De Banderas, Arcoíris y Antifaces: Entrevista a Juan Pablo Sutherland

Resumen:
Juan Pablo Sutherland, escritor, activista y comunicador visual. Ha publicado dos libros de cuentos, Ángeles Negros (1994) y Santo Roto (2000), y diversos textos narrativos y ensayísticos en distintas compilaciones. Además, es el compilador de A Corazón Abierto. Geografía Literaria de la Homosexualidad en Chile, obra que reúne textos de autores chilenos de distintas épocas. Nación Marica, prácticas culturales y crítica activista. Durante el año 2009 dicta el curso de tecnologías de género y políticas sexuales de la Nación en el Magíster de género, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Melissa Fernández Chagoya, México

Lo teórico…De Banderas

Queer… ¿estudio, teoría, modus vivendi, movimiento sociopolítico? ¿Dónde ubicarlo?

La propia pregunta por lo queer ya plantea un problema de definición, marco que tiene efectos políticos en la lengua, en los cuerpos y las políticas sexuales radicales. Lo primero, tiendo a pensar el queer desde una multiplicidad de prácticas políticas y culturales que interrogan los regimenes homonormativos y heteronormativos, es decir en una primera aproximación uno podría entender el queer como una cuña que levanta un impasse respecto a las definiciones de identidad, tanto a la heterosexualidad como a la homosexualidad.

Estas grandes representaciones sexuales actúan espejeándose, cada una de ellas necesita de la otra, el queer actúa como una caja de herramientas para desarmar categorías y cuestionar las lógicas que sostienen aquellos regímenes. Por otro lado, hablo de queer desde una multiplicidad se sentidos y desde un discurso en primera persona que deja a la comunidad homofóbica sin armas, es decir si uno profundiza y analiza la propia traducción del queer, problemática por cierto en (raro, marica, camionera, tortillera…) como posibilidades del políticas desde la abyección, toda una taxonomía de sujetos abyectos, estos lugares descargan las fobias de sus propios enunciados y vuelven político el insulto ¿Qué quiere decir esto? Al enunciar un yo marica frente a la objetivación discursiva del habla hegemónica, el habla marica desestabiliza dicha operación al volver político la ofensa homofóbica intentando desarmar la reiteración en la lengua homofóbica. Derrida señala, a propósito de los estudios de Austin, respecto a los actos de habla (re-tomados por los estudios queer), que el habla tiene historia, en esa perspectiva el gesto político del queer será quebrar la secuencia de historicidad de aquella habla y desterritorializar dicha operación. Yendo hacia un marco más amplio, las posibilidades del queer como movimiento político o como espacio micro-político de resistencia, se abren en la medida que el gesto político marica se localice desde diversas operaciones en nuevas abyecciones y sujetos(as) posibles, las nuevas estrategias, las posibles hablas para cuestionar la normatividad presente en los cuerpos y las representaciones de las sexualidades. En América Latina tuvimos literatura antes de la llegada de los estudios queer, por lo mismo, las escrituras sudacas, el arte, la performances, han sido nuestras zonas de desestabilización del marco normativo genérico. En literatura se puede mencionar algunos como Perlongher, Lamborghini, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, Wacquez, Gabriela Mistral, Donoso, Lemebel, etc.).

En términos de movimiento y de producción teórica ¿cuáles son las relaciones entre feminismo y lo queer? ¿Es posible un encuentro o se trata de caminos divergentes?

Vengo llegando de un Congreso de estudios queer, activismos y literatura en Estados Unidos invitado por la Universidad de Pittsburg, y justamente he tenido la oportunidad de discutir estos cruces, producción teórica, feminismos y estudios queer. Escenarios militantes y teóricos muy presentes en estas discusiones. Diría que frente a la pregunta de cruces y divergencias, existen diferentes cartografías, por una parte, yo rescato mucho desde Chile la complicidad política y teórica que hemos tenido con ciertos feminismos, que se han enfrentado a las institucionalidades en los años 90 y en este tiempo. Por una parte, hemos compartido con el feminismo la crítica a los regimenes normativos de género, y por otra parte yo he articulado una complicidad con un feminismo crítico ligado a la literatura, a la crítica literaria y en ciertos espacios ciencias sociales, ahí puedo mencionar a figuras como Nelly Richard, Raquel Olea, Carmen Berenguer, Eliana Ortega, Soledad Bianchi, Kemy Oyarzun, Gilda Luongo, Sonia Montecino, entre tantas que han aportado a nuevas miradas desde los diversos feminismos existentes con vocación política.

El queer vino a interrogar ciertas lecturas canónicas dentro del propio feminismo, me refiero a la institucionalización de la categoría de género y su re-naturalización de las mujeres. En ese sentido, me parece muy interesante ciertas miradas realizadas desde mujeres chicanas lesbianas en los Estados Unidos (finales de los 80 y comienzos de los 90) que vinieron a interrogar, fijar contextos y guiones reflexivos donde importan los cuerpos, clase, raza y que complejizaron formas de entender la construcción de la heterosexualidad como régimen político. En ese sentido ha pasado algo curioso, después de tanto hablar de la construcción cultural y política de las mujeres, se dejó de lado la construcción de la masculinidad, como si no fuera parte del sistema de sexo-genero o de las tecnologías de género que las construyeron. Creo que hay cierta distancia en nuevas generaciones de reflexión queer post-feminista que trabajan mucho los conceptos de tecnología, llevando a experiencias políticas y performativas muy productivas. Y siguen estando además dentro de la tradición del feminismo radical, que sigue cuestionando los regimenes normativos de la sexualidad.

