Género, cuerpo y etnicidad: La sexualización de las mujeres afrodescendientes en América Latina

Autora: Esther Pineda G. Universidad Central de Venezuela. Doctora en Ciencias Sociales, Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer, Socióloga.

Resumen:

La situación social de las mujeres afrodescendientes en América continúa estando determinada por su experiencia histórica, es decir, por el proceso colonizador. Durante el periodo esclavista las mujeres africanas y sus descendientes directas nacidas en condición de esclavitud fueron el grupo humano más vulnerado al experimentar formas múltiples de discriminación por su condición de género y su herencia étnica. Las mujeres afrodescendientes en las diferentes etapas del proceso histórico social han sido víctimas de maltratos, violación y vulneración; lo cual se reproduce en la actualidad bajo otras formas como el prejuicio de la hipersexualidad y su representación en los medios de comunicación y difusión masiva como mujeres sexuales, promiscuas, libertinas, entregadas al desenfreno, los placeres, la lujuria, la perversión y el instinto, lo cual ha contribuido a la legitimación de estos estereotipos en la vida cotidiana.

 

Palabras clave:

Mujer, afrodescendiente, sexualización

Abstract:

The social situation of black women in America by the colonizing process remains determined by its historical experience. During the slave period African women and their direct descendants born in condition of slavery were the most violated to experience multiple forms of discrimination because of their gender and their ethnic heritage human group. The African descent in the different stages of historical social process women have been victims of abuse, rape and violation; which is reproduced at present in other forms such as bias of hypersexuality and their representation in the media and mass communication as sexual women, promiscuous, libertine, given to debauchery, pleasure, lust, perversion and instinct, which has contributed to the legitimacy of these stereotypes in everyday life.

Keywords:

Women, african descent, sexualization

La sexualización en el periodo colonial

La sociedad occidental contemporánea parece intentar experimentar un proceso exculpatorio con respecto a la colonización liderada por Europa principalmente en América; parece querer encontrar la absolución a los delitos contra la humanidad cometidos y borrar con algunas palabras de redención los males y tragedias ocasionadas. El proceso de invasión, genocidio, secuestro, explotación, latrocinio y colonización desarrollado en el continente americano parece ser una página que la sociedad contemporánea quisiera pasar, pareciese que se intenta obviar el impacto que este tuvo y aún tiene en nuestra sociedad. Este hecho pudiese explicar la razón por la cual la visibilización y reconocimiento de este fenómeno, así como, la exigencia de reparaciones históricas es rápidamente sancionada y silenciada bajo el argumento de racismo inverso, resentimiento social y victimización; entre otras formas descalificativas atribuidas a las acciones y consideraciones orientadas a desarticular y deconstruir la ideología colonial esclavista.

De acuerdo a ello, consideramos, reconocemos y vindicamos la organización de la sociedad contemporánea en torno al paradigma de la visión jánica, es decir, emulando al Dios Jano de la mitología romana quien poseía dos caras, una mirando al pasado y otra mirando al futuro. Desde nuestra perspectiva las posibilidades de transformación social y superación de hechos, situaciones y escenarios que han afectado los derechos humanos, calidad de vida y posibilidades de pleno desarrollo de las personas no pueden ser obviadas; como tampoco pretendida su superación sin considerar sus experiencias históricas concretas.

En el caso específico que nos ocupa, consideramos que la situación social de las mujeres afrodescendientes continúa estando determinada por su experiencia histórica, es decir, por el proceso colonizador. Durante el periodo esclavista las mujeres africanas y sus descendientes directas nacidas en condición de esclavitud fueron el grupo humano más vulnerado al experimentar formas múltiples de discriminación por su condición de género y su herencia étnica.

“Las mujeres sufrían de modos distintos, puesto que eran víctimas del abuso sexual y de otras formas brutales de maltrato que sólo podían infligírseles a ellas. La actitud de los propietarios de esclavos hacia las esclavas estaba regida por un criterio de conveniencia: cuando interesaba explotarlas como si fueran hombres, eran contempladas, a todos los efectos, como si no tuvieran género; pero, cuando podían ser explotadas, castigadas y reprimidas de maneras únicamente aptas para las mujeres, eran reducidas a su papel exclusivamente femenino” (Davis, 2005: 15).

