Nosotras, una hoja de ruta: Entrevista con Dora Barranco, Carla Cárdenas e Ignacia Banda

Introducción 

Bicentenarias e Independencias. Mujeres en la Historia y en la Memoria de Chile” y “Mujeres 1810-2010” son dos exposiciones montadas en Chile y Argentina respectivamente que analizan la participación femenina en los procesos histórico-culturales a celebrar en estos doscientos años de conformación y consolidación de los estados republicanos de ambos países.

La muestra en Chile es fruto del trabajo de un grupo de profesionales de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM) y académicas de la Universidad Católica de Temuco y La Serena, además del patrocinio de la Comisión Bicentenario. Cada investigación toma distintas miradas sobre la participación de las mujeres en la historia de Chile, ya sea desde el contenido local, las mujeres emblemáticas o bien tensiones en un mismo campo de la vida, es precisamente estas dualidades y contradicciones lo que enriquecen la exhibición, además de la posibilidad de que el o la visitante deje plasmada su visión en un panel en blanco. Estas tensiones también se ven reflejadas en la exhibición “Mujeres 1810-2010” del país vecino, Argentina, en donde los cuatro pisos que colman la Casa Nacional del Bicentenario de Buenos Aires deslumbran con la fascinante de cada suceso, así podemos encontrar un rincón que dice: “Ninguna Mujer nació para Puta”, mientras se muestran los anuncios del diario de señoritas ofreciendo sus servicios nocturnos. Ambas exposiciones han tenido una excelente repercusión en los espacios en los cuales han sido exhibidas, en el caso de Argentina se extendió más allá de lo planificado originalmente por el marco de público recibido y en Chile la itinerancia en el Museo Regional de La Araucanía de Temuco, en el Museo Gabriel González Videla de La Serena y la Biblioteca de Santiago ha sido todo un éxito.

La relevancia histórica de estas exhibiciones al plasmar los distintos enfoques de la historia de las mujeres en la construcción de república de cada país, no se encuentra exenta de desafíos al situarse desde una plataforma oficial que satura constantemente todos los espacios con un protagonismo de exclusiva heroicidad hegemónica masculina. Escenario que además instala los escasos discursos en relación a los sujetos históricos femeninos con preponderancia a ensalzar figuras de excelencia. Concepto que encierra un aporte exclusivo de ciertas mujeres con dotes de excepción a la construcción del país, que precisamente estas muestras intentan evitar. Ambas exhibiciones se apropian del espacio oficial y conflictúan el escenario bicentenarizado para posicionar actos de participación femenina que erosionaron y desafiaron los prejuicios sociales de su época. Pero también nos presentan prácticas que perpetuaron las tradiciones y, en algún punto, las desigualdades sociales.

La entrevista presentada a continuación vincula las miradas de estas dos exhibiciones desde distintos protagonismos, Dora Barrancos, destacada historiadora argentina quien asesoró la organización de la muestra “Mujeres 1810-2010”, mientras que en Chile la historiadora Carla Cárdenas y la socióloga María Ignacia Banda, investigadoras jóvenes chilenas, fueron contratadas por la Dibam para realizar la hoja de ruta de la exposición “Bicentenarias e Independencias”. El desafío es entrecruzar opiniones que hacen referencia al estereotipo de lo femenino como un punto de vista diferencial, y el rescate de una memoria que nos revela una genealogía presente pero invisibilizada.

Equipo editorial

Respecto de la invitación a generar una muestra conmemorativa de estas festividades nacionales, ¿no resulta contradictorio plantear a la mujer como tema, es decir, propugnar la inclusión desde la discriminación?

Dora: Vivimos en una sociedad donde las mujeres están discriminadas, por lo tanto, hacer una muestra que exponga justamente esa discriminación no sólo no es contradictorio sino que se convierte en un acicate crucial para la conciencia de las/los espectadores. Tal el objetivo de nuestra muestra, contribuir a la conciencia crítica comenzando porque se comprenda la inequidad de género.

