Mujeres en Tonatico, México. Experiencia migratoria indirecta y empoderamiento

Erika Pérez Domínguez. Licenciada en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, México. charqitodestrellas@gmail.com

 

Cuando hablamos de migración, generalmente pensamos en los cambios que enfrentan quienes se van: un espacio diferente, nuevas personas, otro idioma, otro trabajo, todo es nuevo y distinto. Sin embargo, quienes se quedan experimentan cambios también en su vida diaria. Es el caso de las mujeres cuyos esposos migran a Estados Unidos ante la falta de oportunidades económicas en el lugar de origen. Estas mujeres viven el proceso migratorio de manera indirecta, sin embargo, están inmersas en el continuo flujo de personas, bienes e información que circula de un lado a otro de la frontera; y esto conlleva transformaciones en su vida.

El objetivo de este trabajo es dar cuenta de los cambios que se dan en el habitus de un grupo de mujeres que viven en Tonatico, una localidad al sur del Estado de México, luego de que sus esposos emigran a los Estados Unidos. Para responder a éstas y otras preguntas formuladas en la hipótesis, hemos desarrollado indicadores que analizaremos con base en la información obtenida durante el trabajo de campo. Son experiencias que un grupo de mujeres compartieron conmigo y que nos darán un panorama más claro de la migración y cómo la viven las mujeres que se quedan.

Tomaremos como referente las historias de algunas mujeres a quienes conocí durante mi estancia de campo en la localidad. Y para identificar el cambio, construimos una serie de indicadores que nos servirán como parámetros para el análisis de los datos obtenidos a partir de los relatos de las mujeres.

Este trabajo es parte de la investigación que realicé para la tesis de licenciatura en antropología social. Hice trabajo de campo en Tonatico[1], un municipio del Estado de México que según la CONAPO[2] (2000) entra en el rango de las entidades con un grado de intensidad migratoria alto. Este proceso deja notar sus huellas no sólo en la economía del lugar, sino en la vida diaria de sus habitantes. En la vida de los ancianos, que se sientan frente a sus casas a contemplar cómo pasa la tarde. En la vida de los niños, que llevan nombres como Christopher o Wendy. En la vida de las mujeres, que esperan pacientes en la fila del western unión, donde reciben el dinero que sus esposos mandan desde Estados Unidos, y que forman parte de los casi 25 millones de pesos que envían los migrantes al año (Martínez, 2004). Tonatico tiene un total de 2,873 hogares de los cuales el 10.27 % reciben remesas (CONAPO, 2000). Waukeagan, Illinois es el destino principal de los migrantes tonatiquenses. Esta pequeña ciudad industrial de 85,072 habitantes (U.S. Census Bureu, 2007) alberga aproximadamente a 3,500 tonatiquenses, quienes han ingresado a trabajar principalmente en las fábricas y comercios del lugar, y forman lo que han llamado el Tonatico chiquito.

Partimos del supuesto de que la migración trae consigo muchos cambios para quienes están involucrados en ella. Tanto quienes se van como quienes se quedan forman parte del proceso migratorio. Cambia la vida de las mujeres que permanecen en Tonatico mientras sus esposos se van, cambian las relaciones con los demás miembros del grupo doméstico, se reorganizan las actividades cotidianas, etc. En ausencia del esposo, las mujeres adquieren nuevas responsabilidades, como jefas de familia deben tomar decisiones que antes no tomaban, se hacen cargo del hogar ellas solas. Pensamos que todos estos cambios contribuyen a empoderar a las mujeres, dándoles un contexto de mayor libertad y equidad en sus relaciones con el hombre.

Es importante señalar, como lo hace Asakura que la migración como fenómeno social trae consigo un potencial de cambio, sin embargo estas posibles modificaciones no necesariamente son sustanciales, ni en todos los aspectos de la vida social de una mujer (Asakura, 2005). No podemos verlo como una relación causal simple en donde un factor A (migración) influye sobre uno B (historia de vida), también puede ser al contrario o depender de varios factores. Además como Marina Ariza apunta, no hay que presuponer el cambio, sino evaluarlo (Ariza, 2000). Y es precisamente lo que pretendemos con este trabajo, evaluar los posibles cambios que ocurren en la vida de las mujeres a partir de la experiencia migratoria, que aunque indirecta, las hace parte de la comunidad transnacional y participan del circuito migratorio transnacional.

