Ése es trabajo de indias; la actividad ceramista en Cuesta Blanca

Resumen: 

El presente trabajo, explica la relación entre el género y el espacio socioeconómico que ocupa la mujer ceramista pame. Ésta actividad, también muestra la construcción cultural de su identidad genérica y su vínculo con su condición étnica y social. [1]

Palabras claves: Género, subjetividad, identidad, actividad ceramista, espacio público y espacio privado.

 Abstract:

This work explains the link between the gender and social space that pame cermist woman occupies. This activity shows the cultural construction of her gender identity and their social and ethnic condition.

Keywords: Gender, subjectivity, identity, ceramic activity, public space, privaty space.

 Mónica Margarita Segura Jurado: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Maestra en Antropología Social por el Colegio de  San Luis. En el 2007 gana el premio PACMYC para concluir su investigación “La Ruta del Barro”. Es acreedora a la mención honorifica del premio Fray Bernardino de Sahagún, otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en su edición 2008.  En el año 2009 fue aceptada para cursar el doctorado en antropología social en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Correo electrónico: monica_segurajurado@hotmail.com.

Introducción

El presente trabajo tiene como propósito explicar y comprender el vínculo que existe entre la condición de género de la ceramista pame con el lugar que ella ocupa en la organización y estructura social. En él, se analiza la actividad ceramista realizada por estas mujeres como el crisol donde se amalgama su identidad de género, clase y etnia con la subjetividad de ser ceramista. Dicha actividad se relaciona con espacios considerados en la teoría antropológica del género como masculinos[2], razón por la cual, estos se analizan para conocer porque se les permite el acceso y el modo como ellas se los apropian.

Como referencia inicial, se cita que la población mestiza y mezclada[3] que habita en dicha localidad concibe la elaboración de enseres de barro como un “trabajo” propio de “indias”, pues se argumenta que ellas “lo traen en la sangre”. Por su parte, las ceramistas asumen su actividad como la “herencia de los antiguos” y la asocian a un destino que se piensa ineludible y determinado por ser mujer, indígena y pobre.

Para el análisis de la identidad, se ha considerado la propuesta de Barth ([1976] 2002), quien sugiere revisar aquellos aspectos que socialmente son efectivos para establecer una organización social donde los individuos se asumen y son asumidos dentro de una categoría étnica. Para efectuar este análisis considera: a) el grupo étnico como una categoría de adscripción que organiza la interacción social entre individuos de distinta raigambre cultural; b) explora los diferentes procesos que propician la generación y conservación de estos grupos; y c) analiza cuáles son los mecanismos empleados para establecer los límites étnicos y su persistencia.

En lo que respecta a la noción de subjetividad que subyace a la construcción genérica e identitaria, Lagarde (1997a) la define cómo:

“la particular concepción del mundo y de la vida del sujeto; está constituida  por el conjunto de normas, valores, creencias, lenguajes y forma de  aprehender el mundo, conscientes e inconscientes, físicas, intelectuales, afectivas y eróticas” (Lagarde, 1997a: 302).

Martha Lamas (2000) considera que a partir del género se adjudican roles y espacios a ocupar. Las variables que se presentan en las sociedades se deben a particularidades culturales vinculadas a formas de organización social que tiene un origen histórico  relacionado a la condición de clase y etnia. Es importante vislumbrar que:

“al estudiar los sistemas de género aprendemos que no representan la asignación funcional de papeles sociales biológicamente prescritos [aunque la ideología así lo plantee], sino un medio de conceptualización cultural y de organización social” (Lamas, 2000: 32).

En lo que respecta a la definición de espacio público y privado, Celia Amorós (1994) así los define:

“Puede haber una rara excepción, pero son las actividades más aloradas las que configuran o constituyen el espacio público: es el espacio más valorado por ser el de reconocimiento, de lo que se ve, de aquello que está expuesto a la mirada pública, por definición. Es decir, cuando una tarea tiende a hacerse valorar tiende a hacerse pública, tiende a masculinizarse y a hacerse reconocer… Por el contrario, las actividades que se desarrollan en el espacio privado, las actividades femeninas, son las menos valoradas socialmente, fuere cual fuere su contenido, porque éste puede variar, son las que no se

ven ni son objeto de apreciación pública. Es el espacio – por lo tanto – de la indiscernibilidad” (Amorós, 1994: 24-25).

Para Amorós (1994), el espacio privado es el de la indiscernibilidad, pues en él no se da el principio de individuación que se sucede en el espacio público. Explica que “todas [las mujeres] pueden ser muy valoradas de puertas adentro, pero es imposible establecer unas pautas homologables que trasciendan esos límites de lo que no se ve” (Amorós, 1994: 25).