Las mujeres esclavizadas no solo fueron víctimas de la trata, es decir, de la comercialización de sus cuerpos -o como se les denominó “piezas de ébano”- por parte de los europeos; también fueron víctimas de la explotación en los campos, las grandes plantaciones y en las casas al servicio de sus esclavizadores.

 

“Miles de mujeres, conocidas en la época virreinal como negras, mulatas, morenas o pardas realizaron trabajos como esclavas o libres en las haciendas agrícolas, el comercio o los talleres artesanales. Fueron también nodrizas o amas de leche, cocineras, lavanderas, curanderas o parteras. Con su trabajo cotidiano contribuyeron a la economía y a la formación social y cultural” (Conapred, 2011: 35).

Las mujeres africanas esclavizadas y sus descendientes fueron sometidas a violencia física y psicológica al haber sido desarticulada su cultura y su familia, al ser obligadas a la crianza de los hijos e hijas de sus opresores,  pero también al ser víctimas de la explotación de su vientre para dotar al europeo colonizador de nuevos cuerpos a los cuales esclavizar.

“A los ojos de sus propietarios, ellas no eran madres en absoluto, sino, simplemente, instrumentos para garantizar el crecimiento de la fuerza de trabajo esclava. Eran consideradas «paridoras», es decir, animales cuyo valor monetario podía ser calculado de manera precisa en función de su capacidad para multiplicar su número. Puesto que las esclavas entraban dentro de la categoría de «paridoras» y no de la de «madres», sus criaturas podían ser vendidas y arrancadas de ellas con entera libertad, como se hacía con los temeros de las vacas” (Davis, 2005: 15).

Pero en este contexto de explotación y vulneración de su humanidad, uno de los aspectos que con mayor fuerza marcó el destino de las mujeres afrodescendientes en las Américas fue el proceso de sexualización, erotización y violación sexual al que fueron sometidas por parte de los colonos esclavistas durante este periodo.

“La apropiación de los cuerpos humanos no conocía límites, dando a los hombres el poder de la tortura, el control de los sistemas políticos, de las riquezas producidas y del grupo humano. El centro del poder era el hombre blanco, dejando a las mujeres y hombres indígenas, africanos y africanas y sus descendientes, la subyugación corporal, sexual y política” (Werneck, 2000: 30).

Aunado a ello, no debemos perder de perspectiva que el cuerpo de las mujeres en las diferentes etapas del proceso histórico social ha sido objetualizado, concebido como un trofeo de guerra, es decir, la violación era un arma de dominación y de represión cuyo objetivo encubierto era ahogar el deseo de resistir en las mujeres negras y, de paso, desmoralizar a sus hombres” (Davis, 2005: 32).

Los vencedores de los procesos bélicos o los ejecutores de procesos genocidas son quienes obtienen a las mujeres de sus enemigos reales, potenciales o imaginarios, hecho social que cumplirá  tres funciones específicas:

  • La primera función ejercida por el proceso de objetualización, apropiación y vulneración del cuerpo de las mujeres mediante la violación sería demostrar su poderío ante el vencido. Desde un pensamiento patriarcal y androcéntrico en el que la sociedad y la vida entera se organizó en torno al hombre y el reconocimiento de su masculinidad, parece no haber mayor agente desmoralizador que la toma de las mujeres de su comunidad (madres, esposas e hijas); con lo cual se vería disminuida su masculinidad y por tanto su poder -el cual fue otorgado principalmente por su condición de proveedor de estabilidad económica, seguridad y placer sexual-.
  • La segunda función social que cumpliría este hecho sería la repoblación de la sociedad en un contexto de merma poblacional como consecuencia del periodo bélico o el genocidio como es el caso que aquí nos ocupa. Además la mezcla de la sangre del dominador con la del grupo dominado persiguió la evitación de alzamientos por parte del grupo dominado contra el poder erigido del dominador.
  • En tercer lugar, la violación de las mujeres tuvo como propósito la provisión, reproducción y masificación de la mano de obra gratuita, pues: Además de las vejaciones que supuso vivir esclavizadas bajo el sometimiento sexual de los amos, las mujeres africanas y afrodescendientes eran obligadas a convertirse en fábricas de esclavos para alimentar el lucrativo negocio de carne (Escalona, 2009: 184).

