Experiencias maternas: significado de las maternidades lésbicas desde el cuerpo y las emociones

Resumen: El presente trabajo de investigación intenta mostrar coordenadas teóricas para analizar las maternidades más allá del binomio mujer-madre andocéntrico. Pretende delinear desde el cuerpo y las emociones un espacio discursivo que permita comprender las maternidades como prácticas que quebrantan el binomio asignado históricamente a las mujeres. La entrevistas expuestas narran cómo las lesbianas significan la maternidad desde  cuerpo sensible y muestran de qué manera se han apropiada de un rol el cual se les había negado por su identidad sexual. Las maternidades deben pensarse también desde las experiencias narradas desde el cuerpo sensible con la posibilidad de dejar atrás aquello que las feministas han considerado como una situación de subordinación de las mujeres. Subordinación social aún presente, pero que no es la única relación de significado vinculada a la mujer-madre.

Palabras clave: maternidades lésbicas, cuerpo, emociones.

Abstract: This research tries to display theoretical coordinates to analyze the maternity units beyond the woman-mother pairing. It seeks to trace a discursive space from the body and the emotions that allows them to understand maternity units as practices that violate the binomial structure historically assigned to women. The interviews presented narrate how lesbians signify motherhood from sensitive body, and show how they were appropriate for a role which had been denied by their sexual identity. Maternity must also be considered from the experiences narrated from the sensible body with the possibility to leave behind what feminists at some point considered as a subordinated status of women. Social subordination is still present, but that is not the only meaning linked to the woman-mother.

Key words: lesbian maternities, body, emotions.

 

Nadia Marlene Rosas Chávez. Maestría en Estudios de Género por el Colegio de México, Militante Activista del Comité de América Latina y el Caribe para los Derechos de las Mujeres, CLADEM. Líneas de trabajo, maternidades, feminismos, subjetividad, sociología del cuerpo y las emociones.

Si bien es cierto que la maternidad en nuestra sociedad establece, prescribe y asigna el lugar de madres a las mujeres, también es cierto que en la actualidad se ha transformado las significaciones en torno al rol de ser madre. Los modelos, esquemas y elaboraciones culturales de la vida sexual, así como las relaciones de pareja y el ejercicio de la maternidad han cambiado en los últimos años, como consecuencia de los acontecimientos económicos y demográficos que afectaron las estructuras de las familias. Dentro de estas coyunturas, surgen nuevas prácticas reproductivas que permiten distintos perfiles de mujeres: las que están en el ejercicio materno dentro del matrimonio, sin cuestionar el deseo de ser madres y se apegan a la normatividad de género en cuanto a valores, virginidad, amor maternal y la sexualidad para la procreación; y quiénes han cuestionado este modelo de maternidad desde sus distintas experiencias, ejerciéndola sin pareja, matrimonio o con pareja del mismo sexo.

Los cambios permiten observar otras concepciones de la maternidad desde una mirada distinta a la normatividad sexual. Por esta razón no se puede seguir hablando de la maternidad sino de maternidades, cómo un espacio discursivo en el que se diluyen las fronteras entre lo establecido por el deber ser madre y las madres que ejercen su maternidad a partir de un proceso de decisión. Aunque esto supone que la dominación masculina ha asignado a las mujeres funciones reproductivas casi inamovibles, no significa que al hablar de la categoría de mujer-madre no puedan encontrarse variaciones en el ejercicio de la maternidad.

Entre los años setenta y ochenta del pasado siglo, aparecieron estudios que diferencian la maternidad como institución (valores, normas, mandatos, prescripciones culturales) de la maternidad como experiencia cotidiana, compleja y subjetiva; estos estudios exploran también entre las prescripciones culturales y el orden psíquico. En la década de los ochenta, algunas feministas debaten sobre la forma de entender la maternidad y las implicaciones políticas de su conceptualización. A partir de ello se delinearon posiciones que van desde considerar la maternidad como una institución del patriarcado, hasta entenderla como la posibilidad de crear un mundo simbólico de la madre (Bringas, 2003, Espinoza, 2007). Debido a lo anterior, el análisis del feminismo sobre la maternidad se centró principalmente en la discusión de cuatro líneas básicas que debatían si las experiencias de la maternidad eran únicamente subordinación o si podían vivirse de una manera “liberadora”:

• La crítica de la maternidad como institución del patriarcado.

• El estudio de las condiciones históricas y las prácticas sociales de la maternidad.

• El análisis de las experiencias de la maternidad y, en menor medida, de la no maternidad.

• La crítica de las políticas públicas dirigidas a la salud reproductiva y a la familia.

