El problema del rigor científico para los investigadores de las Ciencias Sociales en los estudios sobre minorías sexuales

Resumen:

Sobre la investigación social empírica se debaten diversas teorías y polémicas, surgiendo de esta manera vastas referencias de análisis, como es el caso del estructuralismo o el materialismo histórico. Los métodos también se amplían, tal es el caso del deductivo, el hermenéutico o el fenomenológico. En este ensamble histórico de métodos, teorías y formas de hacer investigación, surge la bipolaridad entre el objetivismo y el subjetivismo, dando origen a los términos investigación “cuantitativa” y “cualitativa”, ganando mayores adeptos la primera a causa de su confiabilidad en determinadas áreas de trabajo, así como se defiende de críticas severas por su falta de viabilidad en asuntos donde los matices psicológicos o culturales son más relevantes. En este ensayo discutiremos el problema del rigor científico en los estudios sobre minorías sexuales y los diversos matices conforme los métodos abordados.

Palabras clave: sexualidad, metodología, subjetividad, objetividad.

Abstract:

Empirical social research on various theories and controversies, thus emerging vast reference analysis, such as structuralism or historical materialism are discussed. The methods are also extended, as in the case of deductive, the hermeneutic or phenomenological. In this historic assembly methods, theories and ways of doing research, bipolarity between objectivism and subjectivism emerges, giving rise to the terms “quantitative” and “qualitative” research, winning the first major supporters because of their reliability in certain workspaces and defends severely criticized for its lack of viability in matters where the psychological or cultural nuances are more relevant. In this paper we discuss the problem of scientific rigor in studies of sexual minorities and the various shades as methods addressed

Keywords: sexuality, methodology, subjectivity, objectivity.

Héctor Baz Reyes. Prof. de Literatura y Magíster en Ciencias Sociales, Universidad de Artes y Ciencias Sociales, Chile. hector.baz@uol.com.br

Título foto: ALICE NO PAÍS DAS PUTARIAS
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Fotos/composición: Hélio Beltrânio

Cuando hablamos de investigación científica pensamos en uno de los principales objetivos de la misma, el hecho de poder solucionar cuestiones específicamente relacionadas con los fenómenos empíricos, tornándose necesario una recreación de escenarios de la forma más sistemática posible que permitan analizar las variables que se presentan. La manera de afrontar tales fenómenos dependerá de la metodología utilizada y del propio fenómeno estudiado. Cuando el objeto de investigación es el ser humano es imposible no considerar los aspectos subjetivos que propicia tal fenómeno a ser abordado y comienza a generarse además un conflicto que está vinculado a la propia parcialidad del investigador que, al tratarse también de un ser humano, arriesga su trabajo en instancias que pueden contaminarse fácilmente de su propia subjetividad.

En lo referente al tema de la sexualidad el investigador se enfrenta a una realidad tan compleja y con tantos enfoques que es necesario delimitar con precisión el campo de estudio, el cual puede inserirse dentro de un laboratorio así como en ambientes inesperados dentro de pequeñas y grandes urbanizaciones, congregando investigadores de diversas disciplinas científicas y humanísticas. El rigor científico está limitado a los métodos utilizados en el momento de recabar los datos representativos para los objetivos que el investigador se plantea, sin embargo, los mismos también pueden determinar o condicionar la información cuando se trata de estudios sociales, siempre sujetos a la credibilidad del analista y a la tergiversación alevosa o premeditada del sujeto que expone su “realidad”.