Las esclavas en repetidas oportunidades fueron requeridas sexualmente por sus amos, abusadas bajo coacción o chantaje. Esta violación de las mujeres africanas y sus descendientes nacidas en las Américas trajo como consecuencia la edificación de concepciones, imaginarios y estereotipos sobre las mujeres africanas; quienes fueron consideradas como mujeres de fácil acceso y sexualmente disponibles para todo hombre europeo que quisiese satisfacer sus fantasías y deseos en ellas.

Las africanas esclavizadas y sus descendientes fueron consideradas por el pensamiento colonial como mujeres de una sensualidad y sexualidad exacerbada, de un desempeño y rendimiento sexual superior; pero además de ello, consideradas como dispuestas a la realización de cualquier acto sexual negado por la moral religiosa a las mujeres europeas de las clases dominantes.

“A la mujer blanca se la identificó con su cuerpo, en tanto reproductora y depositaria de la honra familiar, confinada al espacio doméstico, alejada de cualquier tipo de educación letrada que solo despertaría en ella la incomprensión o la tentación. Legalmente se la consideró menor de edad de por vida, sujeta primero a la potestad del padre, luego a la del marido, y en su defecto a la de la autoridad religiosa competente. A las mujeres indias y negras se les despojó de la autodeterminación de sus cuerpos, pero con agravantes. En el caso de las mujeres negras esclavas fueron consideradas una pieza de india, una mercancía. Ambas tenían como denominador común la explotación de su fuerza de trabajo en calidad de servidumbre, y la servidumbre suponía no sólo la explotación como trabajadoras sino como prestadoras de servicios sexuales y reproductoras (en el caso de las esclavas negras la situación de vientre es un ejemplo de esta explotación)”  (Protzel, 2010: 21).

Las mujeres africanas fueron desarraigadas de su tierra y al igual que sus descendientes fueron convertidas -por parte de los colonos europeos esclavistas- en las prostitutas de América. Esta situación de sistemática y recurrente violación de las mujeres esclavizadas se ha intentado invisibilizar en el relato histórico; se ha obviado el hecho de que este tipo de relaciones se desarrolló en el contexto de relaciones de poder y se les ha presentado como situaciones de enamoramiento y concubinato entre esclavas y esclavizadores.

“A pesar del testimonio de los esclavos sobre la elevada incidencia de la violación y de la coerción sexual, la literatura tradicional sobre la esclavitud ha silenciado casi por completo el tema del abuso sexual. Frecuentemente, se asume que las mujeres esclavas provocaban y recibían con agrado las atenciones sexuales de los hombres blancos. Por lo tanto, lo que ocurría entre ellos no era explotación sexual sino, más exactamente, «mestizaje»” (Davis, 2005: 33-34).

Pero ¿Cuál era la posibilidad real de una mujer esclavizada a negarse a los deseos y requerimientos sexuales de su amo al no disponer de su libertad? ¿Puede hablarse de amor interracial en estos términos de sujeción, control y ausencia de autonomía?