La forma de entender, concebir o pensar y establecer las funciones de las maternidades no es entonces una constante histórica, sino supone un proceso contínuo de reconstrucción sobre aquello denominado “materno” y dependerá del contexto particular, el momento político, los acontecimientos y movimientos sociales, así como de la experiencia de los sujetos los significados y representaciones del ser madre. Por tanto, no son universales sino subjetivos.  La maternidad no es elemento básico de la identidad de las mujeres, sino es una institución política-social asignada a las mujeres, por ello no creo en el instinto materno. Sin embargo, considero que es necesario proponer otros campos de entendimiento para movilizar y no restringir el significado de las maternidades. No estereotipar las maternidades como un asunto de dominación y subordinación patriarcal que viven las mujeres, sino pensar en la posibilidad de reflexionarlas como un campo de conocimiento, de acción y de conformación del yo; que permite a las mujeres replantear su condición. La propuesta es considerar que más allá de ordenamiento mujer-madre existe una experiencia corpóreo afectiva (cuerpo y emociones) que configura esta experiencia cuestionando las estructuras sociales, considerando incluso reclamar sus derechos como madres cuando sus cuerpos (cuerpos lésbicos) en el imaginario social no estaban pensados para ello.

Con las ideas anteriores se reflexionaron las historias de madres lesbianas[1], con las cuales se pretende tejer ejes nodales que sirvan de guía para la elaboración del marco teórico sobre cómo pensar las maternidades. La maternidad es comprendida desde la significación sobre sus experiencias de ser madre ancladas en el campo corpóreo emocional. Algunas investigaciones han comenzado a explorar la vivencia misma de la maternidad como un elemento que otorga poder a las mujeres y que el contexto de su capacidad reproductiva puede ser fuente de liberación (Sánchez 2003;  Espinoza, 2007; Asakura, 2000). Por ello, no puede dejarse de lado, mucho menos olvidar que en los testimonios citados de las mujeres madres, se plasma que el precio o costo social que se paga por ser madre, puede subsumirse con el amor y los vínculos afectivos de su relación emergidos con la vivencia del cuerpo materno y con la experiencia del día a día con los hijos.

Las historias

El análisis de las entrevistas se centra en algunos elementos que permiten observar como la experiencia materna se puede narrar desde el cuerpo sensible. Se dividió el conjunto narrativo de las participantes en tres ejes analíticos: maternidades, la crianza y el significado de los hijos. En cada apartado se muestra como las madres hablan sobre sus vidas entrelazando sus decisiones con su afectividad. Algunas de estas emociones pasan conscientemente por el cuerpo, otras sólo se sabe que están ahí, que se han sentido. Algunas de ellas siempre pensaron en ser madres, ha sido una constante en sus vidas; otras en cambio, han considerado esa posibilidad después de compartir la crianza de los hijos con su pareja. Para todas su maternidad ha sido una elección. Primero, porque ser lesbiana implica elegir quebrantar las normas sociales heterosexuales y segundo, porque la maternidad lésbica es un acto cuestionado y estigmatizado, por lo que deben estar seguras de su decisión. Por tanto, ser madre lesbiana implica un proceso de reflexiones y elecciones sobre si seguir o no con lo que la sociedad ha marcado en sus cuerpos lésbicos; si quebrantan los estereotipos masculinos o los pares de butch y femme o; si toman la decisión de ser madres y sortean las implicaciones de la crianza en una familia homoparental.

Laura y Natalia: mamá biológica y mamá de crianza

Laura es cirujana dentista y cuenta con algunas especialidades en medicina alternativa. Tiene 43 años de edad y estuvo casada durante siete años con el padre de su hija. Asumió su identidad lésbica poco después del divorcio. Se casó por presión familiar y social; aunque no estaba segura de su decisión y no amaba a su esposo, mantuvo la relación y esperaba algún día quedar embarazada. Su gran ilusión era convertirse en madre algún día. Tuvo muchas dificultades para lograr su embarazo, pero una vez que lo logró, ya no tenía más razón para seguir al lado de su pareja y decidió separarse de él. Desde entonces se dedicó a trabajar y cuidar a su pequeña hasta que conoció a Natalia. Ella tiene 41 años y es diseñadora de interiores; antes de establecerse con Laura tuvo encuentros heterosexuales y lésbicos, aunque se identificaba como lesbiana no asumió su identidad completamente hasta enamorarse de Laura. Natalia nunca pensó en ser madre, de hecho la maternidad heterosexual de Laura fue un conflicto para ella porque no estaba segura de querer ser la co-mamá de la hija de su compañera. Como muchas parejas lésbicas iniciaron su romance después de haber sido amigas por algún tiempo. Meses más tarde su amistad culminó con la decisión de vivir juntas, además porque para Laura era muy importante estabilizar su relación de pareja por su niña. Las dos compartieron la crianza, asumieron el rol de mamá-papá, co-mamá, acoplándose a las necesidades de su hija. Emprendieron un consultorio de medicina alternativa y a la par el desarrollo profesional de Laura como odontóloga. Es una pareja que lleva más de  años viviendo juntas, comparten la casa, el lugar de trabajo, los gastos y la crianza de la niña que actualmente tiene 13 años. A sus cuarenta años de edad, son una pareja en la que se percibe amor y respeto entre ellas y por su trabajo. Después de tanto tiempo juntas, existe mucha seguridad en su relación mutua y de lo que desean en común, tanto en el trabajo como con su familia. Desde entonces se han esforzado por compartir los tiempos como pareja, en el negocio de la familia, con su hija y algunas reuniones que asisten con las amigas. Mantienen una relación estable, comparten roles de las parejas y familias convencionales, aunque mantienen mayor flexibilidad para afrontar los problemas y sobre todo, procuran tener buena comunicación sobre lo que les pasa y desean cada una, en pareja y en familia.

