Dominio del Estado en el mundo contemporáneo, la mujer, el amor y las libertades sexuales

Autor: Matías Riquelme Brevis. Cientista Político de la Universidad Católica de Temuco,

Resumen:

Con este estudio teórico se pretende establecer parámetros mediante los cuales se demuestre como actúa el Estado frente a  la sexualidad y diferencias de género. En el mundo contemporáneo como nunca antes los derechos de las mujeres, las “minorías”, el respeto de la identidad y la libertad sexual se difundieron y se plasmaron en el papel mediante normativas que apuntan a su inclusión en instituciones, ONG´s, protocolos internacionales, etc. el punto de inflexión y análisis esta en la interpretación,  se reclaman los intereses de los Estados contemporáneos en temas de la sociedad civil. Pero, ¿es real la inclusión de las diferencias existentes desde tiempos donde primaban las concepciones puritanas y fundamentalistas? o acaso, ¿aún se mantienen las percepciones históricas frente a las necesidades de las minorías y de la sociedad en su conjunto? y por último ¿las políticas publicas enfocadas en la superación de la discriminación, cumplen su objetivo en la cotidianeidad?

 

 

 

Palabras clave: políticas públicas – diversidad sexual –Hegemonía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Introducción

 

“En la escala del amor, la mujer está unos peldaños por encima del hombre. El día en que el amor domine sobre la violencia, la mujer será la reina del mundo.”

Flora Tristán

 

 

El presente estudio nace a partir del cuestionamiento que se establece en dos patrones distintos de la sociedad actual; en una primera parte se analizará la diversidad sexual; tema contingente a partir de los cambios de las minorías[1] sexuales y su participación, a su vez en una segunda parte se expondrá el rol de la mujer y como se plantea en el Estado actual, este último que expresa sus necesidades a partir de la implementación de políticas públicas  punto de inflexión y de ideologización, en donde podemos apreciar el control coercitivo que se ejerce sobre la sociedad civil, entonces en relación a esto se genera la siguiente interrogante ¿Es real la inclusión de las diferencias existentes desde tiempos en donde primaban las concepciones puritanas y fundamentalistas?

 

A partir de lo mencionado se pretende dar una respuesta a esta interrogante, analizando tanto la normativa existente en el Chile actual, como haciendo un análisis teórico, se aclara la dicotomía para entender la gran diferencia entre género y sexo para así generar parámetros de acción dentro de la sociedad actual y su reproducción en el Estado,  a su vez se realiza un análisis crítico sobre el cómo se llevan a cabo las políticas públicas, la relación existente con los actores involucrados, también se realiza una exploración según lo anterior si la evolución del Estado hacia la actualidad a sido real o simplemente se asimila al proceso histórico del Estado feudal en influencia directa de la religión frente al Estado, se plantea la naturalización de relaciones de poder discriminatorias frente a los iguales, con el objetivo de establecer si la relación Estado-sociedad civil se basa en patrones culturales de control hegemónicos tan arraigados que llevan tanto al fetichismo de la realidad como a la legitimación de patrones machistas.

Un punto inicial, la necesidad de entender el concepto género

 

En el uso actual de los estudios no se comprende la noción de género por su complejidad y confusión en la realidad, aquí se pretende aclarar diferencias y establecer parámetros de distinción en función de procesos fidedignos y de las demandas históricas de la mujer.

En los procesos históricos de la sociedad moderna se han establecido criterios de cambio de cosmovisión de derechos de la mujer y a su vez del hombre estableciendo demandas, es por esto que en la década de los setenta el feminismo académico anglosajón fomentó el uso de una nueva categoría; género entendiéndolo como “un campo primario dentro del cual, o por medio del cual, se articula el poder” (Scott,1990) con esto se pretendía darle un mayor énfasis a  la realidad superando así el determinismo biológico existente hasta aquella época,  para así establecer un mayor análisis de la realidad en virtud de las demandas por los derechos de la mujer y la igualdad de género. A su vez existían teóricos de la época que señalaban el quebrar con la historia y cualquier determinismo cultural antes imaginado cambiando así las concepciones societales existentes de la época, todo esto a partir de una teoría revolucionaria, rompiendo así desde las experiencias cotidianas[2], según este análisis el Estado actual es una institución que establece la subordinación de la mujer basado en el modelo patriarcal, Max Weber señala que “la organización social actual no habría cambiado en esencia, sino solo en apariencia, sobre el orden existente en las sociedades arcaicas bíblicas”(Millet, 1975), entonces citando las antiguas sociedades donde se podía observar el ordenamiento social y de estructura política con relaciones de dominación como: esclavo/patrón, se vuelve a esta concepción en virtud del análisis que realizaron los impulsores de esta corriente de la noción de genero “destruir para liberar a las mujeres” comparándolo con el capitalismo y la clase obrera[3].