Cuesta Blanca y las singularidades de su población

La localidad de Cuesta Blanca se ubica hacia el suroeste de la cabecera municipal de Tamasopo, en el estado mexicano de San Luis Potosí. Asentada en el lomerío de la Sierra Madre Oriental, posee algunas particularidades que la diferencian de otras localidades pames en derredor. Una de las primeras singularidades es la pluralidad étnica de su población, la cual se compone de indígenas pames, mestizos y mezclados. Es importante señalar la relación entre esta condición y los recursos de los que gozó Cuesta Blanca.

Esta localidad tuvo una gran diversidad de flora, de la cual, por fortuna, aun es posible admirar algunos vetustos encinos aderezados con los siempre renovados lirios y orquídeas silvestres. Junto a esta flora, característica de los bosques templados y fríos, crecen nopales[4] y árboles frutales de plátano y papaya[5]. Este complejo ecosistema implicó lo que fuera una riqueza de flora y fauna que aunada a un buen clima y al acceso a tierras relativamente fértiles[6], en su momento fue el anzuelo que enganchó hace poco más de un siglo a los primeros mestizos que decidieron asentarse en una localidad, que además de ser habitada por “brutos” o “gente sin razón”[7], estaba parcialmente comunicada[8].

La gente “decente” o “de razón” vivía al cobijo de “La Palma”[9], antigua misión franciscana que además de proporcionarles abrigo a los mestizos que la poblaban, les permitía una formación religiosa que correspondía a “verdaderos hijos de Dios”. Para ellos, además de poseer “mayoritariamente” sangre de españoles, el ser “creyente” o “fiel cristiano” denotaba una condición cultural auto percibida como superior frente a la de los “indios”[10]. Éste era el sustento ideológico que fundamentó a “La Palma” como el principal centro político, económico y social durante los siglos subsecuentes al sometimiento de la región por los españoles[11].

Poco después de la Revolución Mexicana de 1910, “La Palma” pierde su posición privilegiada como centro rector. Sin embargo, este hecho no conllevó que desapareciera el estatus socioeconómico y político de los mestizos, pues fueron ellos mismos quienes efectuaron el cambio del centro sociopolítico y económico a la actual cabecera municipal de Tamasopo. Esta estrategia, en parte, se originó por la Revolución, que implicó la recuperación de antiguas tierras para los pames, aunque los mestizos lograron retener las mejores: el “plan” de Tamasopo y a los indígenas dejaron la sierra[12]. El usufructo de estas tierras por parte de los mestizos, se benefició por la creación de una infraestructura ferroviaria que atravesaba estos territorios y que dinamizó las relaciones sociales, económicas y políticas en la región. Pero la creación de las líneas de ferrocarril, requirió de miles de durmientes extraídos de los encinos ubicados en la sierra. La tala inmoderada, además de dejar pingües ganancias a los caciques de la región[13], deforestó las lomas y la serranía de “los indios”. Para cuando se sucedieron estos cambios, aquellos primeros mestizos “venidos a menos” ya habían “echado semilla” en Cuesta Blanca, y comenzaban a atesorar un sólido patrimonio a través de la actividad agropecuaria que impulsaron a su favor, gracias a la introducción del cultivo de caña de azúcar, la cría de ganado vacuno y el comercio de bienes y servicios[14]. Es importante señalar, que la cría de ganado mayor así como el de borregos y/o cabras correspondía de manera exclusiva a los mestizos, y solo a las mujeres de éste grupo cultural les era permitido trasquilar, lavar, pintar, escardar, hilar, tejer y/o bordar con lana (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 16 de agosto 2005). Las mujeres pames, solo podían bordar con algodón y a ellas también correspondía la elaboración de cerámica. De la unión entre la población mestiza y pame nacen los primeros “mezclados” que habitan en Cuesta Blanca. La acumulación de riqueza en manos mestizas y el mestizaje devendrían en una marcada estratificación de clase y etnia de la población.

Como lo ilustrará un anciano pame;  “los de n‟antes dicen que llegaron sin nada [los mestizos] y se tomaron todo, hasta las mejores viejas” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 8 de mayo 2006).

El hombre piensa los problemas de la tierra

Las ceramistas no ocupan ninguno de los espacios de poder relacionados con asuntos agrarios o civiles. En términos generales, las mujeres consideran que para desempeñar estos cargos se requiere mucha “fuerza”, “inteligencia” y “valor”, características que simbólicamente son atribuidas a los hombres. Según sus concepciones, a las mujeres corresponde “pensar y arreglar los asuntos de la casa”, razón por la cual opinan que no deben de “entremeterse” en los “asuntos de los señores”. Entre las ceramistas se observa un fuerte rechazo a cierta mestiza de la localidad, quien es “bien política” y se “entremete” en los problemas agrarios de “La Palma”.  Para ellas, el hecho de que ella opine e intervenga públicamente en asuntos “tan delicados” es una actitud que reviste rasgos de masculinidad no propia de las mujeres que pertenecen al grupo cultural indígena.