De acuerdo a Quintero (2007) el sistema ofrecía mínimas y difíciles rendijas para la obtención de la libertad. Una de ellas era trabajar sin descanso hasta conseguir el monto que le permitiera pagar por su libertad, pero esta libertad estuvo sujeta al avalúo de su condición física y habilidades para su desempeño como esclava, costos que en la mayoría de las ocasiones eran tan elevados que se convirtió en inaccesible para las esclavizadas. Otro de los mecanismos de acceso a la libertad era esperar envejecer pues el valor de una esclava disminuía cuando no era apta para procrear y cuando no podía satisfacer sexualmente a su amo. Finalmente otro de los mecanismos de acceso a la libertad era “hacer valer una promesa de libertad hecha por el amo. El problema consistía en que si esa voluntad o promesa no estaban formalizadas de manera explícita por escrito, el esclavo tenía que demostrarlo” (Quintero, 2007: 40).  Es de acuerdo a ello que el aparente enamoramiento y la vinculación sexual de las africanas y los europeos se desarrolló como mecanismo ideado por las esclavas para obtener la libertad de sus amos; el cual los europeos esclavistas también utilizaron con el fin de obtener favores sexuales.

No obstante, cual fuese el mecanismo de obtención de la libertad física con respecto al mandato de los europeos esclavistas, esta no liberó socialmente a las mujeres africanas y sus descendientes. Las mujeres esclavizadas que obtuvieron la libertad fueron consideradas en los diferentes espacios y escenarios de acción social como mujeres de moral reprobable, libertinas, entregadas al desenfreno, los placeres, la lujuria, la perversión, la bestialidad y el instinto; aunado a ello, en algunos casos acusadas de ejercer la prostitución. Estos hechos en su conjunto limitaron sus posibilidades de inserción social, el pleno desarrollo de sus derechos y su libertad, al mismo tiempo que condicionaron su situación social futura.

 

Sexualización e interracialidad en la sociedad contemporánea

En América persiste una sexualidad colonial, en primer término masculina, es decir, organizada en torno a los intereses y necesidades de los hombres; pero además conformada como una sexualidad  racista y diferenciadora.

En el periodo colonial existió una normativa inflexible que impidió el ascenso social de la población esclavizada y la vinculación interracial pues “cuando la pureza y el abolengo estaban en juego, la calidad, la presunción y, por tanto, el poder, decrecían según el individuo considerado; ni hablar de su ocupación o función social” (Marín, 2010: 16). En la actualidad si bien es cierto que no existen restricciones de carácter jurídico o religiosas que como en el pasado impidan la vinculación interracial, las concepciones racistas y endorracistas cumplen su misma función, por lo cual en la sociedad americana aún existen significativas limitación a las relaciones interraciales.

La vinculación interracial continua siendo evitada, principalmente en las clases de mayores recursos, pero también en las clases populares pues es sabido que la condición de racialidad es un impedimento para el ascenso social. Continúan existiendo restricciones de carácter moral por considerar a los descendientes de africanos una raza inferior intelectual, moral y espiritualmente al haber sido un grupo esclavizado, motivo por el cual cuentan con menor estima social.

La interracialidad sigue siendo evitada pues lo afro continúa siendo asociado a dos fenómenos concretos, por un lado se les asocia en primer término a la esclavitud, como grupo social desprovisto de toda humanidad; considerados como cosas, objetos, por lo cual podían ser poseídos en propiedad, intercambiados o vendidos a voluntad de sus propietarios. Por otra parte se les asocia a las condiciones actuales del continente africano, continente históricamente desdeñado, considerado empobrecido, miserable, enfermo, escenificado como contexto de guerras, desplazamientos, crímenes, anomia, caos.

No obstante, de acuerdo al texto Racismo: Hacia una Argentina intercultural el mecanismo principal que respalda este proceso es el denominado etnocentrismo, noción que articula otros tres conceptos:

  • La diferenciación, es decir, la construcción de otredad.
  • La carga valorativa puesta sobre dicha construcción, es decir, los prejuicios.
  • La fijación social de imágenes de esos “otros”, los estereotipos.

Ahora bien, esta estructura diferenciada se mantiene principalmente mediante la edificación de una sexualidad diferenciada, pues:

“Donde existe una jerarquía social y esa jerarquía tiene dimensiones racializadas (es decir, que se juega con imágenes y discursos raciales y se constituyen y se reproducen identidades raciales), una técnica común en la dominación es el control sobre la sexualidad y el sexo: sea por medio del abuso sexual (por ejemplo, la violación), sea por el control sobre las relaciones sexuales y el comportamiento sexual, sea por medio de la cosificación y fetichización del subalterno en términos sexuales (como objeto del deseo y la repugnancia)” (Wade, 2008: 41).