Existen ventajas para señalar la utilización de la palabra género a diferencia de la utilización de la palabra sexo para entender las relaciones sociales, esto apela a dilucidar que la información sobre las mujeres es también información sobre los hombres, “mostrar que no hay un mundo aparte de las mujeres en relación al del hombre” (Scott, 1996), a nivel semántico según Scott existen grandes diferencias, por ejemplo señala que los estudios sobre el sexo generan sesgos de investigación y realizan una gran distinción a ratos sectaria sobre la visión masculina y cerradora de oportunidades frente a el otro[4].

 

Políticas públicas;  análisis teórico de la realidad

 

Existe un canal mediante el cual se deben dar respuesta a las necesidades de la sociedad civil: Las políticas públicas en donde” se pretende dar soluciones especificas de cómo manejar los asuntos públicos” (Lahera, 2004) distintas corrientes que señalan perspectivas sobre el rol que juega la sociedad civil en la formulación, aprobación y aplicación de estas en el estado burocrático actual han sido enfáticas en el valor de estas en función de las demandas, existe una corriente (Lahera) que señala como primordial la participación ciudadana en virtud de la vinculación que esta tiene con la elaboración de las políticas, no se considera sólo la acción de ir a votar en una elección determinada, sino que la generación de mecanismos que permitan la inclusión de la ciudadanía en la creación de políticas a partir del favorecimiento de esta y así generar menores externalidades para bajar el riesgo en la estabilidad política.

Por otra parte hay una perspectiva  que señala que la ciudadanía debe limitarse a hacer uso de su calidad de ente democrático a partir del voto (Scartascini, Spiller, Stein, Tommasi, etc.) todo esto surge desde la concepción de Estado, en la cual las políticas públicas no son sólo objetos de selección mediante los cuales se espere el bienestar de la ciudadanía, sino que el de respetar las reglas del juego y permitir a otros gobernar, entonces desde esta perspectiva es que las externalidades generarían presión social e inestabilidad de régimen ya que, las diversas aristas presionan sobre un estado que retrocede en el progresismo, en virtud de concepciones patriarcales (Hartmann, 1980)

Se debe comprender a su vez que rol juega el amor en el Estado contemporáneo, frente a las necesidades de los individuos, el cual tiene como característica principal: ser una construcción idealizadora de occidente[5]. En oriente y en la antigua Grecia de grandes filósofos como Platón, el amor se concebía desde otra mirada, la del placer, y por otra parte señalan la existencia de la pasión en su mayor expresión trágica y dolorosa.

La concepción del amor occidental no existe en países del oriente como China, el verbo amar “solo es empleado para definir las relaciones existentes entre madre e hijos” (Bourdieu, 2000) el marido solo tiene afecto sobre la mujer y a su vez la mujer sobre el hombre, estos no conviven con los eternos cuestionamientos e inseguridades del mundo occidental, el tipo ideal de relación amorosa construido a partir de parámetros culturales tiene como objetivo invitar a los que conforman la sociedad a ser parte de este modelo normalizante en donde organizados a partir de factores psicológicos y sociales, el individuo se siente parte de esta realidad creada.

 

La diversidad sexual y hegemonía

 

Existe desde el Estado  una matriz ideológica bajo la que es sesgado el  patrón cultural y por lo tanto de comportamiento, que se define como Hegemonía que es mediante la cual “la base económica, la estructura, determina una compleja superestructura política, moral, ideológica, que está condicionada por dicha base económica de la sociedad, es decir, por las relaciones de producción y de cambio” (Gruppi, 1978) lo que genera un entendimiento impuesto hacia la ciudadanía, verticalista en su actuar donde las relaciones de poder cobran sus frutos, un claro ejemplo está en lo que señala el psiquiatra chileno Armando Roa (1995)[6], donde la relación existente entre los cambios de época que experimenta Chile al interior de la internacionalización con la apertura que da al placer  sexual,  no es necesariamente la visión de la generalidad del liderazgo intelectual en la psiquiatría, porque a su vez existen autores que señalan “trastornos patológicos” que en la cotidianeidad se aprecian como efecto normalizante, es el caso de los peligros y riesgos de la sexualidad los cuales serían: La promiscuidad sexual, la infidelidad homosexual y heterosexual, y la bisexualidad. Estás tienen directa relación con la verticalidad de un control hegemónico masculino de sentido común:

