Los encinos son las mujeres del trueno. Conceptualización del territorio, según las alfareras pames.

Resumen:

Este artículo aborda la ontología que media la valoración que hacen las ceramistas Pames de la serranía de La Palma. Análisis vinculado a la actual problemática en la distribución y el acceso de sus recursos entre los indígenas, los mestizos y mezclados que la habitan.[1] Dicha reflexión se sitúa de mejor manera, si partimos del reconocimiento y conocimiento de las profundas diferencias culturales que subyacen a su usufructo. Para este fin, se toma como ejemplo la recolección de los insumos necesarios para la “quema” de alfarería que elaboran las mujeres Pames. Ya que los encinos -árboles de los cuales se recolecta la leña podrida- poseen significados relacionados con la organización y simbolización del territorio. Asimismo, el análisis de su actividad funge como una ventana a la ontología de género entre los miembros del citado grupo indígena.

Palabras claves: Género, ontología, territorio, reconocimiento, derecho agrario, encinos y pames.

Mónica Margarita Segura Jurado. Maestra en Antropología Social por el Colegio de San Luis. En el 2009 es aceptada para cursar el Doctorado en Antropología Social en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. El presente artículo ha sido elaborado con el apoyo del PAPIIT-IN402310.

 

Introducción

El Estado de San Luis Potosí se ha convertido en la primera entidad federativa de los Estados Unidos Mexicanos en ascender a rango constitucional los mecanismos tradicionales de impartición de justicia indígena. La Ley de Administración de Justicia Indígena y Comunitaria del Estado de San Luis Potosí,[2] implica el reconocimiento de los pueblos indígenas “como sujetos activos de derecho público, establece su autonomía, les permite retomar las riendas de su futuro y ser parte primordial de las decisiones gubernamentales que les afecten” (LAJICESLP, 2010:2). A pesar de que las comunidades indígenas plantean “autorregularse y defenderse en un sistema integracionista” (Ibíd), no queda claro cómo éstas lograrán dicho objetivo, si no se efectúa la alineación del marco jurídico mexicano y del estado de San Luis Potosí con esta ley, así como su transversalización con todas las dependencias gubernamentales.

Si bien reconocemos el gran avance que representa la Ley de Administración de Justicia Indígena y Comunitaria del Estado de San Luis Potosí en materia de derecho indígena, observamos que los objetivos planteados solo serán alcanzados el día que la sociedad y el Estado mexicano asuman de facto su deuda histórica en materia de derecho agrario y cultural con los pueblos indígenas. Para ello, será ineludible que la población haga de lado todo tipo de segregacionismo, y el Estado efectúe todas las acciones necesarias para saldar dicha deuda. Insistimos en el derecho preferencial que los pueblos indígenas deberían de tener sobre el acceso a la tierra y sus recursos, ya que, a pesar de que ellos son los herederos primordiales de dicho bienes, actualmente gran cantidad de indígenas han sido desplazados de sus beneficios.

Pero además de heredar los problemas de la ya insoportable carga de programas y políticas públicas que los despojan, la voracidad de los terratenientes y la elite de indios ladinos, que traidores a sus raíces, preparan el camino llano a la acción de los poderosos; los pueblos indígenas también han heredado una profunda relación cultural con la tierra. Relación que, a pesar de los embates del neoliberalismo, todavía fundamenta en gran medida su cosmovisión y su organización social: ambos aspectos íntimamente vinculados con la concepción ontológica del género. En este punto es importante hacer referencia al hecho de que una parte del movimiento feminista ve con recelo las ontologías, por haber demostrado que en el caso de culturas patriarcales, éstas violentan severamente los derechos de la mujer y grupos minoritarios.[3] Por el momento, sólo señalaremos que la LAJICESLP ha legislado a favor de la mujer indígena:

“ARTICULO 20. Los jueces auxiliares deberán intervenir de oficio, en el ámbito de su competencia, cuando se vean afectados los derechos, bienes o posesiones de mujeres, niños, adultos mayores, y personas indígenas con discapacidad, o cuando se atente contra su integridad física, subsistencia, salud, desarrollo, formación personal y cultural” (LAJICESLP, 2010:2).

Conceptos empleados en el análisis

Por ontología entendemos un “sistema de propiedades de los seres existentes, que sirven de punto de anclaje a formas cosmológicas, modelos de vínculo social y teorías de la alteridad” (Descola [2001] 2002:35). Concepto que ayuda a dilucidar la condición de seres otorgada a los encinos entre los miembros del grupo indígena Pame. En una primera aproximación, es posible apreciar la vigencia de antiguas concepciones mesoamericanas: pensamiento donde destaca “que lo biológico y lo cultural no se concebían como órdenes diversos” (Marcos, 2004: 252).