En la actualidad aún se mantienen algunos elementos de este pensamiento colonial en la sociedad americana, donde el valor de las mujeres afrodescendientes continúa dado por su cuerpo y su sexualidad. En la actualidad se continúa exacerbando el carácter sexual de las mujeres afrodescendientes como su principal o única cualidad al considerar que al provenir de un grupo social esclavizado en el pasado, se encuentran desprovistas de capacidades intelectuales, éticas, productivas y organizativas.

Las mujeres afrodescendientes en las diferentes etapas del proceso histórico social han sido víctimas de maltratos, violación y vulneración; lo cual se reproduce en la actualidad bajo otras formas como el prejuicio de la hipersexualidad y la utilización del cuerpo de estas como objeto sexual. Las mujeres afrodescendientes con frecuencia son representadas en los medios de comunicación y difusión masiva como mujeres sexuales, irresponsables, promiscuas, y en el peor de los casos como prostitutas, lo cual ha contribuido a la legitimación de estos estereotipos en la vida cotidiana.

Persiste en nuestras sociedades la sexualización de las mujeres afrodescendientes, una muestra de ello será el hecho de que en la web cuando introducimos en un buscador los términos mujeres afrodescendientes o mujeres negras los resultados sugeridos estarán asociados a la sexualización, la objetualización, exhibición, la desnudez y la pornografía; lo cual pone de manifiesto la aún existencia de los prejuicios y estereotipos sobre las mujeres afrodescendientes, los cuales tienen su origen en el pensamiento colonizador.

No obstante, otro hecho digno de atención habrá de ser que las mujeres afrodescendientes también asumen estas concepciones, internalizándolas y reproduciéndolas como características constitutivas de su condición de género y pertenencia étnica.

Este hecho presenta retos concretos a la sociedad contemporánea desde el pensamiento poscolonial, por lo cual se deberán aunar esfuerzos orientados a la desarticulación de las concepciones sexistas, hipersexualizadas y reductivas aún mantenidas sobre las mujeres afrodescendientes.  Pero principalmente serán las mujeres afrodescendientes quienes deberán desde lo individual y lo colectivo deconstruir este imaginario sexualizado que sobre ellas se ha construido y que han reproducido e internalizado como propio.

Las mujeres afrodescendientes deberán construir desde su saber, su experiencia diferenciada, la autovaloración y el autorreconocimiento una sexualidad propia, desde el disfrute y la identidad; superando una sexualidad ajena, construida por el colono esclavista, impuesta, castradora y reductiva.

Bibliografía

Davis, Angela. (2005) Mujeres, raza y clase. Madrid, Ediciones Akal.

Escalona, Blanca. (2009) Cuerpos violentados y mitos sexuales: Sobre dignificar la corporeidad de las mujeres afrovenezolanas. En Revista venezolana de estudios de la mujer. Volumen 14, N°32, Caracas. 183-189.

Guía para la acción pública contra la discriminación y para la promoción de igualdad e inclusión de la población afrodescendiente en México. (2011) DF México, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación CONAPRED.

Marín, Carlos. (2010) Criollos y mantuanos. Memorias de Venezuela. Especial Bicentenario. N13. Caracas.

Protzel, Patricia. (2010) El uso de la alfombra. Memorias de Venezuela. Especial bicentenario. N13, Caracas.

Quintero, Inés. (2007) La palabra ignorada. La mujer: Testigo oculto de la historia en Venezuela. Caracas, Fundación Empresas Polar.

Racismo: Hacia una Argentina intercultural. (2013) Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI).

WADE, Peter. (2000) Raza y etnicidad en Latinoamérica. Quito, Ediciones Abya-Yala.

Werneck, Jurema. (2000) De Ialodês y Feministas. Reflexiones sobre la acción política de las mujeres negras en América Latina y El Caribe. En Nouvelles Questions Féministes. París, Edition Antipodes.

 

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