Maritere: mamá adoptiva

Maritere tiene 39 de edad, es empleada administrativa. Mantuvo una relación de noviazgo por varios años con un varón. Asumió su identidad lésbica hace poco tiempo. Antes de casarse mantuvo una relación con una mujer, fue entonces cuando decidió asumir su identidad lésbica. Algunos años después lo haría con su familia. Como es de esperarse la noticia generó gran decepción, sobre todo a su hermano mayor. Sin embargo, pasado el tiempo, han podido aceptar su preferencia sexual. Actualmente no tiene una pareja estable. Ha tenido varias relaciones pero hasta ahora ninguna de sus parejas ha correspondido con su deseo de ser madre. Maritere siempre pensó en ser mamá, pero no quería embarazarse. Para ella vivir el proceso de gestación no es algo necesario cuando se quiere criar niños, además, porque no deseaba ver los cambios ni achaques que sufriría su cuerpo por el embarazo. Simplemente no quiere embarazarse, pero sí quiere vivir este proceso al lado de una pareja que lo desee. Como no pudo ver logrados sus planes, pensó entonces en adoptar un niño. Buscando tanto ese hijo, un día una vecina le contó que ella tenía hijos adoptivos de un orfanato y que posiblemente si ella decidía ir le dejarían ver a un pequeño. Un tanto temerosa, fue al orfanato y realizó los trámites para poder ver a un niño. Y así fue como se encontró con Oscar, su hijo. El pequeño tiene 3 años y llevaba algún tiempo viviendo en una casa hogar. Es un pequeño que sufrió violencia física y emocional por parte de sus padres. A Oscar sólo lo ve los fines de semana o en vacaciones. En su casa ha acondicionado un espacio para el pequeño y ha hecho lo que muchas madres hacen cuando nacen sus hijos, comprar las cosas necesarias para su crianza. Su relación se fortaleció al poco tiempo de estar conviviendo. Posiblemente este vínculo tan fuerte se generó, entre otras cosas, por la necesidad del pequeño de sentirse amado y el deseo de ella de tener un hijo. Maritere, desde que se encontró con su hijo, ha dedicado su tiempo para educarlo y darle lo mejor. Ha cambiado su vida de diversión y sus amistades por la responsabilidad de la crianza. Su mamá y familiares se han encariñado tanto con el niño que Maritere cuenta con su apoyo para adoptarlo legalmente. Su vida ha sido otra a partir de su relación con el pequeño y eso se ha reflejado en todos los ámbitos de su vida.

Maternidades

Tener hijos o no, es una decisión que las lesbianas toman. Asumir su identidad lésbica no impide querer convertirse en madres. Algunas reconocen que siempre lo anhelaron, no sabían de qué manera, ni con quién compartirían la crianza, pero si sabían que era algo que estaban buscando. Para ellas, convertirse en madres es una elección, no una imposición. Lo han reflexionado detenidamente.

Maritere:  yo siento que… yo sí tengo mucho de, mucho de amor de mamá…y no es que yo quiera tener un niño porque mí cuerpo se vaya a deformar, no le tengo miedo a eso…si no porque no lo quiero… yo no quiero esos 9 meses, esos achaques, o sea no los quiero… de hecho cuando decidí eso, fue porque yo siempre dije que sí me dieran un hijo, yo siempre lo iba a cuidar, lo iba a educar… y que incluso muchas veces los niños que veía en la calle, pues decía me los llevo…como a la mayoría de esos niños siempre estuve yo buscando.