 

La militancia…De Arcoíris

¿Cómo se construyen hoy en Chile desde las identidades sexuales, los sujetos políticos?

La verdad que es una pregunta que se puede responder extensamente, debido a las transformaciones que se pueden apreciar en los últimos años en las identidades sexuales clásicas o emergentes. Hablo de clásicas, en la idea de re-mirar las trayectorias de las políticas de identidad sexual, que articularon los movimientos homosexuales y lesbicos a fines de los años 80 y comienzos de los 90. Quizá, un momento reflexivo y político interesante se da en los inicios de la transición democrática o mejor dicho, en la Post-dictadura. En esos escenarios emergentes, las luchas políticas que habíamos dado sujetos 4

que estábamos luchando contra la dictadura, nos fijamos como horizonte posible re-armar un movimiento que fuese capaz de construir a partir de las subjetividades homosexuales, nuevas formas de pensar y vivir la política en los años 90. Uno podría decir que el momento inaugural de los movimientos homosexuales en Chile, se dio en contextos de los ajustes del modelo neo-liberal en medio de la negociación política de la concertación con la Dictadura, este telón de fondo no es inocente en la medida que estos contextos profundizaron nuevas configuraciones de las políticas marginales y plantearon fisuras al modelo de instalación, pues surgían nuevos sujetos y sujetas que no representaban los sujetos populares clásicos, y que ahí sería conveniente pensar este momento políticamente, “el sujeto popular derrotado” en la negociación de la transición “pacifica” y las nuevas re-articulaciones de los cuerpos en el capital re-situado. Que quiero decir con esto, que la fuerza inicial del sujeto político sexualizado en una demanda de visibilidad homosexual se dio en contextos de re-formulación de las formas de hacer políticas, pienso en el debilitamiento de la izquierda y como ese gran megarelato de la utopía social se iba desvaneciendo en pro de una política situada. Esto es contradictorio, pero interesante en la medida que el punto de inflexión de surgimiento del movimiento homosexual se da en un cambio de visión política y caída del muro en Alemania, etc.

Ahora bien, creo que el contexto en Chile fue transformándose, emergieron nuevas identidades sexuales en la política de representación de las minorías, me refiero a las comunidades transgéneras, a las comunidades trans, a sujet@s intersexuales que volvieron a poner el cuerpo en la política minoritaria, ya desgastada de tanta negociación y enrolamiento estatal o partidario en los años 90 y los 2000. Otro guión relevante en la construcción del sujeto político fue la lucha contra el sida, dicho vector re-organizó la pelea en la supervivencia inicial y luego re-politizo el cuerpo homosexual asediado por la epidemia. Es relevante esto, en la medida que las grandes organizaciones homosexuales en Chile como el Móvilh-histórico, la Corporación Chilena, VIVO POSITIVO, el MUMS, articularon en su momento y hasta hoy, una política de abordaje de la epidemia que construyó en si mismo un sujeto político a través del enfrentamiento al VIH/SIDA. Algo parecido pasó en EEUU, Europa con agrupaciones como ACT UP París y de Nueva York en los peores momentos de la epidemia.

Finalmente, creo que hoy la construcción de un sujeto político pasaría por pensar las interrogaciones al mercado, las recientes ubicaciones de cierta institucionalización de lo “gay-lesbico” en las campañas electorales y su utilización. Quizá hoy la construcción es más compleja en la medida que el capital ha re-ordenado cuerpos y posibles demandas, la ubicación de las comunidades sexuales radicales, estaría jugando en una multiplicidad de lugares que los hace trabajar más de micro-políticas que desde las grandes representaciones políticas de los 80.

 

Háblanos de tus propios itinerarios militantes…Desde tu experiencia ¿cuáles han sido las conexiones entre participación política, búsquedas estéticas y reflexión teórica (en periodo 80, 90 y 2000)?

La verdad que da para una tesis aquella pregunta, pero se podría graficar en el episodio de lanzamiento de mi primer libro de cuentos “Ángeles Negros” publicado a inicios de los 90 en la Editorial Planeta. Ángeles Negros, era mi primer libro, y su salida pública fue espectacularizada por las acusaciones de la derecha al Fondart, yo me había ganado la beca para escribir el libro y se produjo todo un “escándalo” por las inclinaciones sexuales de los personajes del libro y la figuración publica del autor en la lucha contra la homofobia. Por aquellos años, actuaba como dirigente público del Móvilh-histórico y esta doble militancia, literaria y política provocó las reacciones de la derecha y sectores demócratas cristianos, que no estaban de acuerdo en apoyar obras catalogadas como “no artísticas y derechamente pornográficas”, según algunos diarios como La Segunda, que tituló con la siguiente frase: “libro gay con platas fiscales”.

