pero sus víctimas son víctimas matables. Esta es una categoría de Agamben bien interesante, él es un benjaminiano, pero son gente que si en las dictaduras militares fueron matables los disidentes políticos, hoy son matables los pobres y no blancos.

En la época de las dictaduras militares, de los crímenes de estado contra los disidentes, hubo y hay grupos ahora, en Argentina, por ejemplo, hay un grupo importante, en Brasil está surgiendo y que están estudiando cómo el autoritarismo estatal, los crímenes de estado, afectaron a las mujeres, agredieron a las mujeres de una forma diferente a como agredieron a los hombres.

Entonces sí tuvimos crímenes públicos, de orden sexual, crímenes sexuales públicos, que estoy llamando públicos, de lo que estoy llamando públicos, crímenes sexuales comunes, es debatible la categoría, pero hay ahí una separación que es necesaria hacerla, vamos a usar palabras que no son definitivas, que son palabras provisorias, no son palabras muy buenas, muy adecuadas, pero que son palabras que nos permiten hacer una gran separación, que es necesario hacer, entre los crímenes sexuales comunes que son entre personas conocidas, dentro del ámbito doméstico, laboral o a veces vecinal, pero que digamos que lleva a la agresión sexual, al abuso sexual a la violación entre personas que tienen una vinculación de algún tipo, que mantienen algún tipo de relación, son conocidas, que se relacionan en estos ámbitos: doméstico, vecinal o laboral o escolar.

La violencia común anónima, que son las violaciones de los seriales o de las gangues, patotas, casuales en las calles y los crímenes sexuales de orden público en una situación bélica, de un tipo de guerra no convencional, ¿Cómo son los crímenes de Estado cuando ellos afectan el cuerpo de las mujeres? Las presas políticas… ¿ellas pasaron por lo mismo por lo que pasaron los hombres, los presos políticos, o pasaron por cosas específicas? ahora estamos empezando a hablar de eso. Hay diversos tipos de escenas bélicas no convencionales. ¿Qué es la escena bélica convencional? La guerra entre dos naciones, dos ejércitos, cada uno con su uniforme, su bandera, en fin, Segunda Guerra Mundial. Guerras no convencionales, muchos casos: mafiosas, de maras, pero que en situaciones estables bélicas entre maras, no una gangue, una patota que sale a la rúa a hacer sus estragos y probarse hombres entre sí, no: hay una estructura de grupos armados, las maras son grupos armados, en Ciudad Juárez son grupos armados. En el Congo, las guerras tribales por el coltán, por el mineral que va dentro de las comunicaciones a distancia de los celulares, es una guerra tribal. La penalización de los cuerpos de las mujeres en Congo es impresionante. Son tipos de guerras nuevas, no convencionales, que no son entre ejércitos uniformados, es un crimen público de guerra sexual. Donde la mujer ahí sufre un tipo de crueldad que es nueva también en la faz del planeta. Siempre en las guerras, hasta la Segunda Guerra Mundial, en la historia mundial, de las guerras tribales hasta las guerras modernas, siempre vimos que el territorio se conquista y como parte de este territorio se anexa el cuerpo de sus mujeres, que son violadas, que son inseminadas, o sea, así como se anexa a un territorio, se anexa el cuerpo de las mujeres de los vencidos, en esta relación simbólica entre cuerpo femenino y territorio, muy estrecha. Lo que estamos viendo ahora es algo que no lo voy a escribir nunca, hace una año que vengo hablando, hablando, hablando, hablando, alguien lo va a escribir por mí, que pena.

Se está perpetrando crímenes de destrucción y tortura con gran saña contra el cuerpo de la mujer. Sea ésta una mujer del campo enemigo o sea ésta cualquier mujer encontrada en la calle en una situación en que están dadas las relaciones como para agredir el cuerpo de la mujer de esa forma, esta crueldad destructiva, ensañada, de tortura, de tortura prolongada y terrible, innominable contra el cuerpo de la mujer, yo diría que es un fenómeno nuevo, que para mí, tendría que parar un tiempo para adelantarlo como lo estoy pensando, es un insight que tengo, eso tiene que ver con una nueva relación final con la naturaleza. Con una relación en que a la naturaleza se le extraen sus últimas riquezas…, es parte de un imaginario absolutamente contemporáneo de final de los tiempos, en que la naturaleza está para extraerle lo último que tiene para darle. Me parece que la relación que mantienen estos grupos armados dentro de guerras no convencionales con el cuerpo de la mujer tiene que ver con esta fase final de la extracción de lo que el territorio tiene para dar en sus últimas consecuencias. Es un insight, tengo que escribir todos los elementos, pero creo que eso es constatable.