El habitus

Las normas y valores que regulan el comportamiento de las mujeres conforman lo que Bourdieu llama habitus, que resulta de un aprendizaje consciente e inconsciente que adquieren desde que nacen. (Bourdieu, 1991: 92.) Es el proceso de interiorización de normas y valores, comúnmente llamados costumbres, que reproducen las estructuras de la sociedad, o sea, son sistemas de valores que las mujeres creen y practican consciente o inconscientemente y que definen la forma en la que se relacionan con sus esposos y con la sociedad en general. Sin embargo, el habitus no es inmutable, puede ser ajustado y transformado por la necesidad de adaptarse a situaciones nuevas. Condiciones de existencia diferentes, producen habitus diferentes.

Cuando el hombre se va a trabajar a Estados Unidos, las condiciones de existencia de las mujeres cambian, es una situación nueva que deriva en un habitus diferente, o en lo que Bourdieu define como histéresis del habitus, o sea, formas diversas de cumplir las viejas funciones ante situaciones nuevas (Bourdieu, 1988:97)

Trataremos de analizar la forma en la que el habitus de las mujeres se transforma ante un evento nuevo, que es la migración de sus esposos hacia Estados Unidos. Para hacerlo, hemos identificado algunos aspectos de la vida de las mujeres que nos servirán de indicadores del cambio.

La residencia es un elemento importante, porque determina el contexto en el que la mujer se va a mover una vez que abandona su casa de soltera para incorporarse a la vida conyugal. Lo más común es que la mujer vaya a vivir con sus suegros, en este caso la nuera, bajo el poder de la suegra debe acoplarse a la dinámica de la nueva familia, adecuarse a la “cultura íntima” del hogar de sus suegros (D’Aubeterre, 2000:300).

La toma de decisiones es un parámetro que nos permite tener una idea del nivel de empoderamiento de un individuo. En una sociedad como la de Tonatico, la toma de decisiones está mayoritariamente destinada a los hombres. Cuando se decide que el hombre emigre, la vida de la mujer cambia, debe adaptarse a una vida sin su esposo y hacerse cargo del hogar y los hijos si los hay. En este aspecto más doméstico también hay muchas decisiones que tomar y que conciernen ahora sólo a la mujer; el uso que se le dará a la remesa enviada por el marido, debe organizar el ingreso y decidir qué comprar, cómo cuidar a sus hijos, qué hacer con su tiempo, cómo organizar sus actividades diarias. La toma de decisiones en el grupo doméstico tiene como trasfondo procesos de dominación y negociación (Ibíd: 26), debemos pues considerar las relaciones de poder que operan en el grupo y que determinan las decisiones de acuerdo a intereses que no siempre son iguales para todos.

Con la migración, el ingreso de las familias aumenta. Cada quince o treinta días las mujeres reciben dólares que sus esposos les envían. Esto se ve reflejado en sus condiciones de vida, que mejoran visiblemente. Cuando las mujeres adquieren mayor capacidad monetaria se modifican sus patrones de consumo, este es otro aspecto que tomaremos como indicador del cambio. Con el dinero que reciben, las mujeres tienen acceso a mercancías que antes no podían adquirir. Se hacen de bienes materiales que les dan mayor estatus ante la comunidad. Esto implica la pública demostración de que el tiempo transcurrido en el norte no ha sido en vano. Construir una casa, comprarse una camioneta, aparatos electrodomésticos, por ejemplo, son una forma de traducir sus ganancias en estatus social (Ibíd :336).

Las mujeres que permanecen en la comunidad mientras sus esposos emigran se enfrentan a ciertos mecanismos de control, sutiles pero muy efectivos. Aunque no vivan con sus esposos, son mujeres casadas y deben comportarse como tales. Por un lado se quedan bajo la mirada vigilante no sólo de la suegra sino de las vecinas. Su comportamiento debe ser aceptable para ellas, y responder a las exigencias de una mujer casada y bien portada. Si esto no fuera así, el marido se enteraría eventualmente. Estar bajo el poder de la suegra significa estar bajo su cuidado, pero sobre todo su vigilancia. En el estudio que D’Aubeterre hace en una región migrante de Puebla, concluye que los suegros controlan los movimientos de la nuera, dispensan o niegan permisos para visitar a los padres, les está vedado salidas y paseos con las solteras. La suegra encarna la prolongación de la autoridad masculina del hijo migrante. (Ibíd :302).