Una de las investigaciones más conocidas en el ámbito de la sexualidad y que generó innúmeras controversias a causa de los métodos utilizados y la elección de los sujetos entrevistados fue el llamado Informe Kinsey, publicado en dos libros llamados Comportamiento sexual del hombre y Comportamiento sexual de la mujer de 1948 y 1953 respectivamente. Los cuestionarios eran confidenciales y por ende dudosos, sin embargo se obtuvo una percepción que en la actualidad no difiere de la “realidad sexual” de muchas sociedades, principalmente la norteamericana. El impacto de sus investigaciones suscitó el rechazo de la población que se vio alarmada ante la develación de sus más importantes tabúes. Numerosos aspectos de su método científico fueron debatidos, máxime aquellos donde él, su esposa y colaboradores participaban activamente de las experiencias en pos de optimizar el análisis de sus tópicos, hipótesis y teorías. La homosexualidad fue uno de sus objetos de análisis, buscando en la misma, motivos para comprobar que no se trataba de casos aislados dentro de la sociedad, sino de un comportamiento que atingía a muchos individuos. La creación de una escala y otros estudios y herramientas hicieron que su trabajo tomara conocimiento mundial. Sin embargo en lo que respecta a su proceso y métodos de investigación el rigor científico se puso en consideración cuando de temas subjetivos se trataba, alertándose una dificultad importante a la hora de obtener datos fieles a la realidad.

Históricamente, nos comenta Henrik Von Wright, “el despertar o la revolución a que hubo lugar en las ciencias naturales durante el Renacimiento tardío y la época Barroca fue hasta cierto punto análogo al que conoció en el siglo XIX el estudio sistemático del hombre de su historia, lenguajes, mores e instituciones sociales (Von Wright, 1988, p. 27) Desde el momento en que la ciencia natural hubo sentado sus bases intelectuales y los estudios humanísticos con pretensiones científicas alcanzaron a unirse a ella, fue natural que las principales cuestiones a nivel metodológico y filosófico mantuvieran relación entre las dos principales ramas de la investigación científica: la mecanicista galileana y la teológica aristotélica. (cf. Von Wright, 1988.)

El positivismo, ciencia representada por Auguste Compte y Stuart Smill, aún acuñada en nuestros días, amalgama la idea de un monismo metodológico, significando esto una unidad del método científico entre la diversidad de objetos de estudio. Las ciencias naturales exactas, a su vez, establecen cánones ideales de trabajo que pretenden medir el grado de desarrollo de todas las demás ciencias a un nivel de perfección, donde las humanas están incluidas y corren el riesgo de ser estudiadas con rigores ajenos a la particularidad de las mismas:

La otra posición en el debate sobre las relaciones entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del hombre fue una reacción contra el positivismo. La filosofía antipositivista de la ciencia, que alcanza un lugar prominente a a finales del siglo XIX, representa una tendencia mucho más diversificada y heterogénea que el positivismo. (…) diversos autores como Benedetto Croce rechazan el monismo metodológico del positivismo y rehúsan tomar el patrón establecido por las ciencias naturales exactas como ideal regulador, único y supremo, de la comprensión racional de la realidad. (Von Wright, 1988, p. 29, [comentario en cursiva del autor]).

Dentro de los estudios culturales en Norteamérica, la teoría queer ha ganado terreno y destaque como contrapartida de análisis crítico de los estudios sociológicos en lo que respecta a minorías sexuales. Sustentada en una reelaboración original de la filosofía posestructuralista, pretende analizar la forma como la sexualidad se estructura en el sistema social contemporáneo. En contraposición a los estudios sociológicos sobre minorías sexuales y con una visión crítica de dichos estudios, surgen en Estados Unidos las teorías Queer a fines de la década de 1980. Hasta 1990 aproximadamente, las ciencias sociales analizaban cuestiones de orden social bajo el concepto dominante de la heterosexualidad, caracterizando temas referidos al asunto desde una óptica heterosexista del pensamiento sociológico. Los estudios sobre minorías sexuales estaban prefijados y contaminados por una visión heterosexual que condicionaba todos los resultados de su análisis.