Laura: mi hija fue una niña muy deseada y buscada… pues imagínate yo siempre quise tener un hijo, siempre lo busqué, yo sentía esas ganas de ser mamá… yo siempre quise ser mamá pero entonces tenía problemas con él, pero yo quería ser mamá, y te puedo decir que esa fue la única relación sexual que tuve con un hombre, porque para mí era un sacrificio el tener relaciones con él… era lo peor que me podía pasar. Finalmente me quede embarazada… y yo sólo decía Dios mío hazme madre, no más te voy a molestar una vez, yo quiero saber lo que es  ser madre… y después de muchas complicaciones tuve a mi hija que es mi adoración (…) yo quería tener niños aun sabiendo que las cosas no estaban bien en mi matrimonio y aun sabiendo de mi preferencia sexual, porque eso no tiene nada que ver, es totalmente independiente tu eres mujer y sigues teniendo tu   maternidad…aunque aparentemente siga siendo más masculina que mi pareja, tú me ves más masculina físicamente, pero yo soy la maternal a mí me gustan los niños… yo soy la que hago la cocina… entonces son roles que uno no deja de tener… si quieres ser madre, la preferencia homosexual no tiene que ver con nada.

Saben que están expuestas a ser criticadas por familiares y amigos al asumir un rol no esperado socialmente. Su maternidad genera cuestionamientos al darse en una relación entre mujeres y no en una relación heterosexual. Incluso su papel materno no es aprobado por otras lesbianas del grupo porque consideran reproducen el papel de mujer-madre heterosexual o porque no asumen el rol de madre marcado socialmente. A pesar de los cuestionamientos no se arrepienten de su decisión de ser madres y asumen con responsabilidad está posición.

Maritere: pues conmigo él apenas tiene 5 meses y para mí ha sido un súper cambio radical… (…) a mí sí me gustan mucho los niños… mis amigas me tiran carrilla porque yo digo que no me veo embarazada ni nada de eso… yo me veo en la otra parte… en la que mi pareja estuviera embarazada, chiquearla y mimarla y estar ahí, todo eso… y me dicen ah pues quieres ser el papá… y yo ahora me doy cuenta de que no es así, que no soy el papá… y aunque mí pareja fuera muy femenina, y que a lo mejor quisiera un niño, no trataría a mí niño como yo lo trato… (…) y todos me lo dicen… y a mí… me lo dicen y ¿ese niño?… y no pues es mío… y me dicen cállate, ten uno… o sea que cómo, para sentir que son tus hijos tienes que tenerlos… o sea, tienen esa visión de la vida…

En el caso de las mamás de crianza, nunca estuvo en sus planes de vida la maternidad. Han sido presionadas por amigos o conocidos y familiares para que tengan hijos biológicos. Sin embargo, han aprendido y han disfrutado desempeñar este papel, primero por el amor que le tienen a su pareja y por acompañarlas en su decisión y segundo, porque han descubierto en el proceso de crianza cosas significativas. Algunas mamás de crianza han reconsiderado ser madres biológicas a partir de vivir esta experiencia; otras en cambio, mantienen firme su posición de no convertirse en madres.

Natalia: esa idea de no tener hijos ni nada a veces surge de cómo sin un hombre, el hijo no va a funcionar… al rato el hijo va a volar con alitas de mariposa… que la figura paterna… y te empiezan decir un montón de cosas, cosas que nos hemos dado cuenta que nos afectan… y si nunca has tenido ganas, pues con eso menos, te la piensas… y ya, pasa el tiempo y cada vez menos… yo siempre dije, nunca voy a estar con una persona que tenga hijos, yo no quiero hijos… yo no voy a estar con una que tenga hijos… siempre dije eso, pero te viene las circunstancias y las cosas cuando menos piensas… de repente uno dice voy hacer esto en la vida y se van tomando caminos que cuando menos piensas ya estas adentro… todavía  mucha gente… alguna me dice: oye es que no estás realizada si no tienes hijos, te falta realizarte… Laura ya se realizó, ya se casó, y tiene una hija, ¿y tú no piensas tener hijos?… pues así para qué quieres trabajar, para qué quieres hacer cosas, para qué quieres vivir si no tienes hijos… a ver, espérame… es que habemos personas que elegimos no tener hijos, independientemente de las preferencias sexuales… sí me ha entrado el conflicto de, sí, sí quiero tener un hijo, si no quiero tener un hijo… lo platicamos… ella está muy abierta, ella me da total libertad, ella me dice si tú quieres tener un hijo adelante (…) es un conflicto muy fuerte para la persona que no quiere o tiene hijos…hay personas que están bien definidas y no quieren tener hijos, pero yo no sé…

La crianza

Vivir en familia y criar a los hijos, conlleva a las parejas a entablar un compromiso de fidelidad y de respeto. Educan a sus hijos con el ejemplo. Evitan asistir a fiestas y dejarlos al cuidado de alguien más por mucho tiempo. Critican a las parejas heterosexuales por ser descuidadas con sus hijos. Para ellas, su maternidad es más consciente y responsable del cuidado y de las necesidades de los niños; de ello depende, en gran medida, la aceptación de los pequeños de su preferencia sexual. Son madres antes que lesbianas. Quiénes las visitan deben considerar que hay niños en casa y por tanto, ser cautelosos con sus comportamientos. Las amigas que no son mamás, parecen no entender porque han cambiado tanto, las critican y por ello tienden a frecuentar más a las lesbianas que son madres.