En lo que respecta a la noción del género entre los mesoamericanos, éste se relaciona estrechamente con la idea del universo dual, cuyo origen se remite a Ometéotl; “creador supremo…concebido como un par femenino-masculino” (Ibíd:238). De dicha deidad se deriva la pareja primordial que establece los polos constitutivos del sistema de género: Ometecuhtli -principio masculino- y Omecíhuatl -principio femenino. Ahora bien, la espíteme de Ometéotl pareciera sugerir que el sistema de género entre los grupos de raigambre mesoamericana descansa en la condición andrógina donde:

1°. Es posible deducir para el caso pame, que el tercer término no implica su exclusión. Ya que, éste es el origen de los dos polos constitutivos de la relación; misma que es mediada por una variedad de categorías de seres y género. A manera de ejemplo, se cita el caso de los nahuales, seres que en el ámbito espiritual, son conceptuados por las ceramistas indígenas como andrógino y transespecie, lo que no impide el ejercicio de su bisexualidad.

2°. López Austin ([1994] 1995) señala que de la unión de lo masculino y lo femenino -fusión entendida como el acto sexual homologado a un acto de creación- surgen todos los “tipos” de seres que habitan el cosmos mesoamericano, cuya constitución posee implícitamente ambas calidades. Al respecto, Marcos (2004) señala que este principio se opone a la premisa de jerarquización registrado en la teoría clásica del género. Se señala que dicho principio de jerarquía que opone lo masculino y lo femenino, es propio de una ontología de raigambre judeocristiana, aristotélica y platónica. Mismas, que suelen corresponderse con culturas de tipo patriarcal.

3°. Asimismo, López Austin ([1994] 1995) refiere que la participación de lo masculino y lo femenino se establece en término de una complementariedad. Premisa que se encuentra sustentada en el concepto de equilibrio fluido, el cual, aprehende el cuerpo y la condición anímica como un todo integrado. Se observa que este postulado no se corresponde con la premisa cartesiana de mente-cuerpo que también subyace a las culturas de carácter patriarcal.

4°. Marcos (2004) explica que en el caso mesoamericano, la dualidad se entiende como el principio polar que unía lo masculino y lo femenino. La premisa de fluidez se relaciona con el movimiento alternado de calidades anímicas -entendidas como frío/femenino y caliente/masculino- que animan el cuerpo. El hecho de que los seres posean en un solo cuerpo ambas calidades -aunque en distintas cantidades-impedía su jerarquización. Para esclarecer esta idea, y a su vez ligar con la construcción cultural del género en una variedad de gentes, se especifica que:

“cada polo es el referente del otro, y por lo tanto, se crea una multiplicidad de gradaciones y matices entre ambos, ya que permanecen en una moción el uno hacia el otro. Esta fluidez en busca de equilibrio -o este equilibrio fluido- es una carac-terística relevante que distingue a la polaridad o dualidad mesoamericana de las categorías fijas y mutuamente excluyentes de la teoría del género” (Marcos, 2004: 240).

5°. En lo que respecta a la constitución del cuerpo, en el pensamiento mesoamericano, éste juega un papel importante que no se reduce a ser un mero recipiente o contenedor del complejo anímico. Pues el género encarnado de los seres (Marcos, 2004), permite su participación en la producción y reproducción del cosmos. En este sentido, destaca que en la ontología indígena las deidades también son influenciables a la acción de los seres, y éstos, determinan en gran medida su destino.

6°. Las características de los seres en el pensamiento Pame los ubican en un complejo de relaciones sociales que no se reducen a un solo plano de existencia. Ya que el mundo en el pensamiento de este grupo indígena se divide en tres planos de existencia que interactúan entre sí, bajo una reglamentación muy precisa. Dicha constitución del territorio se encuentra conformado por: el cielo donde viven las almas sin cuerpos, la superficie de la tierra donde viven los seres compuestos por alma y cuerpo, y el inframundo donde se encuentra el cuerpo de los muertos y los demonios o animales.

7°. La configuración del territorio Pame permite apreciar que de las características corporales de los seres, también se desprende su ubicación en el espacio socio-cósmico: hecho que se relaciona con las actividades que les son asignadas.

Por sistema ideológico, entendemos en este trabajo el “conjunto articulado de elementos ideológicos… delimitados por particulares formas de acción, con los que.un grupo social opera sobre un ámbito particular del universo” (López Austin, 1996: 22). En este sentido, es etnográficamente posible establecer que si bien todos los miembros del grupo Pame asentados en la sierra de La Palma consideran a la luna y a la tierra como deidades femeninas y a los encinos como las mujeres del trueno, las alfareras establecen un sistema ideológico y de socialización con estos seres y el territorio a través de una peculiar significación derivada de su actividad.