Durante muchos años la Sociología canónica generó presupuestos del tipo normalizador y reorganizó una bibliografía que no innovó en sus postulados sobre minorías sexuales, apenas actualizando estudios que habían quedado perdidos en el tiempo. Teresa de Lauretis utilizó el término Queer Theory en 1990, resultando con el paso del tiempo un movimiento crítico contra las tendencias asimilacionistas. Esta visión contemporánea creó una nueva metodología de investigación sobre minorías sexuales, contribuyendo a la problematización de conceptos clásicos sobre identidad, sujeto, género, identificación, entre otras nomenclaturas. Principalmente la ruptura contra una concepción cartesiana o iluminista del sujeto como eje de una ontología y de una epistemología, considerado en esta nueva visión como sujeto temporal, eventual y fragmentado. Recordemos que:

Al apogeo del positivismo asiglo XX y a comienzos del siglo XX. Pero en las décadas que mediaron entre las dos guerras mundiales resurgió el positivismo con más vigor que nunca (…) neopositivismo o positivismo lógico (…) empirismo lógico (…) El positivismo lógico de los años 1920 y 1930 fue el principal, aun si no el único, afluente del que se nutrió la más amplia corriente del pensamiento filosófico hoy comúnmente conocida como filosofía analítica (…) es acertado reconocer que las contribuciones de la filosofía analítica a la metodología y a la filosofía de la ciencia se han mantenido hasta hace bien poco predominantemente fieles al espíritu positivista (…) partidaria del monismo metodológico. (Von Wright, 1988, p. 32.). mediados del siglo XIX sucedió una reacción antipositivista hacia fines del

Fue a través de las obras de autores como Michel Foucault y Jacques Derrida que los teóricos queer encontraron métodos para constituir estrategias de investigación y teorización más sólidas que las proporcionadas por las ciencias sociales hasta el momento, obras como Historia de la sexualidad I y Gramatología, se constituyeron, entre otras, los pilares fundamentales, históricos y teóricos de los investigadores en el área de los estudios queer. El principal eje desestructurador que impone el análisis vigoroso y que es planteado por Foucault es el propio discurso.

La sexualidad es producida por el discurso y en base a este pensamiento entramos en la primera gran paradoja de los estudios sociológicos sobre minorías sexuales. ¿Cómo estudiar la realidad de las minorías sexuales desde un discurso que ya determina una realidad prefijada desde el abordaje del propio estudio o del propio método que pretende su análisis? El homosexual, la lesbiana, etc. son, en suma, construcciones del discurso en cuanto a identidades, naturalizadas y contrastadas a partir del aparato ideológico dominante. Todo intento canónico de estudiar la sexualidad ha dado como resultado una tendencia descriptiva de los fenómenos minoritarios con el propósito de regular sus comportamientos, depurar los riesgos que implican. El poder adquiere en esta fase de reclutamiento lo que Foucault denominó “dispositivos del poder”, regímenes disciplinarios que aparecen expuestos en sus obras Los anormales y Vigilar y castigar.

 En cuanto a los aportes de Derrida, dos conceptos son importantes, por un lado el concepto de suplementariedad, donde existen significados que se organizan a través de diferencias, ausencia y presencia, que determinan o especifican que nada de lo que parece estar fuera de un sistema en realidad lo está, sino que pertenece a él naturalmente. La heterosexualidad en este sistema necesita y se delimita a través de la homosexualidad como su excluido necesario, puesto que sería imposible definir o determinar una heterosexualidad sin una homosexualidad, lo abyecto afirma lo “normal”, surgiendo de este juego de opuestos las características que demarcan lo que un sujeto es por oposición a lo que no es.

La desconstrucción, proceso analítico metodológico que muestra esta relación binaria, surge como mecanismo que ha sido utilizado para explicar la situación de las minorías sexuales desde la cara opuesta o asintomática que la estudia, la propia heterosexualidad, no con fines de analizar o referir a estudios concisos y relevantes de la homosexualidad sino para autodefinir al sistema que lo configura: “Hacer justicia a esa necesidad significa reconocer que, en una oposición filosófica clásica, nosotros no estamos lidiando  con una coexistencia pacífica de un cara a cara, sino con una jerarquía violenta. Uno de los dos términos comanda (axiológicamente, lógicamente, etc.), ocupa el lugar más alto. Desconstruir la oposición significa, primeramente, en un momento dado, intervenir la jerarquía.” (Derrida, 2001, p.48 [traducción mía])