Hoy una mujer en Ciudad Juárez, posiblemente con días de cautiverio, con días de tortura, de quemaduras, varios cortes, de golpes, ¿qué es eso? ¿Por qué se necesita torturar hasta el final, hasta la muerte un cuerpo de una mujer? Eso es raro, no es el mismo fenómeno anterior, que era la apropiación, la inseminación, la anexión de este cuerpo. Es la destrucción con saña de este cuerpo. Y esto lo estamos viendo en Congo, en Ciudad Juárez, es como la demolición. Es la violencia en el grado último sobre este territorio cuerpo-mujer. Entonces ¿por qué esto es un método eficaz? Es un método eficaz porque, siempre fue, eso en la historia larga de la especie, dónde la historia del género se confunde con el tiempo de la especie, siempre el acceso sexual al cuerpo de las mujeres fue la demolición moral del hombre, es un método absolutamente eficiente de afirmar la derrota del enemigo.

En mi texto Ciudad Juárez, yo digo y lo creo, que tú puedes exterminar una nación y no vencerla, solo se vence al pueblo, solo un pueblo vence a otro cuando lo vence moralmente, en la agresión sexual, el acceso sexual es una derrota moral del enemigo. Digamos así, en los enfrentamientos entre los ejércitos uniformados, con sus banderas, el signo de las naciones en conflicto, no era necesario, la derrota del vencido quedaba simbolizada de varias formas, hoy con las guerras difusas, la derrota del vencido, la victoria del vencedor y la derrota del vencido es muy difícil establecerla, porque en la guerra difusa no hay convenciones. Entonces en esta nueva relación de lucha, el cuerpo de las mujeres pasa a ser el lugar, donde se coloca, se planta, se incrusta la bandera del vencedor, simboliza la absoluta derrota y desmoralización del enemigo. Inclusive por la falta de convencionalización de estas guerras no hay otras formalidades.

La derrota de Japón a EEUU del Imperador Hirohito, cuando termina la Segunda Guerra Mundial, es un ritual impresionante, en el que se rinde el emperador, estos rituales de las guerras convencionales, que establecen que hay un vencedor y un perdedor. Cuando no hay eso, se establecen otras formas de simbolizar la victoria y la derrota y es todo, el cuerpo de la mujer parece, me parece a mí que está siendo ese lugar, ese espacio, ese espacio-territorio dónde se afirma la derrota, y siempre provisoria, porque como no son guerras formales, nunca es definitiva, es siempre inestable esa victoria. Entonces estamos diciendo: ¿eso qué es? Es un discurso, la manera en que se enuncia un momento de victoria, de supremacía, de dominación de uno de los grupos en conflicto sobre otro. Entonces eso se ha instalado como un lenguaje comprensible y que forma parte del imaginario socialmente compartido.

Por ejemplo, estaba hablando sobre este tema en un taller a un grupo de indígenas de Brasil. Ahí dice una de ellas, levantó la mano: “profesora, entonces podríamos decir que un crimen que sucedió en un conflicto que hubo muy terrible entre el Estado brasileño, los blancos brasileros, contra un pueblo indígena llamado Cinta Larga en Mato Grosso. Que fue un conflicto que hizo muchas víctimas. En un determinado momento, los blancos toman un cuerpo, una mujer presa, una mujer india, la capturan y la cortan por la mitad, dividen su cuerpo en dos”. Mira, la indígena me dijo: “esto es, esto es”. Es exactamente. Fue el único caso, la única persona, un único individuo, una única mujer sufre este tipo de acción. Pero, ¿ven que el mismo contenido está asociado? Entonces eso que es frecuente en Ciudad Juárez, que es frecuente en Guatemala, en El Salvador, de esos crímenes de maras, de mafias, tribales o que son frecuentes en los crímenes de Estado.

En Colombia ahora están intentando entender qué pasó con los cuerpos de las mujeres que están enterradas en las fosas comunes, tanto de los paramilitares como de las FARC, qué pasó con esos cuerpos de mujeres, crímenes de estado, para-estados. En este caso del conflicto. Blancos-Cinta Larga, una única mujer, pero emerge este mismo tipo de comportamiento: Cortar una mujer, una persona, por la mitad es un acto de crueldad extrema… un caso solo, pero también está ahí la simbolización. Quiere decir que esto está contenido de alguna manera en la historia del género, el género permite llegar ahí. Ahora cuándo se instala como lenguaje, lo que quiero decir es que, cuando estas formas de simbolización en un medio de gran incerteza simbólica, como son las guerras no convencionales, cuando eso se instala como lenguaje, se automatiza como lenguaje. Muy difícil retirarlo de ahí, porque el lenguaje tiene la característica del automatismo: no paramos para pensar cómo vamos a decir las cosas, simplemente se dice así. Este es el peligro, eso cuando una de las violentológas colombianas, María Victoria Uribe, me dijo: “es muy delicado lo que estás diciendo, estás diciendo que esto es un lenguaje, el lenguaje se reproduce automáticamente (…)” Bueno, yo creo que es lo que pasa con la violencia en Colombia sobretodo. Ahí el lenguaje de la violencia es el lenguaje para decir una cantidad de cosas muy importantes dentro de la nación. Entonces este es un problema muy central con la violencia. Ella puede erigirse en una forma de decir algo, de comunicar algo socialmente.