En lo que refiere a la noción de territorio se ha tomado el aporte de Gilberto Giménez, que define el territorio como el espacio apropiado a través de una construcción cultural de valor utilitario y simbólico (Ibíd, 1998). El análisis del territorio, a partir de la socialización reglamentada entre alfareras y encinos durante la recolección de leña para la quema de alfarería, permite conocer la configuración e interpretación del mismo en “un contexto cultural.. .que les asigna un sentido y una forma particular” (Bonfil Batalla, 1987: 4). Una de las vías para la asignación de significado es el mito; pues a través de él, se reconoce que “la concepción mítica unifica los principios ordenadores del mundo, dando las mismas leyes cósmicas a lo social y a lo natural” (López Austin, 1996: 29).

El lugar de las ollas, los guajes y los comales

La sierra de La Palma se encuentra ubicada al suroeste de la cabecera del municipio potosino de Tamasopo, México, y es una de las estribaciones de la Sierra Madre Oriental.[4]El ciclo anual que rige las principales actividades económicas de la población indígena que la habita, se corresponde con los dos periodos climáticos: el tiempo vivo o de aguas (junio-noviembre) y el tiempo muerto o de secas (diciembre-mayo).[5] Sus suelos son lomas de agostadero cerril, es decir, elevadas pendientes de rocas ígneas, areniscas y sedimentarias que en la mayoría de los casos no permite la obtención de cosechas que garanticen la subsistencia de la familia indígena durante todo el año. En la sierra existen yacimientos de diferentes tipos de barro. Destaca por su belleza la arcilla de color blanco, pero son considerados como los mejores -por su dureza y calidad- los barros de colores rojo y amarillo. Su usufructo suele beneficiar a los indígenas. Ya que las mestizas y mezcladas consideran como no propio efectuar esta actividad, argumentando que es un trabajo propio de indias porque ellas ya lo traen en la sangre. Por su parte, los hombres creen que es un trabajo femenino, ya que la alfarera gesta seres de arcilla (Segura, 2010). Es así como a partir de la actividad ceramista se establece una identidad de etnia, género y clase.

Es pertinente señalar que la elaboración y comercialización de alfarería es vital como apoyo a la siempre precaria economía familiar Pame. La temporada más importante de su venta y producción es durante la época más difícil del año para la actividad agrícola: el tiempo muerto o de secas. Esta relación entre actividades económicas y su importancia para la sobrevivencia del grupo, impulsaron la intervención gubernamental para potencializar el desarrollo mercantil de la alfarería blanca -que es la mejor aceptada en el mercado mestizo de la región- por medio de la impartición constante de capacitaciones encaminadas a ampliar su cartera de diseños pictóricos y modelos de nuevas piezas.[6]

A pesar de la importancia económica de la elaboración y comercialización de cerámica para el grupo pame, se registra que a raíz de la implementación del Programa de Certificación de Derechos Ejidales, algunos miembros del grupo indígena manifiestan que han dejado de tener libre acceso a la materia prima. Ya que algunos yacimientos de leña o yeso, así como los espacios de recolección de leña, han quedado en manos de la población mestiza. Justo es decir que a pesar de la tendencia dominante de establecer relaciones asimétricas con los pames, existen personas de origen mestizo o mezclado que permiten el libre acceso a estos recursos. Ya sea que esta actitud se vincula con relaciones de parentesco o por el simple hecho de reconocer la precariedad económica del indígena.

El origen del mundo y los antiguos

La problemática de acceso a recursos para algunas ceramistas también se explica por las diferentes concepciones ontológicas sobre el territorio y su aprovecha-miento. Para comprender la relación que establece la alfarera con éste a través de su actividad, es necesario conocer cómo relacionan el origen del mundo y los seres que lo habitan a partir de su corpus mitológico. Dado que el mito como producto social, nos permite conocer el pensamiento de “las sociedades que le dan vida” (López Austin, 2006:26). La historia mítica señala que al inicio del tiempo todo era oscuridad y no existía el movimiento, mismo que inicia cuando la Luna baja al inframundo y sostiene un encuentro sexual con el Sol. Como resultado, ella queda en estado de gravidez:

“Antes todo era oscuridad, nada se movía, ahí tan los animalitos hablando unos con otros, esos como meros antiguos. Tenían miedo porque había judíos, esos malos. Pero un día bajó la Luna y pecó, salió “pareada” con el sol grande,[7] los judíos no querían que naciera [Jesús], ahi’tan buscando pa'[ra] matar. (Cuesta Blanca, mayo 2006). “[El Sol-Jesús subió] porque aquí ‘ta gente muy ruina [los judíos] que lo cuerean y traín a chingadazos. Esos [judíos] nomás salen de noche, ‘tan en el monte, ahí ‘tan metidos en los hoyos, cuevos [cuevas], dentro de la tierra…” (Cuesta Blanca, mayo 2006).