Carla e Ignacia: Una inclusión o exclusión sólo es discriminatoria si es arbitraria. Si concordamos en esto, la posibilidad de integrar la diversidad de las experiencias de mujeres en una conmemoración protagonizada, en su inmensa mayoría por hombres, y cuya referencia a sujetos históricos femeninos ha sido marginal y usualmente en torno a la idea de excepción, hace que estas propuestas emerjan como una oportunidad de visibilizar cierto margen de historia que no circula extensivamente ni en las aulas, ni en los medios de comunicación masivos, ni en las discursividades institucionales que atiborran de anécdotas y metarrelatos la narración histórica de una convivencia nacional que es en sí discriminatoria. El tema no son necesariamente las mujeres como “sujeto histórico”, sino más bien sus experiencias concretas, los imaginarios ideales que las/nos delimitan y los desafíos que sus entrecruces signifiquen, ni total, ni linealmente.

¿Cuál es la relevancia del rescate historiográfico de la participación femenina para las organizaciones feministas y de mujeres?

Dora: Creo que es una contribución de gran significado, al menos es lo que nos han hecho saber muchas compañeras de la enorme mayoría de los movimientos feministas. Es que nada ayuda más a los propósitos del feminismo que mostrar la opresión transhistórica de las mujeres, y sobre todo percibir con imágenes, instalaciones osadas y textos instigantes la larga vigencia del sujetamiento.

Carla e Ignacia: El reconocimiento en un colectivo es parte importante de la experiencia comunitaria femenina, el rescate historiográfico a veces olvida que ésta no es la historia del tránsito entre la nada y todo el resto. Si hubiera un estado de marginalidad absoluta de las mujeres de la vida política, sobre el cual un buen día comienzan a perfilarse formas de participación femenina decidida y con objetivos, no sería tan interesante como es, según el panorama visto desde una idea central: siempre hubo mujeres en las organizaciones sociales, ya sea en forma activa o pasiva, formando secciones femeninas, o colaborando con sus compañeros en tareas asignadas desde una visión restrictiva de lo político. En las organizaciones feministas y de mujeres nos cuesta darles a estas mujeres la importancia que se merecen, no en tanto que próceres, sino en tanto que integrantes de muchos procesos que hoy son parte de nosotras, y en la medida en que transmitieron ideas que hoy acogemos, o bien criticamos con entusiasmo. No es sólo una mala costumbre nuestra, muchos movimientos suelen querer héroes o heroínas. Pero en nuestra perspectiva de lo que una celebración de Bicentenario en Chile significa, tenía mucho más sentido evidenciar contradicciones, que reclamar un puesto en la galería de la fama… o de la infamia.

¿Por qué hacer una muestra bicentenaria sobre mujeres? ¿Pasa por reconocerse a sí mismas como sujetas políticas diferentes y específicas respecto de los hombres y la política masculina?

Dora: Entre los actos conmemorativos del Bicentenario creo que se imponía por derecho propio que las mujeres pusieran en evidencia “que entonces y siempre habían estado”. Desde luego, fue un acto de autorreconocimiento, una puesta en evidencia de los silencios de la historia, la invisibilidad de la que habían sido víctimas.

Carla e Ignacia: La exposición es una oportunidad marginal, el debate que a modo de recapitulación pueda hacerse en una instancia como el “Bicentenario” se desprende justamente de la intención de consignar todo el espectro de expresiones políticas femeninas: y dejarlo ahí, a la observadora, al observador, a cualquiera que esté atenta/o a entender las distancias entre las sujetas políticas en Chile, y cómo la participación de las mujeres en la vida política es tan diversa como contradictoria, tan rica como polémica, tan individual como colectiva. El reconocimiento de una especificidad política, distintiva es algo que sólo podríamos asignar cada una a partir de su subjetividad, y no desde artificios políticos nacionales. Pasa por reconocer que, más allá del debate sobre las diferencias entre una política masculina y otra femenina, las mujeres tenemos una historia política particular, así como cualquier sujeto político descartado de antemano por la historia política de los hombres.

Cuando decimos con Kate Millet que lo personal es político, ¿cómo articula la muestra, en este espacio común denominado nación la participación de mujeres de ideologías distintas?

Dora: Nuestra muestra, creo, más que en Nación, pensó en Sociedad. En todo caso se inspiró sobre todo en la idea de que la conmemoración del inicio de la vida independiente no encuentra autónomas a las mujeres. Me parece que todos los actos representacionales del Bicentenario en nuestro país tuvieron como eje no ocultar los errores y horrores del pasado. Nuestra muestra exhibe la perdurabilidad de la discriminación.