El chisme [3] en una comunidad transnacional funciona pues, como una forma de control del comportamiento de las mujeres. En Tonatico las relaciones sociales son relaciones transnacionales, todo lo que pasa de un lado se sabe del otro, por lo que todo lo que la mujer haga, su marido lo va a saber. Es parte de lo que Rouse denomina “circuito migratorio transnacional”, la continua circulación de personas, dinero, bienes e información mediante la cual los lugares de origen y los de destino se vinculan tan fuertemente que constituyen una sola comunidad, un mismo espacio social donde las relaciones sociales se desarrollan fluida y densamente (Rouse, 1991) Así, ante la certeza de que su comportamiento está vigilado por las suegras y los vecinos, las mujeres viven bajo una presión constante, y su capacidad de actuar libremente se ve acotada por esta situación. El chisme y la forma de control sutil que ejercen las suegras y las vecinas es también un aspecto que tomaremos en cuenta para analizar el cambio o permanencia de habitus en la vida de las mujeres.

La forma en la que las mujeres se ven a sí mismas está influenciada por sus experiencias y lo que los demás esperan de ellas Cuando sus esposos emigran se enfrentan a situaciones nuevas, tienen que resolver los problemas que se les presentan solas y al mismo tiempo cumplir con el “deber ser” que la comunidad les impone. Con el tiempo estas experiencias van moldeando su carácter y cambiando la visión que tienen de sí mismas. La autopercepción es también un indicador del proceso de empoderamiento de las mujeres, pues determina el valor que se dan a sí mismas y la confianza que se tengan independientemente de los demás.

Haciendo un recuento, la residencia, la toma de decisiones, los patrones de consumo, el chisme y la autopercepción, son los aspectos que tomaremos en cuenta como indica­dores del cambio en la vida de las mujeres.

Las mujeres en Tonatico

Andar por las calles de Tonatico, platicar con sus habitantes nos lleva indudablemente a hablar de Waukegan, de los que se fueron a trabajar al otro lado de la frontera, pero que dejaron aquí una parte importante de sus vidas. Tonatico es la mitad del escenario de una comunidad transnacional y es el lugar en donde viven los que no se van, los que aún no se han ido, los que ya fueron y regresaron, y también las mujeres, esposas de los migrantes. Ellas ven pasar los días a través de la ausencia de sus maridos y a la espera de la llamada o el depósito de la remesa. Ellas nos dan una perspectiva del fenómeno migratorio desde abajo, lo que Luis Eduardo Guarnizo sugiere que sea estudiado, esas diferentes formas de vivir el contexto migratorio, los matices que adquiere un fenómeno global a nivel local y doméstico (Guarnizo, 1999:32)

Podemos ubicar a Tonatico como un lugar donde existen dos lógicas de sociedad, por un lado la lógica comunitaria, de grupo, donde predomina la búsqueda del bien común y las normas que promueven la cohesión social, y que va de acuerdo con la costumbre. Es decir, ideas, prácticas, normas y valores que por generaciones se han consolidado como lo deseable y aceptado por la comunidad. Y por otro lado la lógica individualista, que podemos identificar con la modernidad y la sobrevaloración de la ganancia y la competencia. Con el proceso de la migración, en Tonatico puede verse reforzada esta lógica individualista, pues es la que impera en Estados Unidos, y la que influye en algún grado sobre las ideas, prácticas, sueños y expectativas de los migrantes y sus familias. Así, en este escenario transnacional que constituyen Tonatico y Waukegan vemos coexistir ambas lógicas, algunas veces oponiéndose, pero sobre todo adaptándose y encontrando la manera de desarrollarse en el mismo espacio social.

En esta lógica comunitaria, Tonatico es un lugar en el que los valores y costumbres propias son los que definen lo que debe ser y hacer una mujer, aunque en las generaciones más recientes esta situación ha cambiado, permanece en el sistema de valores y normas de las mujeres la sumisión, obediencia y subordinación frente a los hombres como algo que aprenden desde pequeñas.

“Yo nunca le alegué nada (a su esposo) porque mi mamá siempre me decía que uno se casa y debe obedecer en todo al marido”[4].

Las costumbres que definen lo que una mujer casada debe ser y cómo comportarse son parte del habitus. Las mujeres aprenden estas normas y valores, los interiorizan, los reelaboran y los reproducen en sus prácticas cotidianas.