López Austin ([1994] 1995) señala que para las antiguas culturas del altiplano central mexicano, los procesos de gestación se concebían como procesos de cambio y transmutación a partir de la unión de los principios femenino y masculino. Idea que se encuentra también presente en el pensamiento pame y que sustenta el actual orden espacio-temporal del cosmos.[8] El embarazo lunar evidencia la fertilidad femenina y masculina, pero en el caso de la Luna, también refiere su capacidad de transmutación:[9] proceso a través del cual la materia primigenia se transforma y evoluciona al status ontológico “del ser”, tanto en la condición anímica como en su corporalidad. Cabe destacar que la obtención de esta condición ontológica requiere del calor, pues éste asegura la estructuración definitiva en los seres, tal y como lo plantea López Austin (Ibíd.) para el pensamiento mesoamericano.

Pero el nuevo orden del mundo Pame también implicó la estructuración del territorio en el momento en que la Luna y el Sol suben, los judíos se esconden en el interior de la tierra y otros seres (entre ellos los humanos) quedan en el espacio intermedio. De esta manera, el cosmos queda dividido en tres cortes horizontales: el cielo entendido como el lugar donde habitan seres como la luna, el sol, las estrellas y las almas de los muertos. El espacio intermedio es ubicado entre el cielo y la superficie de la tierra y es ocupado por las gentes Pames, los mestizos y las formas materiales de los antiguos.[10] El tercer estrato es el inframundo; lugar donde se encuentran los cuerpos de los muertos y viven los “demonios”.[11]A continuación se especifican las características de cada uno de estos espacios.

Allá…arriba, ahí’ta donde viven el sol y la luna

La información del siguiente párrafo ha sido tomada de un trabajo anterior,[12] por considerar que contribuye con el objetivo de sustentar el desarrollo del presente.

“Las ceramistas Pames que ritualizan, piensan que al inicio del tiempo la Luna fue la primera mujer pame que existió. Ella es concebida como la peña u origen, la madre, la abuela y de manera reciente y por la influencia católica la Virgen de Guadalupe. En el idioma pame, luna se escribe nmau [13], nomenclatura que guarda una gran semejanza con el término empleado para designar mes/nmau. Berthiaume (2006:97) registra otra acepción de luna que se vincula con el término madre y antiguo: ragui’… Cuando la luna se encuentra en el periodo del cuarto creciente se conoce como “luna tierna o luna niña”, en esta etapa se muele el yeso pues se piensa que está más suave. Durante el periodo de “luna llena o luna joven” y “luna madura o maciza” (cuarto menguante) se recolecta la leña y se moldea [y quema] la pieza(Segura, 2007: 4).

Como se puede apreciar, en la creencia de las alfareras, la luna es considerada la peña u origen de todas las mujeres de este grupo étnico. Esta condición se relaciona con las siguientes figuras simbólicas: la luna origen/ragui’ que se vincula con el término antiguo y madre. Pero a pesar de su condición maternal, los especialistas rituales afirman que la Luna también tiene una parte de hombre que puede dañar a los seres. Tanto López Austin ([1994] 1995) como Marcos (2004) ya había señalado que el género entre los mesoamericanos se constituye por ambos polos de la relación. Pero el termino nmau se refiere el tiempo mensual, que la población indígena en general relaciona con el periodo menstrual de la Luna. Como se observa, es a través de la asignación de carácter femenino, que la mujer más importante del espacio cósmico se encuentra estrechamente relacionada con la condición de antiguo y el género femenino; liga que se reitera a través del fenómeno de fertilidad (fases lunares) que se le atribuye de manera anual y mensual.

En el calendario anual de la luna se observa una correspondencia entre la época de mayor producción alfarera y su niñez, la cual ocurre en los meses de marzo, abril y mayo. La condición de sequedad medioambiental se relaciona con su inmadurez sexual, misma que se vincula con la preparación de la tierra para la siembra y el poco alimento disponible en el monte. Es en el plenilunio de los meses citados, cuando las alfareras producen la mayor cantidad de alfarería durante el año. Esto es posible por las condiciones climatológicas, condicionantes que además de su función técnica, han sido simbolizadas como el principio masculino que impide que estos seres de esencia predominantemente fría y acuosa se deshagan durante las fases de su gestación previas a la quema. De nueva cuenta encontramos, como en el pensamiento Pame lo masculino y lo femenino se relacionan en un sentido de complementariedad.

El plenilunio también posee otro significado importante, pues las alfareras creen que la luna en este periodo es fértil y puede transmitir parte de su esencia a las ollas y comales que elaboran. Se señala que si bien la luna es una niña durante la época de secas anual, esto no impide que ella pueda transferir esencia durante su periodo de fertilidad mensual. Cabe destacar que las alfareras piensan que por ser la luna una chiquilla, la alfarería es un tipo de gente que no es completa, a su decir, estos seres salen mal. Durante el tiempo de secas o muerto, la contrapartida solar-masculina manifiesta un considerable aumento de su poder calórico traducido como un desequilibrio de las fuerzas.[14] Este desfase se explica por la condición infantil de la luna; ella acaba de renacer, tras su muerte en el norte. Su fertilidad apenas comienza a madurar y será con el inicio de su juventud que se restablecerá el equilibrio entre ambas calidades y se dé inicio al tiempo de vida o de aguas.