La desconstrucción causó un gran impacto en el pensamiento metafísico occidental, generando cuestionamientos y reacomodaciones de conceptos que se consideraban canónicos. El redimensionamiento de esos conceptos transformó la hegemonía de los discursos en todo orden y sentido, no escapando al análisis desconstructivo ninguna verdad presupuesta. Como dice Culler:

Deconstruir una oposición es mostrar que ella no es natural ni inevitable, mas, una construcción, producida por discursos que se apoyan en ella, y mostrar que ella es una construcción en un trabajo de desconstrucción que busca desmantelarla y reinscribirla – esto es, no destruirla pero darle una estructura y funcionamiento diferentes (Culler, 1999, p.122, [traducción del autor]).

En cumplimiento de nuestros objetivos para entender las dificultades de las ciencias sociales en los estudios referentes a minorías sexuales, nos es primordial aclarar cuál es la ruptura que la teoría queer ha forjado desde sus inicios y por qué es necesario un estudio de las prácticas sociales que organizan la sociedad como un todo en movimiento. Cuerpos, identidades, sistemas de poder, discurso, además de instituciones, están constituyendo un dispositivo de gobernabilidad y prácticas orientadas, de las cuales conocemos sus balances por medio de metodologías de investigación también regidas por estas líneas de poder, haciendo que los resultados sean manipulados. Queda, según los teóricos queer, un horizonte imposible de ser contaminado y que se protege a través de la creación artística. Según una lectura de sus postulados,  sólo el arte puede desviarse del control, del poder y del discurso. El arte es queer y ajeno a proposiciones morales. Nada existe que discurra previsible en el arte.

Las investigaciones a mediados del siglo XX se caracterizaban por estudios de laboratorio, buscando con objetividad instrumentos que permitiesen medir respuestas sexuales en la base de que el comportamiento sexual y la sexualidad en sí se trataban de objetos medibles. Los factores sociales y psicológicos aún distaban de ser evaluados como responsables de muchas modificaciones o, como se les denominaba, “desvíos” en las conductas sexuales humanas. Los métodos de investigación no encontraban desafíos, más que la aplicabilidad de sus técnicas para estudios fisiológicos, insistiendo en algunos aspectos hasta en la actualidad como el hecho de poder curar la homosexualidad o tratar de explicarla como una causa genética. Se observan aquí algunos de los modelos más recurrentes que surgen de análisis en laboratorios y que se despliegan en forma obtusa hacia la sociedad.

Si atendemos a diferentes modelos empíricos como el hempeliano, probabilístico-inductivo, para servirnos del cálculo de probabilidades a efectos predictivos, o del modelo nomológico-deductivo, el cual pretende explicar por qué determinadas cosas han tenido lugar, esperando entender por qué habían de esperarse determinadas cosas, o quizás el análisis causal probabilístico dentro de la metodología de la explicación es necesario, como afirma Henrik Von Wright, observar los aspectos divergentes, principalmente si estamos ante el análisis de situaciones dentro de la ciencias de la conducta, donde la intencionalidad demanda otros enfoques, aún de manera más cuidadosa en cuestiones sobre sexualidad y comportamientos disidentes dentro del amplio espectro que en dicho tema subyacen.

Pondremos como ejemplo de investigación algunos casos concretos realizados en tribus indígenas brasileñas, a modo de relato, utilizando como referencia bibliográfica algunas apreciaciones del libro Devassos no paraíso de João Silvério Trevisan, así como  metodologías aplicadas en diversos estudios paradigmáticos que han tenido como tema de investigación los comportamientos sexuales de tribus indígenas, identificadas en este discurso como minorías étnicas y por ende con particularidades en su comportamiento sexual.