Laura: no puedes educar más que con el ejemplo, nos ve que trabajamos, que somos honradas, no tenemos vicios, nos divertimos, pero jamás llegamos crudas o con desfachateces… tenemos muy seleccionadas a las personas que entran a la casa… pero somos muy selectivas con quién nos juntamos y damos entrada a la casa, siempre en pareja… eso tendría que pasar en cualquier pareja convencional, respetar… yo siempre se lo he dicho, y uno debe ser agradecido en la vida y lo demás no importa sino los hechos…. respetarse mucho, sin infidelidad, si traer una amiga y otra… aquí se da con mucha facilidad… y tener un hijo así, no… la crianza de un hijo es lo más importante, cuidar mucho su relación de privacidad y de amistades (…). Nosotras tratamos de ser estrictas con eso…tenemos una disciplina, cumplimos con ciertas reglas… porque decimos: es que hay que ser lo mejor posible para la educación de la niña… porque el día en que se llegue enterar y lo abramos completamente y lo hablemos con ella… que la niña no vaya a tener mucho coraje ni mucho rencor… o sea… y diga: has sido buena mamá, has sido buena tía, no importa que estés con mi mamá de otra forma… pero te voy a respetar por cómo me has tratado. Por eso tenemos una doble carga, a diferencia de las parejas tradicionales hombre-mujer, porque estamos cuidando para la hora en la que ella se entere que sea lo menos que pueda aventar.

En la crianza no hay roles fijos, rompen con estereotipos de butch-femme o de mamá y papá. Sus cuerpos con características asociadas a lo masculino, a la figura paterna, algunas veces reproduce el papel de la madre, o viceversa, el cuerpo asociado a lo femenino asume el papel de padre. Algunas resuelven la falta de la figura paterna a través de la convivencia de los pequeños con los hermanos o abuelos. En el día a día, atraviesan y resuelven los problemas de las familias convencionales heterosexuales pero con el compromiso de distinguir a su familia de las demás.

Laura: somos como familia, cada quien tiene un rol en la casa, hacemos labores de carpintería, yo soy como su marido, qué hago, qué pongo, a qué te ayudo, Natalia es la que elige cómo va estar todo, de qué forma… elije los colores… la niña tiene un rol también… somos como una familia, todos hacemos lo que nos toca. Los roles no son muy marcados, las dos somos de disciplina, ambas tenemos poder en la disciplina y tratamos de que haya respeto  por las dos… y a ambas nos pide permiso… nos acompañamos en la crianza, a diferencia de los hetero, que enfrente de los niños utilizan un vocabulario… que dicen cosas enfrente de los niños… donde el papá está en un despapaye y la mamá también (…) no porque uno este con una relación homosexual quieres dejar de vivir esas etapas de casarte, ponerte el vestido, la panchanga y los hijos… y tiene mucho que ver de pasar esa parte de un matrimonio convencional… ay gente que dice ay yo no… piensan que por ser lesbiana tienes que cumplir con el prototipo de yo soy lesbiana, el fajote, y bien machirrin, no, no, aquí no hay roles, aunque me veas más masculina que ella, no hay roles fijos.

Maritere: entre los hetero no hay tanto problema creo yo… cuando conciben un hijo, porque ahí los dos tuvieron que ver (…) nosotras como que queremos prepararnos más precisamente por lo que hemos pasado… que creemos que  quizás hasta los queremos educar mejor que los heterosexuales… te voy a decir porque, porque si te casas y tienes hijos… o eres mamá soltera, peor… si eres hetero no hay problema… con la sociedad no hay problema… pero si eres lesbiana y tuviste un hijo, incluso o no tuviste, es muy marcado… yo siento que nosotras nos preparamos más para decirles esto, porque si es difícil, incluso para la familia (…).

 

Significado de los hijos

Para ellas la decisión de convertirse en mamá, no cualquiera la puede tomar. Pocas son las personas que asumen la responsabilidad de otro ser humano y se desprenden de sus necesidades para ocuparse de las del otro. Todas hablan de sentimientos que evocan los hijos como amor o ternura. Algunas los describen, otras sólo saben que lo sienten.