Aquí, donde estamos

La determinación de los seres y del mundo actual sucede en el momento que el Sol-Jesús abre sus ojos:

“Dicen que cuando nació Jesús abrió sus ojos y salió la luz, se alumbró todo y los animalitos se miraban unos [a] otros. Se vio todo bien bonito en el mundo, los árboles, las flores, los pajaritos, todos fueron los que cantaron porque bien bonito que se ve todo, que gusto tienen, es el mundo de nosotros. pero Jesús se fue, se subió al cielo como sol, su mamá como luna” (Cuesta Blanca, mayo 2006).

La permanencia hoy en día, de la forma corpórea y función social de estos seres primigenios, se justifica de nueva cuenta a través del mito como un orden que jerarquiza su ubicación social (roles genéricos) y territorial (espacial) de acuerdo a un destino impuesto por el Mero Grande:

“Hubo una reunión de todos los seres, de todos desde [el tiempo] antiguo porque Dios [el Mero Grande] iba a decidir cuál de todos [los seres] debía gobernar. Ahí ‘tan el león, el toro, el perro, chachalaco, todos y el hombre ahí ‘ta. Dios dio el poder para que el hombre dominara todos [los demás seres], que los gobernara. Por eso el hombre trabaja la yunta de toros, tiros de mulares y de caballares, esto es así porque son ideas de Dios, para que [el] hombre salga delante, que pueda seguir su vida delante” (Vicente Guerrero, mayo 2006).

El mito justifica la posición jerárquica del hombre en relación a los otros seres. En esta parte del análisis encontramos el uso de la tierra a partir de la división sexual del trabajo. Además de la agricultura, existen otras actividades definidas como masculinas y que también tienen relación con el uso del territorio,[15] entre ellas, la construcción de la casa y la limpia de caminos. Se observa que ambos casos conllevan la eliminación del monte y la modificación profunda del territorio, pues se establece que el monte es un espacio inapropiado para que lo habiten los seres humanos.[16]

En contrapartida, a las mujeres se ha designado la elaboración de alfarería. Actividad que requiere incursionar en el monte para la obtención de barro, yeso de luna, leña seca y podrida. Pero se observa una diferencia importante entre el impacto de la acción del hombre y los efectos de la relación femenina; a excepción del proceso de extracción de arcilla, la alfarera no modifica sustancialmente este territorio. Esta actitud en partes se explica porque los miembros de este grupo cultural lo relacionan con el lugar que es habitado predominantemente por los primeros antiguos y las mujeres no son tan fuertes para enfrentarlos. Existen varios tipos de estos seres, a todos ellos se les reconocen estados de ánimo y diferentes grados de amigabilidad con el ser humano. Por ejemplo, de la gallina de monte se piensa que son gentes miedosas que huyen del contacto con el ser humano. Por el contrario, las víboras son seres pensados como los perros de diablo y se les atribuye una actitud de animadversión.

Por esta razón, las alfareras siempre van acompañadas a recolectar el yeso y la leña para su actividad. Llevan bordones que emplean para revisar el camino, de modo especial, aquellos lugares donde existen boquetes o apilamiento de piedras. Ellas temen toparse o ser perseguidas por algún nagual o los perros del diablo. Aunque los naguales y las víboras se piensan como seres del inframundo, suelen hacerse presentes en el territorio intermedio, espacio al cual acceden a través de las oquedades de la tierra.

La recolección de leña presenta restricciones que reglamentan la relación de las alfareras con estos seres no humanos. Se establece que solo pueden tomar leña de encinos caídos y nunca hacer uso de un encino que ha sido tocado (quemado) por el Trueno,[17] pues se cree que los encinos son sus mujeres y aseguran que cuando alguna de éstas le gusta, “pos va y la agarra, ésa es de él, si la usamos nos mata” (Cuesta Blanca, mayo 2006).

Es importante reiterar que la elaboración ritual de alfarería es una homologación del proceso de gestación humano (Segura, 2007). En este contexto, la condición de putrefacción en la leña posee una importante función simbólica al relacionar “su pudrición” con la fertilidad y los procesos de gestación. Esta condición, en conjunción con los ciclos lunares apropiados y la intervención del señor fuego durante la cocción, es lo que permitirá que los seres de barro sean dotados de alma. Se observa que en el estrato territorial intermedio se conjugan las fuerzas calientes y frías, convirtiéndolo en el ámbito de la reproducción y la transición.