La vida de muchas mujeres que viven solas en Tonatico está dedicada por completo al espacio doméstico, es lo que aprendieron de niñas y lo que reproducen de grandes en su vida cotidiana. “En contextos culturales donde las mujeres están confinadas al ámbito doméstico y están vigentes las normas tradicionales de comportamiento para ambos géneros, la movilidad social de las mujeres resulta muy limitada” (Asakura, 2005:18). Como ya mencionamos, los individuos interiorizan los habitus, los reelaboran y reproducen en sus prácticas cotidianas. Ambos, habitus y prácticas están estrechamente relacionados, por lo que si hay algún cambio en las prácticas es de suponer que también se modifican los habitus. De acuerdo con este planteamiento, nos aventuramos a pensar que cuando las condiciones de vida de las mujeres cambian debido a la migración de sus esposos, los habitus que reproducen en su vida cotidiana cambian también. Este cambio puede darse para cumplir las viejas funciones, es decir, histéresis del habitus, o puede ser para cambiar dichas funciones.

¿Qué ocurre con las mujeres de migrantes en Tonatico? ¿Modifican sus prácticas, ideas, valores? ¿Qué cambia y qué permanece cuando sus esposos se van? Para responder a esto recurrimos a las experiencias que un grupo de mujeres compartieron conmigo y que nos dan un panorama más claro de la migración y cómo la viven las mujeres que se quedan.

Cuando una pareja se casa, lo más común es que vayan a vivir a la casa de los padres del hombre, ahí la mujer llega a insertarse en una dinámica distinta a la que vivía en su propia casa siendo soltera.

En los casos que conforman este estudio[5], la mayoría de los hombres migraron cuando llevaban apenas unos meses o un año de casados. Esta situación implica que la mujer tenga que vivir rodeada de la familia de su esposo, se queda ahí a su cargo y bajo sus reglas, lo que muchas veces genera conflictos.

“Vivía con mis suegros y mis cuñados, pero casi nunca nos hablábamos bien, nunca nos llevamos bien, no nos hablábamos… las suegras siempre le dan por su lado a las hijas… (¿Con su suegro cómo se llevaba?) No, con él no hablaba, porque el señor estaba enfermo, yo nomás entraba y salía, como era el mismo cuarto, yo tenía que entrar y salir por el cuarto”.[6]

Compartir el espacio con la familia del marido puede representar para las mujeres una limitante para desenvolverse con libertad en el ámbito doméstico, pues ocupan una posición subordinada frente a la suegra. Tienen que adaptarse a una nueva forma de vida, a otras actividades, otras formas de realizar las tareas cotidianas que no necesariamente coinciden con las de ella.

Esta nueva vida que las mujeres enfrentan no está exenta de conflictos, y tienen que buscar la forma de negociar con la familia política para resolverlos y lograr una convivencia más o menos armónica. Sin embargo, no siempre es así. Aunque el marido ya no está, su familia ejerce cierta forma de control, pues se queda bajo su mirada vigilante. Una mujer que vive en esta situación no se siente con plena libertad de comportarse como ella quiera. Tiene que hacer lo que se espera que haga, aun en las tareas domésticas, cocinar o cuidar a los hijos siempre sabiéndose supeditada a la familia de su esposo y sin tener un espacio propio.

La toma de decisiones dentro de un matrimonio nunca es completamente equitativa, para algunos asuntos será la mujer quien decida, pero en una sociedad como Tonatico, generalmente es el hombre quien tiene en sus manos el mayor poder de decisión. La decisión de cruzar la frontera en la totalidad de los casos estudiados, fue exclusiva del hombre, aun si la mujer expresaba su deseo de acompañar al marido o de que no se fuera.

“Pues yo si me quería ir con él, pero él dijo que no, que porque no quería que yo trabajara y allá para eso se va uno y pues no tenía caso que fuera”. [7]

Cuando el hombre toma la decisión de irse, usualmente a la mujer le queda sólo la opción de apoyar al marido. Para algunos de los esposos el trabajo en el norte es una tarea exclusiva del hombre, es pesado, además de que atravesar la frontera es una hazaña peligrosa. Para algunos, la decisión de emigrar sin ella obedece a razones como que la mujer debe quedarse al cuidado de los hijos, de los suegros, de los bienes materiales. La mujer queda confinada al ámbito doméstico y su tarea principal es la reproducción del hogar de este lado de la frontera.