Laura: ser mamá es como siente cualquier otra mamá… los hijos te dan otra forma de ver la vida, el ser mamá es personal y tomas la maternidad y la visión que cada quien le da, y sí influye para ver los problemas de los demás, lo haces de otra manera, eres más responsable, paciente… ya te la piensas dos veces antes de hacer alguna cosa, antes de arriesgar tu vida pues, para no dejar solo a tu hijo… ya todo es diferente pero mucho más bonito… (…) lo que siento por mi hija, lo que significa, es algo que no se puede describir, no hay palabras, no puedo describir porque no hay palabras, el sentimiento se siente, está ahí adentro… no puedo decir que es en sí… primero no lo puedes creer, se empieza a mover y te empieza a crecer el abdomen y luego, te crece y cuando sientes, es cuando te la crees…

Maritere: yo creo que lo poco o lo mucho que des en algún lado o para alguien… yo creo que ese alguien que en algún momento, en algún futuro te lo va a reconocer… y si no te lo reconoce, no importa, lo que importa es lo que sientes en el momento en que se lo diste, y ver como lo recibe… o sea, lo importante aquí es lo que tú das… y además que eso que tú das es para él… y que él lo está recibiendo con mucho gusto… y que además eso que le estas dando es para que él trascienda… porque tú ya trascendiste (….) para mí esa es la manera, tienes que dar…esa ese es la manera… para mi tienes que dar… es una mentira que yo doy sin que me den nada a cambio… y eso es una mentira, a fuerzas tienes que recibir algo a cambio… es una teoría de la vida… o sea es un equilibrio… entonces yo le doy al niño atención, cariño, juego con él, y con que él me diga mamá o que él me aviente un beso, eso es el pago… yo no necesito de que todo el tiempo me este diciendo: te quiero, te quiero, te quiero… va llegar un momento en que todo lo que tú tienes o todo lo que tiene la otra persona, a quién se lo vas a dar… porque todos tenemos el amor hacia nuestra pareja, pero también tenemos el otro amor, el amor de padre, de madre, el amor de los amigos… ¿y a los hijos? y ese dónde lo depositas, dónde lo dejas… por eso muchas lesbianas tienen perros, o tienes plantas o tratas a tu pareja como un niño.

Los hijos se han convertido en parte fundamental de sus decisiones y sus planes a futuro. Ahora todas las decisiones estan primero en función de los pequeños. No extrañan los momentos de fiestas o de menos responsabilidad. Al contrario, consideran que esta etapa les ha servido para madurar y para reflexionar sobre sus vidas de otra manera, aunque no niegan que ha sido un cambio difícil al que se han ido adaptando.

Maritere: en el circulo de las mujeres lesbianas hay mucho miedo en todas esas personas que no quieren responsabilidades… muy lejanamente son responsables en su trabajo, con su familia y cumplen todas las cosas… esa es una responsabilidad muy grande… un hijo es una responsabilidad muy grande… porque te desprendes de ti misma y eso es lo más difícil… yo creo que más bien es ese miedo, ese miedo a dejar ser tú, y todo lo que hace a tu alrededor… y tarde que temprano va a hacerte cambiar… él te va a ser cambiar… cuando él llega el te va hacer cambiar… muchas le temen a eso, dejar las fiestas, las salidas… yo creo que todo lo puedes sobrellevar…

Por su parte, las mamás de crianza y adoptivas, no encuentran diferencia en el amor que se siente por los hijos adoptivos y de crianza, a lo que se podría sentir por un hijo biológico. La convivencia con los pequeños, es lo que genera los lazos afectivos y no el haberlos concebido. Ahí radica la importancia de la maternidad, en su afectividad. No como producto de la gestación sino producto de la interacción con el pequeño. A partir de los lazos afectivos con los niños, germinados en familia, las co-mamás asumen su vida desde otra mirada, son más responsables en sus actos y valoran significativamente el vínculo afectivo con el hijo.

Natalia: a veces cuando la niña toma actitudes que se parecen tanto a mí ya no quiero tener hijos, y digo para qué si ya lo viví, ya lo estoy sintiendo, ya lo veo…además de que tengo todo esto sin la responsabilidad al cien, porque sé que la última palabra la tiene ella… y es muy cómodo vivir así, un niño implica responsabilidades… las tengo ahorita pero no al cien… además ya tenemos tiempo para mí, para nosotros y con un hijo me voy a fregar, porque será más mí responsabilidad… y otra vez comprar los pañales, con esto con lo otro. Este es el conflicto más grande que tengo yo en cuestión maternidad, los tiempos divididos… yo ahorita tengo el conflicto de que un hijo… yo tengo que dedicarme más a mi hijo y perder un poco de tiempo con mi pareja… y vendrían problemas que no sé bien cuales serían… y a mis cuarenta y un años, cuando ya tengo una vida más o menos resuelta, ¿quiero descubrir realmente la caja de pandora? (…). Podría decirse mucho, no es mi hija, no es mi sangre, yo pudiera tener un hijo mío, pero si llegas a sentir mucho amor por la personita más si la conociste chiquitita, si ya la agarra chiquita como bebes… la pareja, la otra si logra encariñarse muchísimo… yo sé de parejas que agarran hijos de 11, 13 años y los pleitos son barbaros… de que tú hijo ya lo tienes muy chiquiado… es que tiene que ver que los agarren de chiquitos…. ella agarra y me dice: tía yo te quiero mucho, tú siempre estás, si tengo algún problema siempre estás… y yo siento maripositas en la panza cada vez que me dice eso… a lo mejor ahora que he estado con la niña es que pienso en tener hijos, probablemente…

Es en la experiencia del cuerpo sensible donde encuentran el sentido y significado a su decisión de ser madres; cuando sus hijos las miran, les dicen mamá, las besan y responden de manera afectiva a su labor de madres.