Durante lo más álgido del estío, los encinos moderan el impacto calorífico. Se piensa que esa es también una de sus funciones, pues de lo contrario morirían quemados todos los seres que habitan “aquí, donde nosotros vivimos” (Cuesta Blanca, mayo 2006). [18]De nueva cuenta, se encuentra la relación que señala el establecimiento del equilibrio entre las fuerzas frías y calientes, pues en ausencia de la luna niña que “nomás juega, nosotros somos como sus juguetes, no pone [a]’tención [a] sus hijos, no cuida, es chiquilla, no piensa” (Cuesta Blanca, mayo 2006), los encinos moderan las cálidas condiciones medioambientales.

Las mujeres arbóreas también cumplen con la función cósmica de llamar, a partir de junio, al Trueno para que derrame las lluvias fecundas sobre la tierra. Es importante señalar que la fecundidad del Trueno se corresponde con el inicio de la madurez sexual en la joven Luna. Se observa que la tala inmoderada ha diezmado los bosques y con ello se ha reducido el volumen de precipitación pluvial, pues a decir de las alfareras, “el Trueno está enojado porque la gente ruina mata a sus mujeres” (Cuesta Blanca, mayo 2006).

¿Los huesos de la luna?

El mito de origen asegura que los accidentes orográficos son resultado de la inserción de los huesos de Dios (rocas y piedras), quien los colocó entre la carne del Lomo del Diablo (que era plana y llana) para darle forma a los ríos, valles, cañones y cadenas montañosas. Estos relieves permiten la contención de aguas y que “el monte pueda agarrarse” de la tierra. Según explican las alfareras, una de las funciones de la vegetación y del relieve orográfico es evitar el desperdicio de agua para garantizar la fertilidad de la tierra. Si los Pames creen que las piedras son los huesos de Dios, entonces surge la pregunta de por qué determinado tipo de yeso es denominado yeso de luna. Tal vez sus propias características físicas nos aproximen una respuesta. A pesar de la existencia de otros elementos minerales presentes en la orografía de la sierra, es el yeso el que presenta las propiedades idóneas para dar consistencia al compuesto de arcilla para la elaboración de alfarería, pues a diferencia de otro tipo de piedras, no cuartea las piezas moldeadas al momento de su quema, cualidad que contribuye (junto al fuego) a la estructuración de estos seres.

Además, su composición química permite que pueda ser quebrado y molido con herramientas rudimentarias.[19] Esta suavidad lo diferencia de otro tipo de piedras o huesos de Dios. Entre los Pames lo blandito (asociación con lo suave) es una característica atribuida a lo femenino. Se cree que la luna es de piedra blanda, pero esta relación no es la única que la vincula con el yeso. El proceso por el cual el yeso se reduce a un estado de polvo granulado se efectúa durante el cuarto creciente. Las alfareras atribuyen a la esencia (alma/fuerza) de la luna niña o luna tierna una mayor suavidad en este material. Es posible pensar que la conjunción de los referentes citados sea lo que da su nombre y características ontológicas a este tipo de yeso.

Cabe destacar que su recolección y/o extracción no implica una aparente acción de carácter religioso. Se observa que las alfareras se cuidan de no ir a recolectarlo cuando el suelo está húmedo, pues se vuelve resbaladizo y chogoso.[20] Mientras llueve, las alfareras no pueden romper o quebrar el yeso, pues creen que el golpe de piedra con piedra o de piedra con metal (mazo) enoja al trueno. Tampoco debe de molerse el yeso en metate, pues al trueno le disgusta que se alce el brazo. Esta expresión hace referencia al movimiento ascendente y descendente que es necesario realizar a lo largo del metate con el metlapil para moler este material. En este caso, sólo es posible limitarse a la mención de la relación que se establece, pues no se cuentan con los elementos suficientes que expliquen su significado.

El Lomo del Diablo y el inframundo

En lo que respecta a la obtención de barro, se reitera el señalamiento de que el yacimiento de arcilla blanca más importante de Cuesta Blanca se localiza en La Hierbabuena, paraje que actualmente se ha transformado en cultivos de maíz y de caña. Se observa que aunque su ubicación ya no corresponde de una manera absoluta al monte (pues es un espacio culturizado por la actividad agrícola), las nociones religiosas de tipo simbólico que se relacionan con este lugar, sí se vinculan a un ente calificado de malo: el Lomo del Diablo.

La tierra también es considerada como una mujer de carácter dual y se le homologa con el cuerpo humano. Esta deidad abarca todos los tipos de terrenos; el monte, la milpa, los asentamientos humanos, pero destaca la asociación del cementerio con el aparato reproductor femenino. Se piensa que esta deidad al inicio del mundo estableció un acuerdo con el Dios masculino en los siguientes términos:

“La tierra come muertos porque es el Lomo del Diablo. Dicen que cuando el hombre intentó ararla hacia un surco por delante y la tierra se iba cerrando por atrás, no se dejaba la tierra… Ahí es donde yo creo que Dios se puso en condiciones con la tierra: que se dejara rasgar y cultivar, pero el compromiso ya se sabe, que se muere [las personas] y ahí va dar [a] la tierra, Ahí es donde fue el trato y la gente comenzó a trabajar, pero al morir se la va a comer la tierra” (Vicente Guerrero, mayo 2006)