De acuerdo a los testimonios el deseo sexual tiene su origen en la ‘naturaleza’ de los hombres, los que al igual que todos los animales, tienen ‘instintos’, entre ellos el de la sexualidad. Las vivencias que los hombres tienen de su sexualidad son interpretadas, así, a partir de esta suerte de ‘teoría’ que atribuye un rol central a la existencia de este ‘instinto sexual masculino’ que se expresa en un deseo irrefrenable y permite la reproducción de la especie. Todo hombre (y los hombres son heterosexuales) deben poseerlo. Éste comienza a hacerse presente en los hombres al momento de la pubertad y al inicio de la adolescencia (Olavarria, 2001),

 Según lo previamente expuesto queda al margen de la naturalidad la idea de establecer el deseo homosexual como una condición concreta e inherente al ser humano.

El rol que la sociedad civil aquí juega igualmente es una variable preponderante en su capacidad, históricamente se ha dejado en manos de los “aptos” la toma de decisión frente al actuar, la mayoría cree que los actos de los encargados son y serán siempre los correctos “fueron los buenos mismos es decir los nobles, los poderosos, los hombres de posición superior y elevados sentimientos quienes se sintieron y se valoraron a si mismos y a su obrar como buenos” (Nietzsche, 2002), el poder entonces a nivel histórico ha favorecido a los que controlan a grandes sociedades, por tanto son capaces de legitimar su actuar en virtud de sus intereses y a su conveniencia, por lo cual en la actualidad el Estado es digno de análisis frente a el movimiento de estos actores poderosos.

Según la corriente teórica Foucaultiana existen dos grandes categorías; la moral sexual del cristianismo y la moral sexual del paganismo[7], según esta perspectiva teórica, la línea del cristianismo se ha impuesto con claridad a la moral del paganismo antiguo con gran poder de decisión en el Estado en temas como; prohibición del incesto, dominación masculina y sujeción de la mujer,”en relación al valor del acto sexual mismo, el cristianismo tendría una perspectiva negativa de su valor ya que lo asocia con el pecado, la caída, la muerte, mientras que la antigüedad lo habría dotado de significación positiva”, (Focault, 2001) en las sociedades griegas o romanas, el cristianismo sólo le había dado al sexo la finalidad última de la procreación, mientras que  a las relaciones con individuos del mismo sexo el cristianismo las habría excluido de cualquier orden social, en la antigua Grecia se naturalizaba y exaltaba en virtud del deseo, el cristianismo históricamente le ha dado un alto valor a la castidad y a la virginidad como comienzo y principal fundamento dogmático de estas categorías que influencian hasta el día de hoy al Estado y sus estructuras de poder político, teniendo como principales características del poder político actual:

  1. A) Creciente extensión de las funciones económicas, sociales y culturales del poder estatal
  2. B) Su anatomía creciente respecto a la sociedad civil
  3. C) El peso cada vez mayor de las elites políticas o de las burocracias estatales en el ejercicio del poder[8]

Cabe señalar la existencia de una serie de leyes, las cuales en su aplicación generan una serie de cuestionamientos, estas son:

  • La ley de violencia intrafamiliar
  • La aprobación de la anticoncepción de emergencia
  • El nuevo reglamento sobre la esterilización voluntaria
  • La ley de VIH/SIDA
  • La ley de divorcio
  • La ley de filiación
  • Las modificaciones a la ley de delitos sexuales
  • Ley de acoso sexual[9]

Se constituyen como los avances y desafíos más significativos de los últimos años en materia vinculadas a sexualidad, reproducción y derechos humanos