La mecánica del exterminio. Una nueva Categoría sobre Violencia.

Vamos a usar la expresión de Catherine McKinnon entre comillas, en “Tiempo de Paz”. Ella dice: “¿existe para las mujeres tiempo de paz? No, no existe tiempo de paz”. Entonces, digamos así: eso que estoy llamando crímenes de género comunes -que a la mayor parte de las feministas las escandaliza que yo intente hacer esta diferencia- porque en realidad en todos estos fenómenos, los comunes y los públicos, los domésticos, los callejeros en tiempos de paz entre comillas y los de tiempo de guerras no convencionales, como también los tipos de crímenes de tiempo de guerra convencionales. Todos penalizan una cantidad de mujeres muy grandes.

Como dice el Nobel de la Paz Amartya Sen, él tiene un cálculo de cuantos millones de mujeres faltan en el planeta. Un cálculo muy preciso: cuántas nacen y cuántas no están en ningún lugar. Hay una rejilla por la cual se van cantidades de vida de mujer ¿Por qué? ¿Por qué rejilla se van? La mayor parte del feminismo insiste en que todos los asesinatos de mujeres son un gran genocidio, esto está en el lenguaje común de muchas feministas, de muchas activistas, el hablar de este genocidio que ocurre constantemente. Pero esa noción de genocidio no es, porque ya lo discutí con diversos juristas importantes y comprendí que jamás sería posible llevar a la ONU, a las Naciones Unidas, una propuesta de legislación en derechos humanos que tratara de todos estos asesinatos de mujeres como genocidio. ¿Por qué? Porque el genocidio tiene que tener una dimensión de impersonalidad. La víctimización, la eliminación, el exterminio de cada mujer no puede estar originado en una relación que existe, doméstica, por ejemplo, ni puede estar originado en una característica psicológica. En ninguna dimensión de una situación psíquica del agresor. El genocidio es un crimen basado en normas, prácticas absolutamente definidas políticamente. Prácticas que llevan de una forma racional al exterminio y que tienen que ser impersonales.

La importancia de categorizar y diferenciar claramente los tipos de agresiones contra las mujeres es importante porque si no se confunden las búsquedas policiales, para la investigación. Si ponés todo junto, en el mismo golpe, decimos de noche todos los gatos son pardos, se mezcla todos esto en Ciudad Juárez es clarísimo: la policía y los noticiarios. Los noticiarios mezclan todo, ves el noticiario y está todo mezclado. Un marido violento ha matado su mujer hoy y apareció un cuerpo de mujer. Al mezclar todo esto en un discurso común se dificulta más el percibir los tipos de fenómenos, los tipos de prácticas que están por detrás y con eso, permitís a la policía que no investigue. Categorizar bien, categorizar cada uno, nos permite exigir un mayor detalle y minucia, mayor atención a los detalles en la investigación policial. Al mezclarlo aparece un cuerpo de una mujer absolutamente destruido en medio de la calle, la policía dice: “era…, su esposo era celoso”, ¿qué sé yo?, por eso es muy importante esta separación, para exigirle a la policía también que use categorías diferenciales e investigue cada una con métodos diferentes, buscando otro tipo de evidencias para cada uno de estos crímenes.

Por eso es importante, por eso es que yo he hecho esto, vengo haciendo, estoy intentado escribir este esfuerzo por separar estos crímenes como los de Ciudad Juárez, dónde la persona que es secuestrada y llevada por una mafia a esa posición y lo que se comete sobre ella, es una práctica político-bélica de un segundo estado, de un Estado paralelo. ¿Qué quiere decir? De un conjunto de personas que tiene un poder paraestatal y que se escudan en el estado. El estado jamás… hasta hoy la impunidad continúa, casi una década y media y no hay procesados creíbles que hayan participado realmente en este tipo de crímenes. Todos los que fueron presos, las madres pidieron que los suelten, dijeron: “no son éstos”. Son crímenes del poder, de un poder que está protegido por el Estado, por tanto, podemos decir que son crímenes paraestatales. Y son crímenes que son de una mecánica de exterminio, no hay relación entre la víctima y ninguno de sus victimadores y la relación no es psicológica, sino que es política. Es una forma de gestión de la vida, de la muerte, se administra la muerte por este segundo estado, a mano de este segundo Estado. Eso puede sí llevarnos a la posibilidad de formular un crimen de genocidio, de feminicidio como genocidio, tiene que haber realmente una impersonalidad. Es esta la razón por la que enfatizo esto. Es difícil para las mujeres, para todas las mujeres, aceptar esta separación. Podríamos hablar de genocidio todo lo que queramos, pero formularlo como un crimen de femicidio en una base jurídica internacional, no será posible. Ningún juez va a condenar a un hombre por un delito, como genocidio, va a condenar un Estado porque sus hombres, sus maridos matan mucho a sus mujeres, no, eso creo que nunca podrá suceder.

Top