Carla e Ignacia: La muestra transita por experiencias de mujeres en este lapso de tiempo definido como constitutivo de la “identidad nacional”. Se trata de una invitación a visibilizar, desde una historia posible, la presencia femenina, desde el conflicto mismo de “ser” y “deber ser” mujer, biomujer, en un país social y geográficamente heterogéneo. De este modo no se trata de la “participación” como una serie de actos, más o menos emblemáticos, sino más bien de la “vitalidad” como constante y ruptura, y de las proyecciones e imposiciones sobre esta presencia, en este escenario, podríamos hablar de una heterogeneidad ideológica tanto entre diferentes mujeres, como en cada una de ellas/nosotras, lo personal es político, y por lo tanto lo político y lo ideológico no es estático ni necesariamente coherente. Esta incoherencia personal y colectiva nos ha interesado, justamente, por el cuestionamiento que ofrece a la costumbre de disputarse este espacio común que pretende ser la nación.

Luego de esta revisión bicentenarizada sobre los hitos que han marcado quiebres con la participación femenina y entendiendo que ambos países manifiestan procesos algo similares, ¿qué temas evidencian indudables demoras y necesitan de acciones urgentes?

Dora: Los derechos en mora tienen que ver, desde mi perspectiva, con dos grandes dimensiones: la esfera laboral, en donde más se infringen prerrogativas debido a las diferencias enormes de oportunidades y retribuciones con los varones, y el derecho a la no reproducción. Nuestra agenda tiene como cuestión central el aborto. Desde luego, la cuestión de la violencia siempre ocupa un lugar destacado.

Carla e Ignacia: Con el recorrido de esta exposición podemos evidenciar que la historia claramente no es lineal ni evolutiva, en este sentido los temas pendientes son desafíos que poseen en si mismos trayectorias históricas repletas de altibajos. Así, por ejemplo, en el caso de la educación, las políticas, privadas o estatales, religiosas o laicas, albergan enormes discrepancias en torno a los desafíos que la perspectiva de género implica para sus prácticas educacionales, producciones académicas y reproducciones de estereotipos. Otro punto, las resistencias al cambio y las inercias dentro del trabajo remunerado y doméstico siguen respondiendo a prácticas vinculadas a imágenes de género dominantes, así la inserción laboral de las mujeres en condiciones equitativas con los hombres, son desafíos más que reconocibles para la generalidad de la sociedad chilena. También es estimulante, en el territorio en disputa que es el cuerpo, situar propuestas desde las corporeidades y su juego como una opción que inquieta estructuras, desestabiliza sujeciones, permite deslizamientos, inquiriendo sobre los límites de los mismos. Es importante reconocer que lo que comúnmente llamamos “lecciones del pasado” no son sólo aprendizajes sobre algo que se hizo mal, sino verdaderos ejemplos de una forma de hacer las cosas que hoy, muchas veces, no podríamos imitar aunque quisiéramos. Por culpa del conservadurismo que en Chile no es nuevo pero tampoco es el mismo de hace 30 o 40 años, hay temas en los que no sólo ha habido demoras sino espectaculares retrocesos. El aborto terapéutico, por ejemplo, que se está empezando tan siquiera a debatir hoy en este país, existía a fines de los 60 y durante la UP. Y no lo decimos como una de las bondades de la revolución con empaná y vino tinto, sino como una de las pérdidas que nuestra historia reciente nos legó. La urgencia está en la acción, pero la acción es imposible así sin más, en la creencia de que somos las primeras que se nos ocurre, y que la realidad que vivimos y que no nos gusta ha sido siempre así.

De qué manera las imágenes, representaciones, imaginarios instalados progre-sivamente por los medios de comunicación les valieron de enunciación para exponer las barreras que separan –supuestamente- lo privado de lo público, la estructuración de estereotipos sociales y políticos, la tipificación de roles, exigencias, e idealiza-ciones? entre muchos temas.