 El rol de la mujer en el Estado actual, el caso chileno

El objetivo y la necesidad de las mujeres ha ido en constate variación en las últimas décadas y no se relaciona de manera determinista con las labores del hogar, sino que también con el actuar y la acción de transformarse en un sujeto de interpretación y de derecho tanto en lo privado como en lo público, a partir de esto entonces, las relaciones de poder que ejerce también ha sufrido transformaciones, “la relación de pareja por tanto, también ha ido mutando” (Grupo Iniciativa, 1999)

Podemos apreciar muchas distinciones sobre el Estado actual y sus concepciones ideologías frente a los derechos de la diversidad en la ciudadanía y lo difícil de las relaciones de poder, la complejidad a la introducción de nuevos principios, valores, discursos y exigencias que hacen la diferencia y progresión de la población a niveles normativos de derechos reproductivos y sexuales, topándose con una gran muralla de discurso ideológico. El Estado en su concepción de  la realidad en Chile se ve influenciado por corrientes conservadoras o patriarcales que se reflejan en actores influyentes a nivel estatal como lo son; políticos, tecnócratas, religiosos, entre otros. Es posible  comprender entonces que “la jerarquía de la iglesia católica influye con su discurso sobre familia y sexualidad en las políticas públicas, imponiendo valores conservadores a pesar de que los comportamientos de mujeres y hombres van por otro camino: el de la transformación” (Dides, 2004), en función de la realidad, se hace de  vital importancia entender estas nuevas zonas de conflicto, las de la transformación en virtud de un cambio de cosmovisión frente a las demandas de la ciudadanía.

En la actualidad debemos entender el rol que juega la mujer a partir parámetros concretos,  es decir los datos que demuestran la realidad sobre la participación femenina, es en este contexto de innovaciones profundas de la sociedad chilena de avances y retrocesos, en donde las mujeres  han aumentado su intervención en el ámbito laboral de un 28.06% en 1992 pasaron a un 35.57%, el 2002 (INE), no obstante, todavía se encuentran bajo la tasa de participación femenina en América Latina, que bordea el 45%, lo cual es igualmente un salto cuantitativo en participación laboral desde la década de los 90´(INE, 2003). A su vez, los resultados preliminares del Censo 2012 muestran que en Chile hay 8.513.327 mujeres y 8.059.148 hombres, lo que entrega una relación hombre/mujer de 94.67, es  decir, por cada 100 mujeres hay 94.67 hombres, en el período 2002 – 2012 las mujeres aumentaron en 873.523 y los hombres en  647.816 (CENSO, 2012).  En cuatro regiones se tiene mayor preponderancia masculina siendo éstas  Tarapacá, Atacama, Aysén y Magallanes, entonces existe también un salto cuantitativo en densidad de población femenina en relación a la masculina, en contradicción siendo estas las con mayor influencia en la sociedad a nivel cuantitativo pero con menor a nivel cualitativo, una seria contradicción en los hechos.

 

Conclusión

Con este trabajo se buscaba establecer parámetros sobre la discusión de género v/s sexo, donde se pudiera apreciar la clara diferencia ideológica y  los procesos históricos que conllevan, su objetivo era definir si existe real inclusión de las diferencias desde los tiempos donde primaban las concepciones puritanas y fundamentalistas, asociadas principalmente al rol de la iglesia, de lo establecido  se infiere que aún no se superan las diferencias existentes desde los tiempos en donde prevalecían las concepciones puritanas y fundamentalistas, en síntesis entonces, aún no se despoja el sesgo de  las condiciones de un Estado patriarcal, por lo tanto machista, en donde las mujeres se ven disminuidas laboralmente, tanto en remuneración económica como en abusos físicos y psicológicos, en donde las relaciones interpersonales quedan sumidas al dominio de la moral de una base social hegemónica con características definidas, principalmente asociadas a un ala conservadora  de la sociedad en donde la religión se torna de vital importancia, lo cual podríamos señalar se asimila al proceso histórico del Estado feudal en influencia directa de la religión frente al Estado, se plantea la naturalización de relaciones de poder discriminatorias frente a los iguales.