“Primero estábamos que nos íbamos a ir los dos, pero él no quería, ya tenía una niña, la grande estaba de meses. Yo le dije que nos fuéramos porque mi tía que estaba allá me decía: vénganse, yo acá los ayudo y él que no, que primero se iba ir él a ver. Pero mi tía siempre me decía vénganse los dos y yo les mando el dinero, pero él nunca quiso, que porque primero iba a ver cómo estaba por allá. Yo cada vez que venía le decía que me quería ir con él, pero primero que porque se murió su papá y dijo que no que porque su mamá se quedaba sola. Luego su mamá también decía que no, que porque si nos íbamos iba ser su muerte que nos fuéramos. Ya después se murió su mamá de él y ya no quiso llevarme que porque la casa se quedaba sola. Y ya cuando me dijo que ya me iba llevar me hizo embarazada de las nenas y ya no”.[8]

Históricamente fueron los hombres los que primero emigraron, sin embargo, en las últimas décadas la demanda de mano de obra femenina y la escasez de oportunidades de empleo en el país han ido generando que cada vez más mujeres crucen la frontera para trabajar y tener mejores condiciones de vida. Sin embargo, no todas lo logran. En los casos estudiados nos dimos cuenta de que la decisión de emigrar la toma el hombre, y que aun si la mujer expresa su deseo de acompañarlo, es él quien tiene la última palabra al respecto.

Cuando sus esposos se van las mujeres se enfrentan a una nueva forma de vida, en la que son ellas quienes se encargan de la reproducción del hogar solas, de la educación y cuidado de sus hijos, del gasto del dinero que les envían, etc.

“Pues sí me ha cambiado la vida, porque para todo uno, uno, que juntas en la escuela, que festivales, que si se me enferman los niños, tengo toda la carga yo sola”.[9]

En el curso de sus vidas como esposas de maridos ausentes tienen que tomar muchas decisiones que antes no tomaban o que estaban dirigidas por sus esposos. La responsabilidad sobre los asuntos que decidan recae sobre ellas solas y esto muchas veces es algo que les impide sentirse libres de decidir por su cuenta, pues si algo sale mal, toda la responsabilidad recae sobre ellas.

La comunicación que las mujeres mantienen con sus esposos es en los últimos años muy frecuente. Antes se comunicaban con cartas que llegaban muy esporádicamente por la misma lentitud del correo convencional, sin embargo, con el teléfono y las tarifas de este medio en Estados Unidos se vuelve  bastante accesible la comunicación con los familiares en Tonatico. Con una tarjeta de cinco dólares es posible hablar hasta ocho horas. Es así que las mujeres en general tienen la posibilidad de consultar con sus esposos sobre las decisiones que se deben tomar, pues por lo menos una vez por semana se comunican. Esta situación se vuelve también un factor que impide que las mujeres asuman su responsabilidad completamente como jefas del hogar y como las responsables de tomar decisiones. Pues cualquier asunto que requiera de una decisión puede ser consultado con el esposo con sólo levantar el teléfono, aun si la decisión tiene que ver con el propio espacio doméstico y cotidiano de la mujer.

Aunque físicamente el esposo no esté presente, la sensación de cercanía que da la posibilidad de comunicarse con él en cualquier momento, así como el hecho de que en una comunidad transnacional, todo lo que pasa aquí se sabe allá, hacen que muchas veces la mujer se asuma bajo el control de su esposo, aun si tiene muchos años sin verlo. Sin embargo, existe la posibilidad de que la mujer transgreda un poco la norma, y genere estrategias que le permitan asumir cierto grado de responsabilidad ante su vida sola y la capacidad de tomar sus propias decisiones, aun si van en contra de la voluntad de su esposo.

“A él no le gusta que vayamos a fiestas, antes le hablaba para decirle que nos habían invitado que a un bautizo o un cumpleaños y él no, decía que no. Ya después dejé de llamarle y nos íbamos con mis hijas a las fiestas, aunque luego ya me llamaba y me decía que te vieron en la fiesta y pues ya ni modo de que haga algo, si ya fuimos, ya no pedía permiso”.[10]

Este puede ser un ejemplo de cómo una condición diferente, esto es la migración del marido y el consecuente cambio de vida para la mujer, deriva en un cambio de habitus. La mujer ya no se asume bajo el control del hombre y adquiere más libertad para tomar decisiones.

Las razones para que los hombres emigren son económicas. La reproducción económica del hogar depende del ingreso del esposo, que la mayoría de los casos es insuficiente para sostener a una familia.