Quizás el más importante representante de la antropología social fue Claude Lévi-Strauss, quien propuso un análisis del comportamiento del hombre basado en un enfoque estructural en el que las reglas de comportamiento de todos los sujetos de una determinada cultura son existentes en todos los sujetos a partir de una estructura invisible que ordena a la sociedad. Lévi-Strauss analiza las culturas como sistema de signos divididos, estructurados según principios que gobiernan el funcionamiento del espíritu humano que los genera. Este es su método y su anclaje dentro de la investigación en los universos indígenas que estudió, limitándose a explicaciones de carácter estructural o a aproximaciones en lo que respecta a la sexualidad de los individuos. Como refiere Trevisan:

Entre los nambiquaras, que habitan el estado de Mato Grosso próximo a Rondônia, el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss reportó, en la década de 1930, la existencia de relacionamiento homosexual entre hombres (…) constatándolo con mayor frecuencia entre adolescentes primos cruzados, lo que dentro de la lógica tribal significa que uno está destinado a desposar la hermana del otro. Por lo tanto, es como si el futuro cuñado significara para el otro un sustituto provisorio de la mujer. Lévi-Strauss no pudo aseverar hasta qué grado de envolvimiento sexual llegaban esos encuentros eróticos sentimentales. (…) El antropólogo se arriesgó a explicar tal práctica como consecuencia del vaciamiento del contingente de mujeres jóvenes en la tribu, destinadas a los jefes (…) Pero tal argumento suena extraño: si la relación homosexual ocurre primordialmente entre futuros cuñados, eso significa que continúan existiendo casamientos heterosexuales… (Trevisan, 2011, p. 218-19, [traducción y negritas del autor]).

Observemos cómo Trevisan argumenta la inexactitud de un comportamiento restringido a la observación analítica del investigador, el cual está impedido de desentrañar una verdad velada a los individuos que son partícipes de dicha cultura. El acto de arriesgarse a una explicación, basado apenas en su subjetividad sobre el hecho observable, enmarca el resultado dentro de las tantas hipótesis no comprobadas en lo que respecta al comportamiento de minorías sexuales y evidencia la fragilidad del método. Para Lévi-Strauss, así como para Durhkeim y Kant, la mente posee moldes, estructuras, que nos permiten pensar la totalidad de las cosas. Intentar explicar la consciencia colectiva es tarea del estructuralismo en función de una dialéctica mental inconsciente, demostrando de esta manera cómo el contenido a nivel superficial expresa estructuras universales subyacentes. Tal vez la aplicabilidad de un método de investigación estructuralista no implique verdades absolutas ni veraces cuando, sobre ciertos asuntos como el de la sexualidad humana, se trata. Corremos el riesgo, nuevamente, de ampliar la subjetividad del investigador a tal grado de eclipsar la evidencia.

El propio Lévi-Strauss reconoce el tema de la aniquilación de un problema por medio de un método, exposición que realiza en el capítulo “Cómo se hace un etnógrafo” del libro Tristes Trópicos y del que citamos:

Allí comencé a aprender que todo problema, grave o fútil, puede ser liquidado por la aplicación de un método, siempre idéntico, que consiste en contraponer dos visiones tradicionales de la cuestión; en introducir la primera por las justificaciones del sentido común, después, en destruirlas por medio de la segunda; por último, oponerlas mutuamente gracias a una tercera que revela el carácter también parcial de las otras dos, reducidas por los artificios del vocabulario a los aspectos complementares de una misma realidad: forma y fondo, continente y contenido, ser y parecer, continuo y discontinuo, esencia y existencia, etc. (Lévi_Strauss, 2009, p. 49. [traducción del autor]).

La discusión efervescente sobre la aproximación de Lévi-Strauss a un modelo positivista, aproximación muchas veces confirmada por el propio autor en el abordaje científico por medio de las ciencias naturales, sostiene el planteo que Henrik Von Wright remite en Dos Tradiciones, sobre los esfuerzos que filósofos analíticos de la acción no han dejado de realizar con la finalidad de provocar la reacción de los más positivistas. El tema en discusión aún se desarrolla en torno a la aplicabilidad o no de categorías causales a la explicación de la acción y la conducta. Para Lévi-Strauss esto nunca dejó de ser una combinación interesante de ambas posturas que dio resultados en algunos casos, y en otros, refuerza el argumento de nuestro trabajo, principalmente en lo que respecta a las razones esenciales de los comportamientos sexuales de tribus indígenas en Brasil.