Respecto a la participación directa de la mujer en el ámbito agrario, el juez auxiliar del año 2006 explicó:

“…a las mujeres les falta conocimiento [sobre materia agraria y civil], ya ve, somos gente pobre, ignorante, si hay hombres que les falla imagínese una mujer…luego se presenta el problema de ir a Tamasopo, siempre ocurre algo y es doble gasto [la mujer no sale sola de la localidad] y pos lo más importante ¿quién cuida la familia? La mujer tendría doble trabajo; el de aquí y el de la casa” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 12 de mayo de 2006).

En lo que refiere a las formas de organización social vinculadas a la educación oficial, la capilla de la localidad y el centro de salud, se observa que son mujeres quienes en su mayoría, integran la base laboral de los comités. En estos casos, las ceramistas tampoco regulan estas formas de organización emergentes, pues son los hombres quienes ocupan los puestos directivos. En términos generales, los señores arguyen que a sus esposas o compañeras corresponde el cuidado de la familia por estar más capacitadas para “entender” estas problemáticas. Se arguye que ellas son las “encargadas” de asear estos espacios y de “cumplir” con las “juntas” que diversos representantes de gobierno o religiosos realizan.

Sin embargo, este postulado adolece de ser incongruente al no permitir a las mujeres la toma de decisiones importantes. También se observa que las mestizas y mezcladas son las más participativas en estas reuniones, pues se auto perciben como “inteligentes” y explican que “esas mujeres [las indígenas] nomás „tan calladas, esas así son porque no entienden nada, les falta civilización” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 12 de mayo de 2006). Por su parte, las mujeres pames se autocalifican como “tontas” o “ignorantes” para entender la “palabra bonita” del mestizo. Es comprensible este desfase en la comunicación, pues a las barreras culturales se suman las lingüísticas.

En término generales, la participación social y política de la mayoría de los mestizos y mezclados es percibida por los pames como “engañosa”, pues piensan que “[esos] saben medir palabra con tal de siempre ganar” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 12 de mayo de 2006). Por su parte, la mayoría de los mezclados niegan su ascendencia indígena. No desean parecer “tontos”, “indios” o “supersticiosos” frente al mestizo, de quien esperan reconocimiento, de manera especial de la “gente del pueblo”[15]. Un joven mezclado explicaba que si “me hago al lado de los indios, nunca voy [a] salir de jodido” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 9 de mayo de 2006)[16].

Se observa que tanto mestizos, mezclados y pames establecen como máxima autoridad de la familia al padre. Él es el “jefe”, “el que gobierna”. Frente a la población se le reconoce esta autoridad y existen formulas sociales que así lo visibilizan, como el hecho de que las mujeres caminan detrás del marido o compañero y salvo algunas mestizas, no suelen intervenir de manera pública en aquellos espacios citados donde ellos toman decisiones. A pesar de este reconocimiento, el hombre a su vez manifiesta que la mujer “manda en las cosas de la casa”, por ser ella quien administra sus escasos recursos y distribuye el trabajo para su funcionamiento.

En lo que refiere a la división sexual del trabajo, las actividades se asignan a los miembros de la familia según su género y edad. A los hombres corresponden las “tareas pesadas del campo” y a las mujeres, la atención del compañero o esposo y de los hijos, la preparación del alimento, la limpieza de la casa y el cuidado de los cultivos de traspatio y animales de corral[17].Todos estos quehaceres femeninos son pensados como “no pesados” y en este sentido se corresponden con la debilidad atribuida simbólicamente a su cuerpo. Las mujeres también contribuyen a la economía familiar por medio de actividades enfocadas al comercio. Las mestizas y mezcladas suelen vender en las ferias regionales servilletas bordadas para las tortillas; algunas mujeres pames elaboran y comercializan cerámica en la región.

Ése es trabajo de indias

La elaboración de cerámica requiere por parte de la ceramista experiencia y tiempo. Esta última condicionante, implica distribuir el “quehacer” entre las mujeres de la unidad doméstica. Dicha acción, suele realizarla la abuela o mujer mayor, quien también es  conocida, como “la jefa”. A las jóvenes madres suele encomendarse el cuidado en  alimentación y limpieza de los miembros de la familia. Es común que las mujeres en estas condiciones expresen que se dedicarán a la elaboración de alfarería cuando su señor e hijos no requieran de manera tan apremiante de su atención[18]. Las mujeres que han superado la edad reproductiva son quienes se dedican a dicha actividad.

Por su parte, las mestizas y mezcladas consideran que la elaboración de cerámica es “trabajo de indias”. Opinan que ellas lo realizan porque sus cuerpos son “fuertes”, ya que la elaboración de alfarería es una actividad “pesada” y que requiere mucho esfuerzo físico.

Ninguna mestiza o mezclada muestra interés por aprender a elaborar artefactos de arcilla, pues además de lo expuesto, se arguye que las mujeres pames “ya lo traen en la sangre”, condición por la cual se piensa como una actividad impropia (e incluso denigrante) para ellas.