De nueva cuenta, se observa que el mito determina un orden cósmico y social. En este caso se reafirma la asignación dada a los hombres de ejecutar las “fatigas duras de la siembra y la cosecha” (Cuesta Blanca, mayo 2006). Aunque no se explicita en ningún mito, a las mujeres se ha “destinado” la elaboración de alfarería, actividad a través de la cual mantienen una cercana relación con esta deidad tectónica. Actualmente la extracción de barro no reviste una ritualidad, sin embargo, las alfareras más ancianas reconocen que “los de na’ntes si pedían permiso a la tierra, porque le arrancamos su carne. Por eso cuando morimos ella nos traga” (Cuesta Blanca, abril 2006). Las alfareras establecen una relación entre la fertilidad y muerte como continuidad del orden y la preservación de la vida.

Es durante el proceso de elaboración que las alfareras manifiestan actitudes rituales con esta deidad que dota de materia (carne) a los seres de arcilla. Esta ritualidad es la socialización que las alfareras deben de observar en su trato con esta deidad. Entre las principales reglamentaciones se debe reiterar con ella, los términos de lo acordado en la historia mítica a través de la fórmula: “deja que te coma primero, que después me comerás tú a mí” (Cuesta Blanca, mayo 2006). Salvo esta frase, no es “recomendable platicar con ella”, a menos que sea con un lenguaje simbólico basado en metáforas y tropos, pues las mujeres de barro tienen un lenguaje al revés. Además no se debe permitir a nadie, especialmente a los mestizos, observar el proceso de elaboración. Para el modelado o la formación de este ser de barro, se deberá estar al resguardo de la intemperie en un espacio cerrado que no permita la libre circulación de ráfagas de vientos malos, ya que estos seres de esencia fría malogran su gestación.

Conclusiones

A través de su actividad las alfareras cuestablanquenses tienen una relación de carácter ontológico con los seres femeninos y masculinos más importantes que habitan el cosmos pame. Esta relación se establece en todos los estratos del territorio cósmico; con la Luna y el Sol a nivel celeste, con las mujeres del Trueno, el yeso de luna y el Señor Lumbre en el nivel intermedio y con el Lomo del Diablo a nivel inframundo. Cada uno de estos seres posee propiedades que permiten la obtención de una alfarería maciza y bonita. Se observa que el elemento vehicular que vincula a las mujeres no humanas que aquí se citan, es la capacidad de transmutación, la cual es manifiesta en sus propios cuerpos. Se destaca entonces que no sólo es la condición anímica la que se comparte para la conformación de una nueva gente, pues la materia también es fuente de intercambio.

Por lo tanto, la relación que la alfarera establece con estas entidades no sólo busca su autorización para utilizarlas, sino también que compartan de buen agrado parte de su esencia, y en los casos que así lo requieran, su carne para la gestación de estos seres de arcilla. Todos y cada uno de estos seres son capaces de unir parte de su materialidad con la de otros tipos de gentes para dar origen a un nuevo ser: la alfarería. A pesar de que los seres de arcilla se conforman de las partes físicas y anímicas de otros seres, se sustenta que después de su cocción adquieren una condición autónoma de todos aquellos que las conformaron. Se observó que las mujeres de arcilla no sólo cumplen la función o rol social de transmutar el alimento a través del acto de cocinar, también poseen subjetividad, la cual es manifestada a través de sus estados de ánimo.

El rito posee un carácter de temporalidad cíclica, pues la elaboración ritual de alfarería obedece de modo puntual al calendario anual y mensual de la luna. En el caso de sequía, la fertilidad mensual de la luna se extiende a otros meses y es aprovechada por las alfareras para la obtención de ollas y comales cuya posesión anímica los hace bonitas y fuertes. Pero el rol femenino no sólo refiere la transmutación de la materia que da origen a nuevos seres; a las mujeres también corresponde mediatizar la energía solar-masculina que puede llegar a ser agresiva, a grado tal, que puede provocar la muerte de los otros seres. Como dirían las mujeres en referencia al rol de los encinos; no dejan que el sol “recale” contra los otros seres de la creación.

Pero esto no excluye el carácter ambivalente de la deidad lunar, pues por un lado, ella es una chiquilla que juega con sus hijos y por tanto los descuida. Sin tomar conciencia de la magnitud de sus actos. Pero éste no es el único momento de peligro para la humanidad, pues durante el invierno y a medida que se aproxima a su senectud, ella ve incrementado su gélido poder, a grado tal, que también puede provocar la muerte entre los seres. Pero en este caso y a diferencia del sol que envejece y no muere, es necesaria su muerte. Sólo el sacrificio -acto violento por excelencia- puede detener el avance de su daño.