 Von Wright, aunque afirma que existe un descuido en los aspectos intencionales y teleológicos, menciona la obra de Peter Winch[1] en donde el autor se centra en los criterios de la conducta, acción social. El significado de los comportamientos registrados es relevante para el científico social, significados que deben ser entendidos por el mismo si procura como meta  tratarlos como hechos sociales.  La descripción, interpretación y explicación que determinan la realidad social deben servirse de la misma trama conceptual que la empleada por los propios agentes sociales, siendo imposible que el investigador se encuentre al margen de su objeto estudiado, como sí lo puede hacer un científico natural. Aparece aquí el término y la doctrina empática, la cual no es un sentimiento en sí sino una aptitud para participar en una determinada forma de vida, desafío incuestionable que el investigador enfrenta en su búsqueda de la “verdad constitutiva” de las realidades sociales que pretende analizar.

La corriente hermenéutica o filosofía dialéctico-hermenéutica que se difundió por los años 1960, acunó filósofos de orientación dialéctica y analítica, concentrando a las teorías del lenguaje como un sistema de búsqueda de significado e interpretación, congeniando mejor con la tradición analítica que con la fenomenológica, al preocuparse notoriamente por la metodología interpretativa y comprensiva.

Comprensión en oposición a empatía, categoría principalmente semántica y no psicológica en su constitución. De alguna manera la filosofía hermenéutica mantiene como herencia un cierto antipositivismo neokantiano y neohegeliano de finales del siglo XIX y comienzos del XX, siendo difícil advertir la oposición entre Hegel y Marx, así como se torna complejo la delimitación del marxismo en su instancia ortodoxa del materialismo dialéctico o marxismo positivista como se lo ha denominado. Distinta es la tendencia del marxismo contemporáneo dentro de los cánones de la filosofía antropológica, más conocida como humanismo socialista y de la cual hemos tenido mayores aportes en el área de la investigación sobre el tema que nos conduce en este texto, a causa de su afinidad con el existencialismo, casos específicos como el de Sarte o aún más denotativo en los procesos de reivindicación de minorías sexuales y del feminismo, con los aportes de Simone de Beauvoir.

A partir de este momento es menester contribuir al desarrollo de nuestro análisis con dos momentos claves en la narrativa historiográfica del feminismo, a través de Simone de Beauvoir y los aportes posestructuralistas/postfeministas de pensadoras como Judith Butler. En este discurrir buscamos comparar algunos estados evolutivos en la investigación sobre el feminismo y principalmente el ser mujer como minoría en virtud de sus desventajas sociales.

Para comenzar citaremos lo que Hayden White advierte sobre la cuestión de la narrativa y los debates de los teóricos de la historiografía actual. El autor nos comenta que para la mayoría de quienes transformarían los estudios históricos en ciencia, el uso repetitivo por parte de los historiadores de un tipo de representación narrativo implicaría un fracaso a nivel metodológico así como teórico. Pensando en El segundo sexo (2009) Simone de Beauvoir basa su pensamiento existencialista en el abordaje histórico del papel de la mujer a través de diversas épocas históricas, apuntalando la situación del ser mujer según contextos particulares, específicos y culturales. Al producir relatos narrativos de su objeto como un fin en sí, la solidez ya es cuestionada en su esencia disciplinar, investigando datos a fin de contar una historia a través de un método, que según White es metodológicamente deficiente (White, 1992, p. 102.) Esta realidad no somete su método de interpretación a un severo cuestionamiento teórico en virtud de una verdad que es incuestionable en esencia, sin embargo produce algunas discrepancias históricas que, por ejemplo, Butler contrasta en relecturas de El segundo sexo.