Al respecto, las ceramistas piensan que las mestizas y mezcladas de la población no hacen cerámica porque sus cuerpos son “débiles” y “cuidan mucho su apariencia, no les gusta sudar, no huelen feo, esas no son tan sufridas como uno. Nosotras somos indias, pobres, tenemos que [elaborar y comercializar cerámica] para ayudar con [el sostenimiento de] la familia” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 13 de junio de 2006). Añaden que las mestizas y mezcladas son “ricas, tienen su maridos que les mandan „dineros‟ del otro lado” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 13 de junio de 2006)[19].

Las ceramistas también muestran orgullo de su actividad, pues son reconocidas socialmente en la localidad como mujeres trabajadoras “que ganan sus propios centavos”.

En las localidades adyacentes se le concibe como mujeres “ricas” e “inteligentes”. Es importante destacar que las ceramistas no establecen un alto grado de dependencia económica de su pareja o de la familia como suele suceder con las otras mujeres del grupo. Pero esta situación tampoco implica que sean mujeres cuyos niveles de ingreso sobrepase de manera desmedida la media económica de la otra población.

Los hombres reconocen la actividad económica de sus mujeres, pues gracias a la venta de los enseres de barro que ellas elaboran y comercializan pueden contribuir a la adquisición del alimento y demás insumos necesarios para el funcionamiento de la unidad doméstica. Por esta razón, ellos ayudan a la extracción del barro. Además, la importancia de la actividad económica ceramista se redimensiona si también se considera que ésta se realiza durante la época de secas[20], tiempo durante el cual se recrudece la precaria economía familiar pame.

En el nivel de la localidad, la población reconoce el trabajo de cada una de las ceramistas. En este sentido, ellas han ganado un status de individuación por medio de la actividad ceramista que las distingue claramente unas de otras. Las mestizas y mezcladas de la localidad poseen predilección por el trabajo que es reconocido a determinadas mujeres. Se dice que tras conocer el trabajo de todas, se toma preferencia por algunas de ellas.

La incursión de las ceramistas en el mercado

La cerámica producida en Cuesta Blanca es otro rasgo distintivo de la localidad. Por el color de su arcilla[21], la calidad de sus acabados y la variedad de sus modelos y decorados, se considera como la mejor en la región[22]. Estas cualidades de la cerámica cuestablanquense, facilita su incursión en el mercado, especialmente en los centros turísticos de Tamasopo[23]. La cerámica que se comercializa es de consumo para la cocina, pero predominantemente decorativa para el turismo nacional e internacional que visita la región.

En el ámbito del mercado regional, los comerciantes que adquieren cerámica para revenderla al turista desconocen la localidad donde ésta se produce. Refieren que la compran a “las indias que bajan de la sierra”. En este contexto regional se reitera el vínculo de condición étnica con la actividad, pues los mercaderes aseguran que “ninguna de nuestras mujeres se dedica a eso [elaboración de cerámica], no es [propio] de nuestragente” (entrevista realizada en Tamasopo, 5 de mayo de 2006). Si bien es cierto, los comerciantes de Tamasopo desconocen a ciencia cierta la localidad de procedencia de las ceramistas, si distinguen a éstas de otras mujeres pames.

El modo en que las ceramistas incursionan y se apropian del espacio mercantil muestra una significativa diferencia en comparación a otras mujeres pames que comercializan productos recolectados en el monte (por ejemplo, nopales). Se observa que las ceramistas establecen un proceso de negociación a través del cual ellas determinan el precio que consideran justo por sus piezas de cerámica. En un contexto con un alto grado de asimetría sociocultural como el que se vive en “La Palma”, ni siquiera los hombres pames pueden llegar a establecer éste tipo de acuerdos.

Aun en aquellos casos en los cuales las ceramistas llegan a ceder a un menor precio por pieza, se descubrió que las ceramistas emplean la siguiente estrategia de mercado: poner un precio mayor al que piensan como justo para poder negociar “rebajas” hasta el tope límite del precio que estiman como “real”. Se observa que durante el intercambio mercantil la lógica económica que subyace en cada uno de los participantes es distinta. El comerciante buscará (al revender la alfarería) obtener ganancias y reinvertirlas para la acumulación de capital. Por su parte, las ceramistas se encuentran inmersas en la lógica de la satisfacción de las necesidades más apremiantes de la familia, no el atesoramiento.