Afortunadamente desde el Ministro de Educación hacia abajo (en ese tiempo ejercía Jorge Arrate), salieron a defender la creación artística, además se cuestionó también a otro artista apoyado por el Fondart, al Pintor a Juan Dávila que había realizado una postal de Simón Bolívar travesti y mestizo. Hubo escritores, intelectuales, artistas visuales, que salieron a dar una gran multitud de opiniones contra la derecha y por la libertad artística. Quizá ese episodio resuma claramente los vínculos entre producción cultural y política, moral normativa y libertad de creación y estéticas de resistencia. Estas claves me re-politizaron en mi producción literaria, pues estoy convencido que escribimos desde nuestros cuerpos, nuestros imaginarios y eso nunca es inocente, siempre se escribe y se opina desde un lugar, por lo tanto, los guiones estéticos políticos que configuraron mi devenir escritural fueron muy potentes para mi trabajo posterior.

 

En tu último libro “Nación marica: prácticas culturales y crítica activista” interpelas el discurso mediático a través de un singular y transparente personaje de la tv chilena, como es el periodista Fernando Villegas ¿Cuáles son las estrategias posibles para responder a la homofobia institucionalizada en los medios de comunicación?

Recuerdo claramente a partir de unas terribles declaraciones de Fernando Villegas que El Periodista, medio de comunicación donde escribía columnas de opinión, me pidieron responder las eufóricas declaraciones de Villegas contra la comunidad homosexual. A raíz de dicho artículo me invitaron a un programa de debate en Chilevisión, episodio que me dejó con un gusto amargo. La Televisión en especial tiene un formato que es muy perjudicial para establecer alguna discusión de buen nivel, sentí en esa intervención en vivo con Villegas no fue buena, que la puesta en escena de aquellos debates siempre se beneficiará al poder. Existe algo así como una pérdida simbólica para que alguien que no entra en comunidad con esa gramática televisiva y ahí queda anulado. Quizás, esa experiencia y muchas otras me han dado mucho que pensar respecto a determinados debates que se ven farandulizados por los programas, y en este me refiero, además al debate político. Es como si uno no pudiese salir de ese sentido común reaccionario que manejan los medios de comunicación. Creo que hay que pensar estrategias y buscar los espacios más apropiados para esquivar o derrotar esas trampas. Piensen en que los debates tanto sobre el aborto y la homosexualidad están atrapados en el sentido común de los discursos dicotómicos, lo bueno lo malo, lo natural lo aberrante. Quizá, quienes estamos en espacios públicos debatiendo estos temas, debamos pensar nuevas formas resistencia crítica y puesta en circulación de otras legitimidades.

 

Lo político…De Antifaces.

El movimiento gay en Chile con Piñera en el poder ¿a qué escenario se enfrenta? ¿Cuáles son los retos que se presentan ante este escenario político nacional?

Para la invitación que me realizaron los Departamentos de español y portugués de las Universidades de Harvard, y de Texas durante este año (2010), inicie las conferencias con una escena televisiva de la campaña electoral de la derecha incluyendo a una pareja gay. El texto de las conferencias problematiza el discurso de minorías que la derecha utilizó y se fija en la representación de la pareja gay: un joven blanco, guapo, de clase alta, hijo de un connotado dirigente de la ultraderecha (UDI) y de apellido “rentable” junto a un joven gay más moreno, bajo y de anónima procedencia. Analizo que ese mismo rescate de cierto discurso de lo “políticamente correcto”, oculta las operaciones de blanqueamiento al discurso homosexual o propiamente gay. Vuelve a reiterar la condición de clase y de construcción de sujetos subalternos. En esa escena, aunque ninguno de los dos jóvenes gays pronuncien ni una palabra, sabemos que uno de ellos como dice Gayatri Spivak no puede hablar. Pues, se habla culturalmente, simbólicamente, y materialmente y hay muchos que no pueden hacerlo desde su propio lugar. Quizá la operación le recuerde a la derecha instintivamente su pasado en el inquilinaje, repitiendo aquella gran operación del patronazgo del siglo XIX y XX en el campo chileno a grandes cantidades de poblaciones campesinas. En esa perspectiva, tomo atención de las hábiles operaciones que la derecha instala para despolitizar el movimiento homosexual y blanquear sus demandas. Son tan significativos estos gestos de la derecha. Y no sería difícil pensar que este gobierno lleve adelante la ley de unión civil que la concertación nunca concretó y que la re-instale desde el desalojo de la demanda cultural minoritaria, es decir operando con tal astucia que no llegue alterar y tocar la normativa del modelo hegemónico familiar. Los desafíos de los movimientos o de las comunidades sexuales radicales es leer cultural y políticamente estos escenarios y no quedarse esperando eternamente el otorgamiento de la legitimidad del Estado como único camino posible.

JUAN PABLO SUTHERLAND, Mayo 2010.

Top