El Estado a su vez no es capaz de concretar su principal objetivo: ser un ente coercitivo, frente la violencia ejercida y la discriminación de género, un ejemplo esta en el SENAME que tiene como misión principal Contribuir en el ámbito local, a reducir la violencia contra la mujer, especialmente la que se produce en las relaciones de pareja, mediante la implementación de un modelo de intervención integral con énfasis en la prevención comunitaria y la atención a mujeres que son víctimas de violencia.”[10], lo cual como objetivo en lo concreto se ve superado y subyugado a la realidad que supera la condición normalizante de conducta del Estado, este último como organizador de la sociedad  no es capaz de abarcar el total de las acciones de los individuos por lo cual existe un enfoque erróneo en la sociedad, más que necesitar un patrón coercitivo, la sociedad debe ser capaz de entender la realidad y superar las miserias y márgenes impuestos. Este trabajo al haberse enfocado en el caso chileno advertirte un alejamiento en el establecimiento de parámetros concretos de la realidad internacional, pero a la vez sería un buen método de comparación frente a un trabajo futuro con otros países.

Bibliografía

* Bourdieu, P. (2000) La dominación masculina, Anagrama, Barcelona.

* Corsi, J. (S/F) La violencia hacia las mujeres como problema social. Análisis de las consecuencias y de los factores de riesgo. Documento de apoyo de la Fundación Mujeres.

* Díaz, M., Fernández, I. y Valdebenito, L. (2002) Violencia doméstica y ámbito local: la propuesta de intervención DOMOS. Pág. 11 – 32. Santiago: DOMOS

* Dides, C. (2004) Diálogos Sur-Sur sobre religión, derechos y salud sexual y reproductiva: los casos de Argentina, Colombia, Chile y Perú. Santiago, Chile

* De Barbieri, T. (1992). “Sobre la categoría de género. Una introducción teórico-metodológica”, Revista Interamericana de Sociología, año VI, no. 2.

* Foucault, M.  (2001) El uso de los placeres, Siglo veintiuno editores, España

* Hartmann, N. (1980) “Un matrimonio malavenido: hacia una unión más progresiva entre marxismo y feminismo”. Zona abierta, N °24, marzo-abril.

* Millet, K. (1975) Política sexual, Ed. Aguilar, México.

* Lamas, M. (1996) Usos, dificultades y posibilidades de la categoría género. Editorial PUEG / México.

* Luciano G. (1978) El concepto de Hegemonía en Gramsci (México: Ediciones de Cultura Popular)

* Lamas, M. (1986) “La antropología feminista y la categoría `género”‘. Nueva antropología. NQ 30, noviembre-diciembre.

* Nietzsche, F. (2002) “la genealogía de  la moral”, EDAF ediciones. España.

* MIDEPLAN (2003) Evaluación de los Centros de Atención Integral y Prevención de la Violencia Intrafamiliar. Resumen ejecutivo.

* Olavarría, J. (2001) Y todos querían ser (buenos padres). Santiago, Chile: FLACSO-Chile, 2001a.

* Navarro, J. (2000) La pareja violenta. Fórmulas de intervención. En: Navarro, J. (Ed.) Parejas en situaciones especiales. Barcelona: Paidós.

* Méndez, C. (1995) Violencia en la pareja. En: Coddou, F. (Ed.) Violencia en sus distintos ámbitos de expresión. Santiago: Dolmen Ediciones.

* Sánchez Vásquez, A. (1988) El poder y la obediencia. En “El Buscón”,  núm. 2

 

 

 

 

[1] Entendiendo este concepto en virtud de la subordinación ejercida sobre: mujeres, homosexuales, bisexuales, etc.

[2] Extraído de;”SOBRE LA CATEGORIA GENERO. UNA INTRODUCCION TEORICO-.METODOLOGICA”, Teresita de Barbieri. Pp. 25-56.

[3] Engels planteaba que en la pareja monógama la mujer es el proletario y el hombre el burgués

[4] En “Sobre la categoría de género. Una introducción teórico-metodológica”, De Barbieri, T. (1992).

[5] Extraido de; La antropología femenina y la categoría de género,  Lamas (1986). Pp. 12-36.

[6] Extraído de: Estado del Arte, investigación sobre sexualidad y Derechos sexuales en Chile (1990-2002), Teresa Valdés y Gabriel Guajardo. Pp. 12-33.

[7] En: El uso de los placeres, M. Foucault. Pp. 5-32 (2001)

[8] Extracto clasificación de Sánchez Vásquez, en; “El poder y la obediencia. Pp. 12-22 (1988)

[9] Estas leyes y mayor información sobre estas se pueden encontrar en La Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.

[10] Extraído del programa del Servicio Nacional De La Mujer. (Web)

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