Somos como la Luna

A continuación, se enuncian los aspectos simbólicos más relevantes para ilustrar el vínculo entre cerámica-cuerpo humano con la finalidad de comprender la subjetividad que subyace en la auto-percepción de ser mujer, pobre e indígena. Según la historia mítica de este grupo indígena, la Luna (emgao/ nmji) fue la primera mujer pame que habitó en la tierra[24]. Se piensa que ella fue una de las dos mujeres con quienes Dios procreó. A la Luna, por ser mujer indígena, la abandonó en medio de la pobreza[25]. Ella a su vez, heredó a las mujeres de este grupo cultural la cualidad más significativa de toda “hija de Luna”: la facultad de la reproducción de los miembros del grupo. Pero esta facultad no debe limitarse solo a su aspecto biológico, así como tampoco debe caerse en el otro extremo y restársele importancia. En esta conformación cultural del ser mujer, tanto el uso, como la elaboración de cerámica, son actividades que vinculan la subjetividad femenina por medio de los significantes que encuentran en los enseres de barro. Así, el hecho cotidiano de poner a calentar el comal en el fogón, se redimensiona a un nivel socio-cósmico, pues el comal es considerado literalmente como la Luna que baja a tierra para “ayudar” y “enseñar” a sus hijas a “atender al marido y a la familia”. Razón por la cual, es esmerada la educación de las madres con las hijas, sobre el correcto “trato” (uso) del comal. Entre los principales cuidados se cita: lavarlo con delicadeza, no golpearlo y no mostrar enojo si estando caliente, llegase a quemar. De la olla frijolera/ents’ao, se dice que es como “bolita de mujer” (matriz/ent’ao). Para profundizar en el mentado vínculo simbólico de cuerpo humano-cerámica, se cita:

“[Entre los pames] la conceptualización del cuerpo [se piensa] como poseedor de dos polos; el derecho es bueno o masculino y el izquierdo es malo, torpe y femenino. Son atributos del alma el crecimiento, la reproducción, el pensamiento, el sentimiento y la intencionalidad. Para el kaju[26] cabeza/pensamiento es ganaun y corazón/sentimiento se dice etogua. Existe similitud entre el término Dios-sol/ganun y alma madura/ganaun, corazón/etogua y vida/nogua. Para éste especialista, la humanidad fue hecha de barro/tierra/emjao, palabra que se vincula al término luna/emgao o nmji. Pero es a través del término nmji (embarazo/origen de la vida/resuello) que se establece una relación más directa con el cuerpo humano; pues nmji también se vincula con el cordón umbilical, órgano a través del cuál pasa el primer resuello (alma tiernita u origen de la vida) de la luna/comal/ al pame (xi‟iu). El pame obtiene carne de la matriz/ent‟ao la cual es equiparada a una olla/ents‟ao. Además de que el término matriz/ent‟ao posee similitud con el de barro/tierra/emjao. El término para designar matriz/ent‟ao también designa ojo/mirada/enta‟o. Si se considera que la olla/ents‟ao y la matriz/enta‟o son espacios de transmutación, donde la carne/tierra/emjao se transmuta en pame/xi‟iu a través del primer resuello/vida/nmji que le da la luna/comal/emgao; entonces se interpreta que éste espacio de transmutación supera el aspecto biológico. Es en los espacios cerrados o domésticos (espacios sociales homologados al espacio biológico de la matriz/ent‟ao) donde se da la primera formación/mirada/enta‟o del individuo. Conforme avanza el tiempo, el alma madura y se calienta, con ello adquiere pensamiento. Es decir, su alma/cabeza/ganaun transita al ámbito masculino o caliente del espacio solar: Sol/Dios/Ganun. Solo entonces su resuello o alma tiernita/nmji y el sentimiento/corazón/etogua será capaz de sintonizarse con el alma madura/ganaun. Además, como se puede observar, dentro de la conformación del cuerpo femenino pame se encuentran dos de los símbolos presentes en el ritual de elaboración alfarera; la Luna/comal/mujer y el Lomo del Diablo/olla/matriz” (Segura, 2007:200).

También se observa, que en el ritual de elaboración de cerámica participan todos aquellos seres que norman la condición femenina. La presencia de seres numinosos de gran poder, como la Luna/emgao, El Lomo del Diablo/caing bi xin’ing o Barro/emjao, y del Señor Fuego/nkyue no es una mera casualidad[27], pues todos ellos estructuran el orden social que se fundamenta en el sistema de género. La actividad ceramista se encuentra inserta en dicho orden, debido al carácter simbólico de su elaboración, proceso donde destaca las fases lunares para su ejecución. Durante el cuarto creciente o la luna niña/emgao enti’en se quiebra el yeso. Durante la luna llena o luna muchacha/emgao mju’u o el cuarto menguante o luna embarazada/emgao nmji la ceramista mezcla el barro con el yeso. Cuando esta mezcla esta lista se envuelve en una bolsa plástica y se coloca en un lugar oscuro, frío y húmedo hasta que huele a podrido y duplica su volumen. En este punto es importante señalar:

“Las condiciones de la mezcla al ser envuelta y colocada en un espacio oscuro, frío, húmedo, con olor a podrido y la indiferenciación de los elementos del compuesto permiten establecer un paralelo con las primeras condiciones del feto femenino dentro de la matriz. De la mujer se dice que durante los primeros meses de vida intrauterina no tiene ninguna forma y es semejante a un caldo de menudo (imagen que remite a lo informe, desestructurado, caótico), incluyendo su peculiar olor calificado de “apestoso” (olor asociado al estado de putrefacción)” (Segura, 2007: 229).