Al centrarse en la conocida afirmación “mujer no se nace, se hace”, este “se hace” evidencia para Butler un “hacerse en función de…”, un previsto y objetivo a ser alcanzado como imposición social o, en oposición, ser lo que por naturaleza ya se es y por ende retornar, siendo contradictorio afirmarlo. Las lecturas previas de Judith Butler, entre las que se encuentran las corrientes posmodernas en la voz de Michel Foucault, anuncian su postura sobre la importancia del lenguaje y principalmente la fuerza del discurso falologocéntrico como determinante. Esta visión del falo como discurso dominante entiende que todo ser en construcción devendrá en un sujeto con representaciones masculinas. Otras cuestiones teóricas subyacen en su pensamiento y se tornan críticas, como por ejemplo la heterosexualidad como disciplinamiento obligatorio o mandatos culturales, así como la noción de la existencia de cuerpos construidos culturalmente a diferencia de la distinción entre sexo y género, ya que no existe una aproximación al sexo sin un acercamiento cultural al mismo.

El fracaso del feminismo según Butler y de los estudios sobre feminismo y minorías sexuales desde el ámbito de la investigación, y cualquier intento de abordar científicamente asuntos como homosexualidad, travestismo, transgénero y otras identidades, se origina muchas veces y primordialmente, no en el método específico utilizado, aunque es evidente la eficacia cuanto más adecuado sea el mismo, sino en el abordaje ideológico-paradigmático desde donde nos posicionamos para tales estudios. Acceder a la condición de sujeto es un imposible según Butler, porque el sujeto es en definitiva una categoría ya determinada por lo masculino, por tanto ser sujeto mujer es imposible, así como ser sujeto homosexual, travesti, etc. está determinado por la categoría dominante y es históricamente sometida a esta.

La cuestión de la narrativa alerta sobre las bases donde se sustentan las ideologías, aunque la misma no sea considerada ni como producto de una teoría ni como la base de un método. Sin embargo, esta forma del discurso, que puede o no utilizarse como representación de los acontecimientos históricos como afirma White, se ajusta a la función que esta puede tener en sí, transformando el discurso, arbitrariamente, en un subproducto del propio método. Beauvoir lo confirma a su vez cuando critica al materialismo histórico de Engels y al psicoanálisis de Freud en su postulado sobre el problema de la mujer:

La relación sexual que une a una mujer con un hombre no es la misma que él mantiene con ella; el lazo que la aferra al hijo es irreductible. Ella no fue criada únicamente por la herramienta de bronce. La máquina no es suficiente para abolirla. Reivindicarle todos los derechos, todas las posibilidades del ser humano en general, no significa que se deba dejar de observar su situación singular. Y para conocerla es necesario ir más allá del materialismo histórico que sólo ve en el hombre y en la mujer entidades económicas. Así rechazamos por la misma razón el monismo sexual de Freud y el monismo económico de Engels. Un psicoanalista interpretará todas las reivindicaciones sociales de la mujer como un fenómeno de “protesta viril” (Beauvoir, 2009, p.94).

La relación sexual que une a una mujer con un hombre no es la misma que él mantiene con ella; el lazo que la aferra al hijo es irreductible. Ella no fue criada únicamente por la herramienta de bronce. La máquina no es suficiente para abolirla. Reivindicarle todos los derechos, todas las posibilidades del ser humano en general, no significa que se deba dejar de observar su situación singular. Y para conocerla es necesario ir más allá del materialismo histórico que sólo ve en el hombre y en la mujer entidades económicas. Así rechazamos por la misma razón el monismo sexual de Freud y el monismo económico de Engels. Un psicoanalista interpretará todas las reivindicaciones sociales de la mujer como un fenómeno de “protesta viril” (Beauvoir, 2009, p.94).

Sobre la investigación social empírica se debaten diversas teorías y polémicas, surgiendo de esta manera vastas referencias de análisis que ya hemos mencionado, como es el caso del estructuralismo o el materialismo histórico. Los métodos también se amplían, tal es el caso del deductivo, el hermenéutico o el fenomenológico, por citar apenas tres. En este ensamble histórico de métodos, teorías y formas de hacer investigación, surge la bipolaridad entre el objetivismo y el subjetivismo, dando origen a los términos investigación “cuantitativa” y “cualitativa”, ganando mayores adeptos la primera a causa de su confiabilidad en determinadas áreas de trabajo, así como se defiende de críticas severas por su falta de viabilidad en asuntos donde los matices psicológicos o culturales son más relevantes. Esta discrepancia sobre la viabilidad de ciertas investigaciones cuantitativas, idea que nos conduce a la búsqueda de resultados cuantificados y donde se excluyen aspectos del sentido común, se sustenta en la necesidad de un enfoque fenomenológico de la investigación, siendo conscientes de que no todo puede ser cuantificado y de que existen actores subyacentes al mero hecho de recabar datos numéricos o estadísticos. Surge en este vértice, el nivel de sentido expresivo o documentario que también describe o legitima una realidad, sensibiliza o produce actos perlocutivos referenciales y válidos.

