Jorge el Curioso

 

Bastián Andre Besnier Di Biase

 

Jorge Violencio prende un cigarro en el piso 50 del edificio costanera. Fuma acelerado, como arrancando, como viendo una grabación de cuando era pequeño. A sus pies está la ciudad, su ciudad, su línea del metro, su transnacional de supermercados, sus secretarias de senos prominentes. Bustos, tetas, callaguaguas, ricas, se dice a sí mismo, sudando frío, convenciendo al aire. Suena el teléfono. Susana, la secretaria. Recoge el auricular con la mano temblorosa.

-¿Don Jorge?- preguntan del otro lado.

-Ss..ssii- tartamudea.

-Llegaron los resultados del examen.

Jorge cierra los ojos tratando de olvidar. Anoche, una noche loca, loca, como las de antes con los amigos de la universidad, unas cuantas prostitutas, el sudor de los cuerpos. Jale, Jack Daniels y un poco de sexo apretado. Todo era difuso ¿le habrán echado algo a la falopa? Le sobajea sus senos, la enreda con las manos y baja por su cintura hasta sentir un bulto prominente. CON-CHA-TU-MA-DRE. Silencio. ¿Querí probar?

Jorge aprieta los ojos tratando de no recordar. El amiguito Juan Franco, el fútbol los martes, la ducha de los camarines, las primeras erecciones. La auxiliar del estadio gritando, su papá golpeándolo hasta los prejuicios. A lo lejos, Jorgito veía las piernas de los defensas mientras, por las noches, se limpiaba con las sábanas de pókemon.

-Don Jorge- volvió a escuchar-salió negativo

 

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