Es cuando la masa se encuentra fermentada y esponjada, que se utiliza para el moldeado de la pieza. La ceramista busca un lugar oscuro y fresco, protegido del viento y el sol, generalmente una de las habitaciones. Cuando la pieza ya ha sido moldeada, emparejada y alisada se “quema” (cuece) con leña podrida de encino.

“Hasta este momento del ritual, los simbólicos seres de arcilla no han dejado de pertenecer de una manera absoluta al ámbito de lo femenino. Las entidades que han participado en su elaboración como la luna, el yeso de luna, el agua, el barro, la leña de los encinos son símbolos femeninos. Las condiciones medioambientales de humedad, oscuridad, indiferenciación, suavidad de la mezcla, la interioridad de los espacios y la condición de putrefacción remiten a características de la matriz” (Segura, 2007: 231).

El análisis del ritual de elaboración ceramista entre las mujeres pames, permite observar que en el orden socio-cósmico pame, se destacan los procesos de gestación como el medio que permite la reproducción cultural del grupo.

Comentarios

La actual organización social en Cuesta Blanca es resultado de una historicidad que se inicia con el sometimiento de la región por los españoles durante la época colonial. Estos acontecimientos comienzan a estratificar a la población de La Palma desde el siglo XVI, y es entre los siglos XIX-XX que dicha jerarquización de clase y etnia, estratifica desde su interior a la localidad en cuestión. Entre los principales mecanismos que propiciaron y sustentaron esta diferenciación de clase y etnia se encuentra el mestizaje, la acumulación de riqueza entre españoles y mestizos y un discurso ideológico que pretende justificar al grupo en el poder como culturalmente superiores a través de la noción “gente civilizada” o “de razón”.

De ninguna manera la subjetividad que subyace a esta auto percepción de “gente civilizada” es una cuestión menor, pues permite al grupo inicialmente minoritario establecer una organización social que le es favorable, de modo que se designa al grupo étnico pame ocupar un status socioeconómico inferior basado en una agricultura de subsistencia y la elaboración de cerámica para el sostenimiento de la familia, además de su exclusión de hecho de los principales puestos de poder económico, social y político[28].

En contrapartida, el actual mestizo tiene la oportunidad de acceder a un mayor nivel educativo, de salud y alimentación gracias al ejercicio de actividades económicas mejor remuneradas. Es importante hacer hincapié en la relación que existe entre un mayor nivel económico y educativo con el acceso a espacios de poder que sustentan la organización social y la estratificación de clase y etnia brevemente descrita.

La mención de la actividad ceramista conlleva abordar la variable de género pues ésta atraviesa la organización social. Al igual que en el caso de la distinción entre clase y etnia, la diferenciación genérica se sustenta en una ideología estructurada a partir de un complejo simbólico, que, en este caso, añade puntos importantes al argumento que enfatiza la diferencia cultural de clase y etnia. Por ejemplo: en el caso de la mujer indígena se alude a una supuesta fuerza, inteligencia y valor (valentía) inferior a las del hombre de su propio grupo cultural. Pero a su vez, los integrantes del grupo pame son simbólicamente más débiles e inteligentes que los miembros de las otras dos categorías de adscripción étnica[29].

Las mujeres pames aceptan este discurso y permiten que estos pretendidos atributos masculinos se vinculen a espacios de poder público en casi todos los ámbitos de la vida social. Sin embargo, se observa que las ceramistas pames incursionan en un espacio público y de poder económico a través de la comercialización de cerámica. Se considera, que tanto la apropiación como el desenvolvimiento de las ceramistas en éste espacio se desarrolla con éxito. Es importante señalar que ésta noción de éxito debe entenderse dentro de sus propios marcos culturales: ellas son capaces de negociar en términos mercantiles, acción que ni sus propios hombres realizan cuando venden su fuerza de trabajo (jornal) al mestizo.

Incursionar en estos espacios diferencia a las ceramistas de otras mujeres tanto en el nivel público como en el privado. Se constata que ellas dejan detrás de sí la condición de “indiscernibles” o “indiferenciadas” que tan acertadamente ha señalado Amorós (1994) para otros casos. Sin embargo, se considera que en la trayectoria de vida de las ceramistas, es durante su edad reproductiva cuando caen dentro del concepto propuesto por Amorós.

Dedicarse a la actividad ceramista conlleva otra ventaja entre las mujeres mayores: ellas no reproducen la doble jornada pues distribuyen el quehacer de la casa y la atención de la familia entre las mujeres más jóvenes. Esta situación es posible gracias a que al interior de la unidad doméstica y de la organización social mayor, se reconoce la importancia económica de su actividad. A este reconocimiento, también contribuye la conceptualización simbólica de la actividad ceramista como femenina. En el caso de una mujer no ceramista, ocupar los espacios pensados como exclusivos del género masculino (los de poder económico) no implicaría su liberación del quehacer doméstico, ya que éste es pensado como su principal obligación según lo establece la división sexual del trabajo.