“Aquí era panadero, pero ganaba muy poquito, allá también es panadero, pero le va mucho mejor, nos manda dinero cada quince días. Antes no nos alcanzaba para todo lo que le pedían al niño en la escuela, pero desde que se fue no falta nada, gracias a Dios”.[11]

La falta de empleo, el abandono del campo por parte del Estado, y por lo tanto la poca productividad en ese sector, así como los bajos salarios y la incertidumbre en los trabajos son algunas de las causas de que los hombres se vayan a Waukegan a buscar mejorar sus condiciones de vida y las de sus familias.

Una de las actividades económicas principales en Tonatico es la agricultura, debido a la poca productividad de este sector, para los campesinos la única opción de mejorar su calidad de vida es irse a Estados Unidos. Además, es más probable que el mercado laboral en Waukegan ofrezca oportunidades de ascenso, y les permita a los migrantes ir aumentando de salario y mejorar sus condiciones de vida, lo cual no sucede en Tonatico.

El cambio es evidente sobre todo en la capacidad de consumo que se incrementa con las remesas. Para las mujeres recibir dinero de sus esposos cada mes o cada quince días representa la posibilidad de adquirir bienes que antes no podían.

“Con lo primero que me mandó cambié mi casa, era así como la de aquí enfrente, así de las de antes. Tiré todo lo de enfrente, echarle loza, aplanar, puertas, ventanas, todo”. [12]

En general, lo primero que hacen con las remesas es construir una vivienda propia. Es fácil ver las construcciones que se han hecho con dinero de migrantes, las casas son diferentes a las tradicionales de adobe y teja.

“Luego luego se nota los que se van, porque ya tienen dinero, ya se compran terrenos, se hacen sus casas, todos los que se van a Estados Unidos tienen casas bien bonitas. Aquí ¿cuándo te haces de una casa?”.[13]

Tener su propio espacio representa para muchas mujeres una forma de vida más libre. Muchas veces, como ya mencionamos antes, vivir con los suegros implica discusiones y la convivencia no siempre es buena. La mujer llega a vivir ahí subordinada a las órdenes de los suegros. Aunque vivir así es una ayuda y muchas veces la única opción para una pareja recién casada. Por eso en cuanto empiezan a ganar dinero lo utilizan generalmente para construir una casa o mejorar la que tienen.

“Es muy diferente ya teniendo tu propia casa, nadie se tiene que meter con lo que haces, porque es tu casa, aunque sea así chiquita, pero ya es algo tuyo y no que estés ahí metida con los suegros, es más feo así”.[14]

Después de la casa, los aparatos domésticos, las camionetas, los estéreos son algunas de las mercancías que forman parte de los nuevos patrones de consumo. Aparte de que las carencias van disminuyendo, a los hijos ya no les falta nada para la escuela ni para su diario vivir. Incluso algunas mujeres ponen negocios propios. Tener un negocio les da la oportunidad de incrementar el ingreso de la familia, y al mismo tiempo darles a ellas un sentido de mayor independencia.

“Tengo tres años con la zapatería y me va bien por temporadas y por temporadas mal, pero es un dinero que nunca sobra y no hay cómo tener una su propio dinero y no depender de lo que le manden a uno”.[15]

En una comunidad transnacional como Tonatico es difícil pensar la vida de un lado sin que tenga alguna repercusión del otro. Las redes que unen ambos lados de la frontera son densas y constantes, la comunicación es permanente y hace que los límites entre “aquí” y “allá” sean muy flexibles.

En una comunidad transnacional circula no sólo dinero y bienes materiales, sino ideas y sobre todo información. Esta información entre otras cosas, tiene que ver con lo que las personas de un lado y de otro hacen. Para las mujeres que viven solas en Tonatico, el chisme puede convertirse en una forma sutil, pero constante y efectiva de control sobre su comportamiento.

“A veces si la gente se anda fijando y critican que si sale uno que si no sale uno. No salgo a fiestas, porque siempre son en la noche, antes si iba con él, pero ahora no. Antes él nos llevaba que al fútbol o al jardín. Es que pues ahí donde vive uno es muy chiquito, yo por eso cuando salgo nomás cuando voy con mi suegra, sola no, casi no salgo. Porque luego andan diciendo que hay anda uno de un lado para otro, aunque no haga uno nada malo”.[16]

Así como ella, muchas mujeres se sienten vigiladas, lo cual las hace sentir presionadas y limitadas para actuar libremente.