Maritere: ha habido días en que cuando lo tengo y está dormido, lo beso, lo abrazo, me le quedo viendo, yo soy mucho de ver… le hablo en su oído y se me hace así, tanta ternura… que cuando en la mañana despierta y me dice mamá, y le digo que ya te quieres venir para acá… porque lo duermo aparte… ay, sentir que se me mete aquí, y sentir aquí una cosita… y ver la televisión, no, no,  la verdad es que ese cuerpo ni por el otro cuerpo… la verdad es tonto lo que voy  a decir, quizá es un orgasmo… no pensando en el morbo, ni en el sexo, ni en otras cosas… pero es así igual de placentero el sentirlo a él junto a mí… te sientes llena, satisfecha, no sientes hueco, y toda la semana pienso en él… ya es jueves y ya espero para verlo y comienzo a sentir así cosas, porque ya casi lo voy a ver  (…).

Reflexiones finales

Los encuentros lésbicos, sus historias de pareja, se asemejan porque cada una de ellas ha experimentado encuentros heterosexuales antes de asumirse como lesbiana. Sus cuerpos experimentan la vivencia materna y le confieren sentido a su propio proceso materno quebrantando la construcción estereotipada de sus cuerpos, rompiendo límites y posibilidades. Experimentan la maternidad como cualquier otra mujer heterosexual, pero a reserva de las marcas acuñadas en su cuerpo lésbico. El signo de distinción radica en el cuidado y ejecución del rol materno, porque siguen siendo estigmatizadas por ser cuerpos lésbicos. Recordándose siempre ejecutar el papel de la madre según confieren las prescripciones sociales, a fin de poder evidenciar su capacidad materna y con ello quebrantar estereotipos lésbicos. Por tanto, la maternidad queda significada desde su biografía, desde las relaciones con el hijo y desde los entramados sociales que las han constituido. Las maternidades lésbicas son entonces, un acto de elección.

Juegan con los roles y estereotipos de butch y femme[2] Su corporeidad, sus gestos, su vestimenta, su actitud, evita ambigüedades de quienes son, y se centran en lo que quieren mostrar. Durante la interacción, sobre todo con los hijos tienen un cuidado especial para no evidenciar su preferencia sexual. El amor a los hijos está marcado por este proceso civilizatorio, por la maternidad intensiva actual, donde cuidan su bienestar físico y emocional. Esta relación civilizada entre madre e hijos hace que los niños cumplan una función principal para mantener la relación de pareja; como una relación estable, respetuosa, fiel, centrada en educar a ese hijo o hija como una persona de bien, que crezca sintiéndose querido y cuidado. Para todas las mamás lesbianas es muy importante lo que sus hijos piensen y sientan al momento de saber que son una pareja lésbica. Por esta razón, cuidan su crianza a detalle, evitando ser vistas dando un mal ejemplo o descuidando a los pequeños. Así cuando los hijos sepan la identidad o preferencia sexual de sus madres no tendrán que reprocharles, criticarles o juzgarles. Porque ante eso, está su papel de madre que fue ejecutado acorde a las prescripciones sociales sobre el rol y las funciones de una buena madre. Los hijos entonces, no tendrán motivos para rechazarles. En este sentido, tampoco la sociedad podrá estigmatizarlas. Porque ellas a diferencia de muchas parejas heterosexuales o madres heterosexuales, han cumplido cabalmente con su crianza.

En su desempeño como madres ven la posibilidad de dejar atrás el estereotipo de la lesbiana masculina que causa daño psicológico a los hijos. Por eso afirman que suelen ser mejores madres que las heterosexuales. Porque ellas llevan en sus cuerpos una doble carga discriminatoria, su preferencia sexual y la no maternidad. Así que desempeñan lo mejor posible su papel y lo anteponen a la lesbofobia existente. La sociedad entonces, le otorga mayor importancia a su rol como mamá y sucumbe su identidad lesbiana. Son madres antes que lesbianas, por ello, las acepta, las incluye y no las critica. La maternidad les otorga un tipo de poder, con mayor equilibrio dentro de las relaciones sociales, a diferencia de las demás lesbianas no madres.