Dora: Deseo aclarar que la separación tajante de lo privado y lo público es una operación formidable del patriarcado, de existencia incontestable y no un mero supuesto. Aunque todos los medios dedicaron notas, por lo general muy elogiosas, en la mayoría redundaban algunos lugares comunes y superficiales sobre esa dramática división de esferas. No todos advirtieron que el mensaje de la muestra era “desangelizar” la vida privada mostrando que también allí había construcciones políticas notables, sin ir más lejos exhibiendo la saga de las Madres de Plaza de Mayo. Sólo una parte de los medios interpretó ajustadamente el mensaje.

Carla e Ignacia: Para dar cuenta del carácter múltiple de las experiencias, se trabajó desde una distinción entre el deber ser de lo femenino, su escenificación concreta y los desafíos pendientes, en tanto pugnas no resueltas. Desde este esquema se desprende que las identidades de las mujeres, su lugar en el trabajo, e hitos tales como la obtención del derecho a voto, la incorporación a la educación y el control de la natalidad, no son objetos inmóviles caracterizables en forma segregada, sino a través de las tensiones que se entretejen cuando entendemos que la historia de las mujeres es siempre un cruce de variables que no da lugar a representaciones insignes ni estáticas. Por lo general abundan evidencias de la contradicción, no así de uniformidad. En el momento que encuentras una representación o una evidencia de la dulzura total, la pasividad total o la rebeldía total, sabes que estás frente a una idealización. Y frente a eso, las imágenes y los relatos de la vida cotidiana, hablan con voz propia. Lo que hemos señalado como una escenificación concreta de lo femenino idealizado por unos u otros no es necesariamente diametralmente opuesto a estos estereotipos. Es muy interesante, y esa es nuestra principal motivación al pensar en esta muestra, observar en qué manera somos, casi siempre, una mezcla entre lo que se espera de nosotras y lo que esperamos nosotras mismas, con diferentes grados de autonomía. Mientras más, mejor, de eso no hay duda.

La participación de la muestra en un espacio que podríamos denominar oficial, inserto en el contexto de celebración patrimonial, produjo delimitaciones discursivas a la hora de montar la propuesta?

Dora: La verdad es que las tres responsables por el guión (junto conmigo actuaron Mirta Lobato y Laura Malosetti Costa) hemos quedado muy conformes con la aceptación de nuestra perspectiva y de las líneas maestras que rigieron el montaje. Tanto la dirección de la Casa del Bicentenario como el equipo de producción realizaron una tarea notable de completo acatamiento al objetivo central y los procurados en cada una de las secciones/dimensiones de la exhibición. Desde luego, hubo muchísimas discusiones para acercar las perspectivas, nuestros intereses y las de la producción. Trabajamos intensamente durante más de un año, y creo que los resultados fueron notables. Tal vez podríamos haber variado algunos aspectos, producir sentidos mayores en torno de algunos ángulos, en fin,podríamos haber cambiado muchas cosas, pero eso puede ser otra exhibición. Esta nos deja muy complacientes.

Carla e Ignacia: La propuesta de “Bicentenarias” es el fruto de un trabajo que reunió a distintos equipos de profesionales desde una iniciativa institucional. Nosotras podemos hablar de una propuesta, que en el campo del pensar e investigar se movió en un espacio de relativa libertad. Relativa no sólo por el apremio institucional, sino también los recursos disponibles en el tiempo que teníamos, y la necesidad de mantener una línea más o menos común con el trabajo de investigadoras en otras regiones. En ese sentido, más que delimitaciones externas, fue un esfuerzo colectivo permanente el construir algo que cada grupo –en La Serena, Santiago y Temuco- pudiese adoptar a su manera y con sus propias prioridades.

No nos sentimos especialmente coartadas por la idea general de esta celebración, con la cual tenemos nuestras diferencias. Apuntamos a dar a entender nuestra perspectiva desde la contradicción que conlleva celebrar 200 años de una nación unívoca que no es tal, entendiendo que podía sufrir una que otra modificación más allá de nuestra influencia. De cualquier forma, es finalmente el público el que hace sus propias delimitaciones, y esperamos que así sea, esperamos provocar la discusión sobre las que faltaron y las que sobraron y por qué, sobre qué importancia puede tener, o no, releer las historias, buscar a las otras o buscar a las mismas. Nuestra labor se redujo a dar pistas que pueden despertar buenas ideas, o no conducir a nada desde la salida de la exposición hacia afuera.

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