“Aunque se porte uno bien luego inventan cosas, como aquí y allá todo se sabe. Yo por eso casi no salgo, me dedico a mis hijos. Ya que solo que vaya ir a algún lado que necesite salir, pues va uno. De por si en este pueblito, ya ves que sale uno y ya están hablando. Yo como la verdad ya estoy acostumbrada. Hablan para acá y ya preguntan, que si anda uno con alguien. Como le digo a mi esposo, debemos tener confianza, porque no porque le digan a uno algo se lo va a creer”. [17]

La forma en la que las mujeres se ven a sí mismas cambia con el tiempo, la edad y las experiencias vividas. Y esta percepción que tienen influye sobre la confianza y el propio valor que se dan a sí mismas. Con la experiencia de vivir solas y encargarse de todo en ausencia de sus maridos, no sólo la autopercepción de las mujeres cambia, sino la forma en la que las ven sus propias parejas. Adquieren mayor carácter y fuerza.

“Luego él me dice que ya me hice bien cabrona… Pues tiene que ser, yo creo que sí, llevo tantos años sola, aunque uno no quiera cambia, se hace como más fuerte”.[18]

Consideraciones finales

La hipótesis que planteamos postula que debido a la migración de los hombres, la vida de las mujeres cambia. En ausencia de sus maridos, las mujeres adquieren mayores responsabilidades, mayor capacidad y libertad en la toma de decisiones, así como un mayor empoderamiento. Tratamos de analizar si en este caso se aplica lo planteado por Bourdieu de que cuando las condiciones de existencia cambian, los habitus lo hacen también, de que éstos pueden ser modificados por los individuos cuando se enfrentan a situaciones nuevas e imprevistas. Y queríamos ver si este cambio incidía en mejores condiciones de vida para las mujeres. Después de desarrollar los indicadores que tomamos como punto de referencia para identificar el cambio en la vida de las mujeres que formaron parte de este trabajo, podemos concluir lo siguiente.

Si bien la vida de las mujeres cambia cuando sus esposos emigran, este cambio no necesariamente es un cambio de habitus, ni necesariamente en el sentido de un cambio para adquirir mayor empoderamiento. Para las mujeres su posición en la estructura social siempre está subordinada a la de sus esposos. La toma de decisiones está generalmente en manos del hombre. Es él quien decide irse y que su esposa no vaya con él. Las mujeres toman las decisiones cotidianas de su propia vida consultando si es posible a su esposo. Gracias al teléfono y su accesibilidad, las mujeres pueden no asumir por completo su responsabilidad (o culpa) en cuanto a las decisiones que tomen. Algunas incluso les piden permiso a sus maridos migrantes por teléfono para realizar actividades de su vida diaria.

Las condiciones materiales de vida de estas mujeres cambian notoriamente. Sus patrones de consumo cambian y sus necesidades se ven satisfechas en gran medida. El envío de un cheque quincenal o mensualmente permite a las mujeres adquirir una casa, o incluso poner sus propios negocios que le den más solvencia económica. En este caso, es posible que salgan de la casa de sus suegros y puedan disfrutar de un espacio propio en el cual se sienten más libres, seguras y cómodas.

El chisme como mecanismo de control sobre las mujeres con esposos en Estados Unidos es un factor que impide el pleno desarrollo de una mujer en libertad y capacidad de decidir sobre su propio comportamiento. Hagan lo que hagan, aun si no es nada malo, como algunas mujeres refirieron, su marido eventualmente lo va a saber. Todos se conocen y una mujer sola en Tonatico es motivo de que se hable y se le vigile. Esta situación ha hecho que las mujeres sientan la presión de “cuidarse” y no salir más que para lo indispensable, y dedicarse por completo a su casa y sus hijos.

Entonces, si bien la migración mejora visiblemente las condiciones de vida de las mujeres, esto es, sus necesidades económicas se satisfacen y disfrutan de una mayor capacidad de consumo, el proceso de empoderamiento no se da plenamente. Retomando a Kate Young, para que esto suceda, no solamente se debe mejorar la condición de la mujer, lo que sí pasa con la migración, sino su posición en la estructura jerárquica patriarcal. Esto sólo puede pasar si la mujer cuestiona y cambia la manera en la que se relaciona con el género opuesto. Si es consciente de su posición subordinada en la estructura y lleva a cabo acciones encaminadas a modificar la situación. Esto evidentemente no pasa, las mujeres de migrantes, aunque no todas, mantienen casi invariablemente la estructura patriarcal. Forma parte de un habitus que aprenden, interiorizan y reproducen de manera natural sin cuestionamiento. Aquí es donde se puede hablar de la histéresis del habitus. Las condiciones de vida de las mujeres cambian evidentemente, ya no están con su esposo, se hacen cargo de muchas cosas ellas solas, reciben más dinero, pero esto no implica que dejen de asumirse como mujeres dependientes de los hombres, y que logren tomar las decisiones de acuerdo a su propia voluntad. Así, las condiciones cambian, pero el habitus es flexible y se adapta a las situaciones nuevas, logrando cumplir las viejas funciones, pero de forma diferente.