El riesgo de introducir una mirada subjetiva sobre la realidad a ser analizada o descrita, persiste en la ignorancia sobre la reflexión epistemológica y metodológica en el ámbito de las Ciencias Humanas y Sociales, imprescindible para poder discernir entre análisis cualitativo y mera subjetivización arbitraria por parte del sujeto investigador, abduciendo de este mirar crítico los prejuicios, conjeturas y definiciones precipitadas. Ya lo adelantábamos, a modo de comparación, cuando nos referíamos a la narrativa y a los conflictos inminentes sobre su necesidad indiscutida para la existencia de la historia: “Donde no hay narrativa no hay historia”[2] y el problema del discurso que encierra la narrativa como ficción en sí, aspectos que Hegel analiza mencionando precisamente los términos subjetividad y objetividad, donde la historia posee ambos: “…“Incluye lo que ha sucedido no menos que la narración de lo que ha sucedido (…) refleja “un orden superior al mero accidente exterior”…” (White, 1992, p. 105.)

En la amplitud de temas que el abordaje sobre minorías sexuales puede atender, las metodologías de investigación pueden perfectamente entramarse y combinare sin necesidad excluyente. Por un lado sabemos que muchas investigaciones apuntan a objetivos plurales y que dependen de esos objetivos los métodos más eficientes: porcentaje de infectados con HIV para una campaña sobre el uso del preservativo; índice de prostitución infantil para modificar el código penal; medición progresiva de enfermedades infectocontagiosas para cuestiones sanitarias; documentales; tesis de doctoramiento, etc., adecuando a cada objetivo el más eficaz de los métodos y perfiles de investigación.

Notas

[1] The idea of a Social Science, 1958.

[2] Benedetto Croce “La storia ridotta sotto il concetto generale dell`arte”, Primi saggi, Bari, 1951, p.6. In White, 1992, p. 104.

 

Referencias

Beauvoir, Simone (2009). O segundo sexo. Río de Janeiro: Nova Fronteira.

Butler, Judith (2008). Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires: Paidós.

Culler, Jonhatan (1999). Teoria Literária: uma introdução. São Paulo: Becca.

De Certau, Michel (1998). “La historia, ciencia y ficción”. En: Historia y psicoanálisis. México: Universidad Iberamericana.

Derrida, Jacques (2001). Mal de Arquivo: uma impressão freudiana. Trad. Claudia de Moraes Rego. Río de Janeiro: Relume Dumará.

Díaz-Benítez, María, Fígari, Carlos (orgs.) (2001). Prazeres dissidentes. Río de Janeiro: Garamond.

Lévi-Strauss, Claude (2009). Tristes trópicos. São Paulo: Companhia das Letras.

Trevisan, João Silvério (2011). Devassos no paraíso. A homossexualidade no Brasil, da colônia à atualidade. Río de Janeiro: Record.

Von Wright, Georg Henrik (1988). Dos tradiciones, en Explicación y comprensión. Madrid: Alianza Editorial.

Wallerstein, Immanuel (2001). “El eurocentrismo y sus avatares. Los dilemas de la ciencia social”. En: Walter Mignolo (comp.), Capitalismo y Geopolítica del conocimiento. Duke University: Signos.

White, Hayden (1992). “La cuestión de la narrativa en la teoría historiográfica actual”. En El contenido de la forma. Narrativa, discurso y representación histórica. Barcelona: Paidós.

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