Sin embargo, en el nivel regional las ceramistas son indiscernibles unas de otras en el sentido de que los comerciantes no las identifican por nombre o localidad de origen, se refieren a ellas como “las indias que bajan de la sierra” (espacio de lo indígena, lo pobre). Pero si diferencian a las ceramistas de los otros integrantes del grupo pame, y reconocen que con ellas “hay que negociar”. Se observa que la subjetividad de esta actividad, implica reiterar una categoría étnica y clase social. En este caso, la auto-adscripción de la ceramista se corresponde con el reconocimiento y asignación que el mestizo y el mezclado manifiestan al considerar esta actividad como “trabajo de indias”. En lo que refiere a la estructura simbólica que se encuentra en el uso y/o elaboración de cerámica se sintetiza:

“Para las alfareras que ritualizan su actividad es parte de un destino impuesto por los dioses celestes y del inframundo. La luna como deidad femenina, es un símbolo que determina su identidad de género y étnica, su participación en la organización social y su actividad. Ser alfareras significa ser luna; mujer fértil que trasciende los límites de su materialidad física para reproducir los patrones culturales que han heredado de los antiguos. Dentro de éste contexto se establece que el rol de alfarera se encuentre supeditado al de madre y esposa… El carácter femenino de esta actividad se explica porque el rito de elaboración es una proyección de la capacidad femenina de gestación, razón por la cual, a pesar de ser un trabajo pesado no lo realizan los hombres. La elaboración de la alfarería es una proyección de la capacidad femenina de la gestación, es contribuir a la continuidad de la vida en lo práctico (elaboración de alimentos) y lo simbólico (procesos de transmutación)” (Segura, 2007: 268).

Son estos, los fundamentos ideológicos que sustentan la actividad ceramista dentro de la organización social, a la vez que establecen la relación más intima entre esta actividad y la subjetividad de ser mujer, indígena y pobre.

Bibliografía

Amorós, Celia. (1994). Feminismo: igualdad y diferencia. México: Editorial PUEG-UNAM.

Barth, Fredrik. (2002). Los grupos étnicos y sus fronteras. En Amparan, A.C., Sociología de la identidad. México: Editorial UAM-Miguel Ángel Porrúa.

Lagarde, Marcela. (1997a). Los cautiverios de las mujeres: Madresposas, monjas, presas, putas y locas. México: Editorial UNAM.

Lagarde, Marcela. (1997b). Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia. España: Editorial Horas y Horas.

Lamas, Marta. (1996). El género: La construcción cultural de la diferencia sexual. México: Editorial PUEG-UNAM.

Martínez, Humberto. (1984). Ensayos escogidos. Erasmo de Rótterdam. México: Editorial Secretaría de Educación Pública-Cien del Mundo.

Segura, Mónica. (2007). Ollas y comales: más allá del barro. La construcción social y simbólica de las alfareras pames de Cuesta Blanca”. México: Tesis para la obtención del grado como maestra en Antropología Social en el Colegio de San Luis.

Vélez, Graciela. (2008). La construcción social del sujeto político femenino. Un enfoque identitario-subjetivo. México: Editorial Miguel Ángel Porrúa, Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública.

Zapata, Tania. (2009). Etnicidad e identidad étnica en la serranía alaquinense. México: Editorial Ponciano Arriaga.

[1] Éste artículo es auspiciado por el proyecto PAPIIT IN402310 CONACYT-UNAM, que es dirigido por el Dr. Carlo Bonfiglioli Ugolini, profesor-investigador titular en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

[2] Espacios relacionados con el poder, entre los que se cuentan los espacios económicos.

[3] En la localidad de Cuesta Blanca se reconocen tres categorías étnicas; pame, mestizo y mezclado. Ellos

definen como mezclado al hijo de pame y mestizo.

[4] Flora propia de los semi-desiertos norteños de México.

[5] Flora propia de los climas tropicales en la zona costera mexicana.

[6] Las tierras que el grupo pame pudo conservar tras la conquista fueron del tipo agostadero cerril. Tienen una delgada capa de tierra fértil no propia para el monocultivo intenso. Durante el siglo XX  y lo que va del XXI la deforestación y la creación de pastizales para el ganado de los mestizos, junto a una agricultura intensiva de maíz y frijol, ha acelerado el proceso de erosión en algunas zonas.

[7] Ambos son calificativos despectivos empleados por los mestizos de la región para referirse a la población indígena.

[8] Las personas afirman que no existía camino, y para llegar a Cuesta Blanca era necesario cruzar los cerros que la rodean a lomo de caballo o burro.

[9] La Palma fue la misión franciscana que los primeros misioneros en llegar a la zona erigieron para la conversión religiosa de la población indígena que habitaba la región. Es importante recordar que en el septentrión mexicano durante los siglos XVI-XVII, el proceso de invasión española se apoyó en las misiones que fungieron también como fuertes militares.