En un caso, el de la señora Adela, es posible observar cómo un individuo cambia el habitus. Ella deja de asumirse como subordinada a su marido y logra tomar sus propias decisiones en cuanto a ir o no a fiestas, salir o no, sin pedirle permiso. Este es un ejemplo pequeño de cómo no sólo el habitus influye sobre los individuos y estructura su comportamiento, sino que éstos son capaces de modificarlos y estructurar al habitus de manera distinta. Es decir, el habitus como estructura estructurante, capaz de ser también estructura estructurada.

Bibliografía

Asakura, Hiroko. (2005) Cambios y Continuidades. El empoderamiento de las mujeres mixtecas en la sexualidad y la maternidad en el contexto migratorio transnacional. Tesis de Maestría. México, CIESAS.

Ariza, Marina (2000) “Género y migración femenina: dimensiones analíticas y desafíos metodológicos”, en Dalia Barrera Bassols y Cristina Oehmichen Bazán (eds.), Migración y relaciones de género en México, México, GIMTRAPUNAM/ IIA. pp. 33­62.

Bourdieu, Pierre (1991) El sentido práctico. Madrid, Taurus.

_______________ (1988) La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Madrid, Taurus.

Conapo (2000) Indicadores sobre migración a Estados Unidos, índice y grado de intensidad migratoria por municipio, 2000. (Documento en línea) Disponible en: www.conapo.gob.mx/mig_int/0302.htm

http://www.conapo.gob.mx/publicaciones/intensidadmig/CUA_AB_IIM2000.XLS

D’aubeterre, María Eugenia, (2000) El pago de la novia. Matrimonio, vida conyugal y prácticas transnacionales en San Miguel Auexcomac, Puebla, México. México. El Colegio de Michoacán- El Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Guarnizo, Luis Eduardo y Smith, Michael, (1999) “Las localizaciones del transnacionalismo” en Mummert Gail (ed). Fronteras Fragmentadas, Zamora, México. CIDE, El Colegio de Michoacán. pp. 87-112.

Martinez Pérez, Lourdes, (2004) “Tonatico, los migrantes impulsan el desarrollo” El Universal. (En línea) 28 de julio del 2004. Disponible en: http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=61201&tabla=ciudad

Rouse, Roger. (1991) “Mexican Migration and the Social Spaces of Posmodernism” Diáspora. Spring. pp. 8-23.

U.S. Census Bureau. (2007) Demografic and Housing estimates 2005-2007. (Documento en línea) Disponible en: http://factfinder.census.gov/servlet/ADPTable?_bm=y&-geo_id=16000US1779293&qr_name=ACS_2007_3YR_G00_DP3YR5&-ds_name=&-_lang=en&-redoLog=false


[1] Tonatico tiene 12 rancherías: El Rincón, Los Amates, San Miguel, La Vega, El Ojo de Agua, La Puerta, El Zapote, El Terrero, Salinas, San Bartolo, La Audiencia y Tlacopan.

[2] Consejo Nacional de Población

[3] Según el diccionario de la RAE: Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna.

[4] Entrevista con Estela, El Terrero, 2007

[5] Realicé historias de vida a 12 mujeres de entre 21 y 56 años de edad. 9 de ellas con experiencia migratoria indirecta, en Tonatico. 3 con experiencia migratoria directa, en Waukegan, Illinois.

[6] Entrevista con Adela, Tonatico, 2007.

[7] Entrevista con Alma Delia, La Puerta, 2007

[8] Entrevista con Adela, de Tonatico, 2007

[9] Entrevista con Jesús, El Terrero, 2007

[10] Entrevista con Adela, Tonatico, 2007

[11] Entrevista con Martha, Tonatico, 2007

[12] Entrevista con Adela, Tonatico, 2007

[13] Entrevista con Adela, Tonatico, 2007.

[14] Entrevista con Alma Delia, La Puerta, 2007.

[15] Entrevista con Adela, Tonatico, 2007.

[16] Entrevista con Jesús, El Terrero, 2007.

[17] Entrevista con Gloria, Tonatico, 2007.

[18] Entrevista con Adela, Tonatico, 2007.

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