Es el acercamiento sensible, la proximidad sensible; lo que marca las relaciones madre e hijo. Como se muestra en las narraciones, no todas las madres nacen amando incondicionalmente a los hijos; sobre todo las madres de crianza y adoptivas, estas mujeres han modificado su posición sobre la maternidad y su significado desde que han establecido una comunicación corpóreo afectiva con los pequeños. Cuando ellos las tocan, las miran y les dicen mamá, las nociones sobre la maternidad cambian, se reconstruyen, se significan. Las respuestas de los interlocutores, de los hijos, son tan importantes para el establecimiento del vínculo y del significado que se le otorgue. Las caricias o la mirada correspondida del hijo a la labor de su madre, es un acto ritual que connota el vínculo que ahí se teje. Las emociones entonces, son generadoras de sentido y otorgan significado a la relación madre e hijo producto de la interacción[3].

Lo anterior se vuelve fundamental para entender por qué parte sustancial de los significados de las maternidades se basa en narrar las etiquetas afectivas, que son las respuestas de los hijos hacia la relación con sus madres. Por ello, muchas veces el amor a los hijos no se puede describir o cuantificar. Sólo se siente. Está en el cuerpo y lo sientes. No hay palabras. Es el momento interaccional el que define la relación. No necesariamente la relación social preestablecida. En este sentido, las maternidades no deberían limitarse y definirse pensando en que las mujeres están de antemano preparadas para ello y que siguen bajo estructuras dominantes masculinas, subordinadas bajo binomio mujer-madre. En sus experiencias se muestra cómo las madres hablan sobre sus vidas, entrelazando sus decisiones con su afectividad. Algunas de estas emociones pasan conscientemente por el cuerpo, otras sólo se sabe que están ahí, que se han sentido. Algunas de ellas siempre pensaron en ser madres, ha sido una constante en sus vidas; otras en cambio, han considerado esa posibilidad después de compartir la crianza de los hijos con su pareja. Para todas su maternidad ha sido una elección. Primero, porque ser lesbiana implica elegir quebrantar las normas sociales heterosexuales y segundo, porque la maternidad lésbica es un acto cuestionado y estigmatizado, por lo que deben estar seguras de su decisión. Por ello es necesario reflexionar las maternidades desde otros horizontes analíticos como el cuerpo sensible. Porque aquí, cobra mayor importancia, no el antes de tener a los hijos, sino el durante; el proceso interaccional, la convivencia diaria. Así se quebrantan los estereotipos y las ataduras del binomio mujer-madre. Las madres entonces, significan su maternidad en estas condiciones.

Bibliografía

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[1] Las entrevistas son producto del trabajo de campo de mi tesis de maestría “Una mirada sociológica desde el cuerpo y la emociones a las maternidades  lésbicas”,  en la cual delineo un marco teórico que permite analizar las maternidades desde la sociología del cuerpo y de las emociones, con la intención de quebrantar el orden de género establecido a las madres.

[2] Tradicionalmente se considera que una lesbiana butch es quien encarna, social y privadamente el rol masculino; su aspecto, actitudes, formas de comportarse y más son percibidas como tales. Una lesbiana femme es completamente femenina, sensual, lo contrario de la hombruna butch. La lesbian chic es una visibilidad lésbica convertida en consumo: semipornográfica e inofensiva. Sirve para calmar la ansiedad heteronormativa respecto a la sexualidad de las lesbianas y deleitar a los varones con imágenes excitantes (Gimeno, 2005). Existen también explicaciones sobre dichas prácticas y asignaciones estereotipadas en las que las relaciones entre rudas y femeninas son declaraciones eróticas complejas y no réplicas heterosexuales que cuestiona todo establecimiento de continuidad entre sexo, identidad de género, deseo, práctica y rol sexual.

[3] Suele pensarse que el amor de las madres biológicas a sus hijos esta dado de antemano que amar a los hijos es una condición “natural” de las mujeres. Como bien se señaló, el amor instintivo materno no existe. El amor de madre a hijo ha sido producto de un largo proceso civilizatorio de los padres en el que las lesbianas también se han sumergido.  Las madres lesbianas deciden tener hijos, eligen, y reflexionan está posibilidad. Lo hacen aun considerando el rechazo social de su preferencia sexual y los cuestionamientos sobre sí pueden o no ser las madres apropiadas. Sin embargo, reconociendo a lo que exponen, deciden convertirse en madres. Lo importante no es pensar sí lo hicieron antes de asumir su identidad lésbica, lo interesante es que asumen su identidad siendo madres y deciden formar familias homoparentales. Deciden arriesgarse y enfrentarse el estigma social con tal de preservar los lazos afectivos de pareja y de los hijos. Detrás de sus historias se percibe, y así lo cuentan, que sólo quieren formar una familia, quieren establecer lazos afectivos que las unan, más allá del género y la preferencia sexual.

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