[10]Es importante señalar que los indígenas eran y continúan siendo categorizados por algunos mestizos de la región como “animales”. Esta expresión denota el alto grado de etnocentrismo que este sector de la población posee basado en el origen étnico.

[11] Recuérdese que los primeros franciscanos que llegaron a América se encontraban profundamente influenciados por los preceptos filosóficos de Erasmo de Rotterdam, para quien el “el hombre no nace hombre, se hace” (citado en Martínez, 1984) dentro de los principios religiosos del catolicismo.

[12] Se llama “plan” a las planicies, que en este caso son sumamente fértiles.

[13] De acuerdo a las fuentes consultadas, los mestizos engañaron a los indígenas comprándoles los durmientes a precios irrisorios y ellos los revendían a la compañía ferrocarrilera a precios mayores. Es recurrente el siguiente episodio: en ocasiones los intermediarios no pagaban un solo durmiente bajo el pretexto de “que estaban mal hechos, pero no [nos los] regresaban…creo que a lo mejor si los vendían” (entrevista realizada en Cuesta Blanca, 8 de mayo de 2006).

[14] Es importante señalar que estos hombres no tomaron por esposas a mujeres pames, lo que no impidió que procrearan con ellas. Además, no sólo los hombres mestizos contribuyeron a la pluralidad étnica de Cuesta Blanca; algunos hombres pames tomaron por esposas a mujeres mestizas de las zonas que ha causa de la Revolución se empobrecieron. Tal es el caso de Don Juan Castillo Cruz, quién tomó por esposa a Rafaela Gutiérrez Juárez, oriunda de la localidad de La Labor, en el vecino municipio de Cárdenas. Ella es una de las primeras mestizas que se fue a vivir a Cuesta Blanca.

[15] Los habitantes de las cabeceras municipales de Tamasopo, Cárdenas o Rayón.

[16] Es importante señalar que aunque la mayoría de mezclados concuerdan con esta percepción, no es el caso de todos.

[17] Son raros los casos en que una mujer tiene que realizar las actividades agrícolas o cuidado del ganado. Estos casos suceden cuando el hombre emigra y la mujer tiene que asumir estas funciones. Asimismo, son raros los casos en que la situación económica permite a las mujeres de los emigrantes pames contratar jornaleros.

[18] Es importante señalar que la actividad ceramista se encuentra supeditada al rol social del cuidado de la familia.

[19] Se refieren a aquellos emigrantes que se encuentran en los Estado Unidos de Norteamérica.

[20] Se llama época de secas a la estación del año más calurosa. En esta época los campos de cultivo son improductivos y las reservas de maíz y frijol de las unidades domésticas se han agotado. También escasea el trabajo de jornal para los hombres, razón que contribuye a valorar el trabajo de las ceramistas.

[21] El color de la arcilla va de un matiz almendra a un matiz beige, razón por la cual le denominan como blanca, por ser éste el término más próximo en lengua pame para referir un color de este tipo.

[22] Las ceramistas cuestablanquenses, han tomado varios cursos que distintas instancias de gobierno les han impartido con la finalidad de adecuar su producción a las demandas del mercado.

[23] En las cercanías de la cabecera municipal de Tamasopo existen dos centros turísticos importantes: el socavón conocido como Puente de Dios y las Cascadas de Tamasopo. Durante Semana Santa atraen a gran cantidad de turistas, quienes adquieren esta cerámica en condición de recuerdos.

[24] Es importante señalar, que la lengua pame nos resulta en extremo compleja por sus características fonéticas, mismas que difícilmente encuentra equivalente en nuestro sistema fonético. Tal es el caso de la vocal “o”, que el lingüista Berthiaume (citado en Zapata, 2009) considera inexistente en la lengua pame. Sin embargo, se acordó con la asesoría de profesoras de educación primaria que también son alfareras, su empleo como una estrategia que permitía establecer un valor, lo más próximo posible a nuestro sistema, de un sonido fonético inexistente en él. Además, este valor también nos permitía mostrar la conexión que existe entre los términos que revelan la estructura semántica de su pensamiento.

[25] Según la versión mítica, la otra mujer con quien tuvo hijos Dios fue la mestiza, a quién eligió y llenó de riquezas.

[26] La redacción y análisis del sentido de los términos empleados en este capitulo fue hecha con la asesoría de uno de los curanderos.

[27] Los términos Lomo del Diablo y Señor Fuego fueron proporcionados por el maestro Constantino Gómez.

[28] Si bien es cierto que nominalmente, en algunas ocasiones los hombres pames ocupan puestos de poder, en el hecho, este poder se encuentra restringido por cotos de poder un mayor conformado por mestizos y mezclados.

[29] La noción de una mayor inteligencia por parte del mestizo y del mezclado se vincula con la noción de palabra bonita que refiere el acto de engaño o mentira.

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