Se concluye que para las alfareras Pames, el monte, del cual extraen los insumos necesarios para su actividad, no sólo es fuente de recursos. Éste es un espacio social habitado por distintos tipos de seres, de condiciones anímicas y corporales variadas que también forman parte de su red de socialización. La reglamentación que norma estas relaciones sociales se vincula al intercambio realizado entre seres de distintos tipos, donde, como en el caso del Lomo del Diablo, la promesa de restitución requiere el cuerpo de la alfarera a su muerte. Ontología que establece un abismo, con la ontología economicista de la política agraria del Estado mexicano. Es así como continúa vigente la pregunta de cómo conciliar los derechos humanos y culturales de los pueblos indígenas con las políticas neoliberales.

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[1] Mezclado es el hijo de indígena y mestizo.

[2] Fecha de Aprobación: 24 de mayo de 2006. Fecha de Promulgación: 30 de mayo de 2006. Fecha de Publicación: 01 de junio de 2006. Fecha de Última Reforma: 08 de julio de 2010.

[3] Debido a la condicionante de espacio, no es posible ampliar la discusión de dicho punto.

[4] La Sierra Madre Oriental es uno de los dos complejos orográficos que atraviesan por todo lo largo el territorio mexicano. El otro complejo es denominado como la Sierra Madre Occidental.

[5] El inicio y término de los tiempos referidos es aproximado, ya que éste puede variar por condiciones climatológicas. Específicamente, variaciones en la temporada de lluvias.

[6] Cabe señalar que en un inicio esta intervención fue accidentada; pues los funcionarios públicos desconocían el valor simbólico de la alfarería de autoconsumo. En algunos casos, proponían cambios al proceso de elaboración. Sugerencias que causaban conflicto a las alfareras, pues el proceso de elaboración es en términos simbólicos homologable a la gestación de los seres humanos.

[7] El sol grande es conocido como el Mero Grande, deidad calórica que conceptualmente ubican hacia el sur. Se piensa que es un sol de inmensas dimensiones a quien se atribuye una capacidad calorífica que puede quemar el mundo. Razón por la cual se piensa no se manifiesta a los seres de este mundo. A esta deidad solar, le siguen en la jerarquía celeste el Sol-Jesús, cuya ubicación espacial va del poniente-oriente. De la Luna-Guadalupe, se dice que su “casa” esta en el norte. Las estrellas son concebidas como los ejércitos (de hombres y mujeres) del Mero Grande. Entre los Pames el término “pareada” significa embarazada.

[8] Según explicaba uno de los chamanes “la luna nos cuida de noche cuando el sol no nos ve. Hay orden, de día con luz de sol trabajo, de noche con luz de nuestra madre descanso, no todo el día puro trabaje y trabaje” (Cuesta Blanca, septiembre 2005).

[9] El embarazo es considerado como un proceso de transmutación.

[10] Se considera como antiguos la flora, la fauna y el paisaje orográfico incluyendo a las piedras.

[11] Muchos de estos seres suben al espacio intermedio en forma de víboras, malora o mal aire, espantos y naguales.

[12] SEGURA, Jurado Mónica Margarita. (2007). “Mercados globales y patrimonio cultural: el caso de las alfareras Pames de Cuesta Blanca”. Ponencia presentada en el Segundo Encuentro de Estudiantes e Investigadores de Arte y Patrimonio Cultural, en la Universidad Veracruzana. Xalapa, Veracruz. México.

[13]Información proporcionada por el maestro bilingüe Constantino Gómez.

[14] El desequilibrio de fuerzas correspondiente al ámbito femenino corresponde en el calendario lunar a “La Luna Vieja”. Durante este periodo ella se va al norte, a su “casa” a morir. Es el tiempo de fríos, que en el calendario Gregoriano correspondería al invierno.

[15] Se piensa como masculinas todas aquellas actividades que se califican como “difíciles” y “pesadas”, que requieren “fuerza”, “valor” e “inteligencia”.

[16] Anath Ariel de Vidas (2003) encuentra una idea similar entre los Teneek de Tantoyuca.

[17] El Trueno es una de las principales deidades del panteón pame. Uno de los curanderos afirmó que a través de los encinos pasan las fuerzas frías y calientes que “ordenan el mundo”. (Cuesta Blanca, agosto de 2005). Esta afirmación recuerda la importancia de los árboles como conductores de fuerzas cósmicas y como estructuras que mantienen la separación cielo-inframundo (López Austin [1994] 1995).

[18] Obsérvese que existe una relación de género entre los seres: masculino es el calor del sol y femenino/ frío a través de las figuras simbólicas de los encinos y la luna. Pero esta relación genérica también se relaciona con el equilibrio medioambiental. Marie-Odile (1995) registra una relación simbólica muy parecida a la aquí citada, entre los lacandones de Chiapas.

[19] Estas herramientas son: dos piedras para romper el yeso (una de las cuales puede ser sustituida por un mazo) y un metate para molerlo.

[20] Pegajoso.

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