Descolonizando el feminismo. Teorías y prácticas desde los márgenes

Andrea Álvarez Díaz. Dra. en Antropología Social por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora postdoctorante en el Centro Interdisciplinario de Estudios de Género. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile.[1]

Proponerse hablar, escribir y reflexionar desde el Sur  del mundo tiene implicaciones profundas cuando nos estamos refiriendo a la situación y condición de las mujeres. Efectivamente, no se trata solamente de un sur geográfico, sino que, a mí parecer, puede entenderse como un Sur referenciado geo-políticamente. Es decir, un Sur, que remite tanto a tierras y horizontes ubicados de hecho, bajo la línea del Ecuador, pero también a pueblos y naciones subalternizados, a través de la división geopolítica mundial, por centros de poder económicos y políticos situados en nor/europa, pero sobre todo, me parece que el Sur remite a una forma de pensar, de ver y sentir el mundo de recrearlo y reconstruirlo desde utopías y sueños posibles más justos, solidarios. Al menos, esta es mi forma de entender el título de esta Revista con cuyas/os lectoras/es quiero compartir la reseñas de un libro escrito desde una filosofía al sur del Río Bravo, por referirnos geográficamente al continente latinoamericano. El libro que coordinan la mexicana Aída Hernández y la española Liliana Suárez es una invitación a replantearse las formas en que se reproduce el conocimiento entre mujeres provenientes de contextos de vida diferentes entre sí, que permitan confluir en relaciones de sororidad y de solidaridad,  en pos de la construcción de puentes entre el feminismo académico y la organización política, como  propone Mohanty.

Una de las discusiones centrales del texto, que conecta transversalmente los trabajos de las diferentes autoras, es la tensión en las relaciones de poder Norte/Sur, eje de las claves de dominación coloniales que se reproducen en torno al género. En este sentido, el clásico artículo de Chandra Mohanty Bajo los ojos del Occidente (publicado originalmente en 1984), plantea una crítica aguda a la construcción victimizante de las mujeres del Tercer Mundo construida por el feminismo occidental hegemónico. El discurso colonizador del Norte hegemónico conlleva importantes implicaciones políticas y teórico-metodológicas a la hora de elaborar las agendas de género por parte de las agencias de cooperación internacional, de los organismos gubernamentales y no-gubernamentales orientados hacia el respeto de los derechos de las mujeres.

En efecto, desde diferentes realidades y territorios, las autoras plasman la distancia que existe, entre las problemáticas de género sentidas a nivel local y regional y los lineamientos y políticas globales definidas respecto de las mujeres.  Esto, sin desmedro de la necesidad de establecer puentes de cooperación que puedan aminorar estas brechas y permear las agencias feministas con respecto a nuevas miradas, que reconcilien tradición y modernidad. Es decir, propuestas para mirar desde el interior de las contradicciones y convergencias entre las tradiciones y las modernidades, intersticios en los que las mujeres establecen estrategias de resistencia y de inserción en las luchas colectivas de sus respectivos colectivos, sean estos pueblos, naciones, colectivos religiosos, etc.

Me parece que uno de los aportes principales para el contexto nacional chileno, en particular, es que el libro pone a disposición de los/as lectores/as, numerosos textos críticos respecto del feminismo hegemónico eurocéntrico, urbano, de clase media, academicista, que no estaban al alcance en idioma castellano. La obra recopila más de una decena de trabajos traducidos y reeditados, que se articulan en torno a la convocatoria de discutir y repensar la descolonización de las relaciones de género, en términos epistemológicos, conceptuales y metodológicos. Para hacerlo, se exponen reflexiones situadas en diferentes lugares teóricos, que tienen sin embargo elementos comunes, tales como: el cuestionamiento de la noción universalista de la mujer basada en  una categoría monolítica de la diferencia sexual, el reposicionamiento ante las concepciones desarrollistas y civilizatorias,como telón de fondo de las posibilidades emancipadoras de las mujeres, y la búsqueda de construcciones propias de mujeres, situadas en un entramado de estructuras de poder (que superan e incluyen la estructura de género), capaces de reinterpretar y actuar en pos de sus derechos individuales y colectivos. Al respecto Aída Hernández nos indica que se trata de “una nueva actitud que implica considerar la práctica feminista como no necesariamente opuesta a la tradición, sino en ocasiones estrechamente vinculada a ella, donde probablemente encontraremos nuevas formas de encarar las articulaciones locales, nacionales y globales de poder” (p.67).

Una de las grandes aperturas interpretativas que proponen los feminismos decoloniales, es la orientada a cuestionar la relación dicotomizada tradición-modernidad. En el entendido que la tradición no es un elemento compacto, ni homogéneo , en mi opinión, podemos realizar esta apertura interpretativa en dos sentidos analíticos diferentes. Por una parte, lo que han sostenido algunas organizaciones de mujeres indígenas o migrantes, es la distinción de los diferentes elementos que componen las tradiciones de los pueblos y el rol opresor o emancipador que se puede atribuir a estos elementos en términos de género. Por otra parte, y desde una perspectiva histórica, es necesario comprender la forma en que se articulan tradiciones pre-hispánicas con las herencias coloniales y modernas. Lo que aún está en proceso, es desentrañar las especificidades históricas que ligan lo patriarcal a la colonial-modernidad y dominaciones de género asimétricas a lo colonial-moderno, lo que Rita Segato (2011) ha denominado patriarcados de diferente intensidad y lo que Julieta Paredes (2010) ha descrito como entronques de patriarcado.

Otra tensión que se delinea como telón de fondo de los trabajos compilados, es la proveniente del ideario liberal ilustrado en el que prevalece una perspectiva individualista del ser humano, versus el imaginario colectivista no-occidental de cosmovisiones y religiones en las que la comunión del ser-humano con la naturaleza, el cosmos y sus relaciones sociales son un eje fundamental. Los ensayos demuestran como las mujeres han sabido, entre esas tensiones, establecer lealtades consigo mismas, con sus hermanas de lucha, sin desconocer a sus hermanos de raza, etnia religión o nación; lealtades no exentas de conflictos, ni de cuestionamientos abiertos a reformulaciones, de acuerdo a las nuevas contingencias socio-históricas y en función de los dinamismos sociales y culturales contemporáneos.

Son estos argumentos los que han sido descalificados por el feminismo hegemónico etnocéntrico, cuestionando a mujeres indígenas, negras o islámicas por anteponer sus intereses colectivos raciales, étnicos y/o religiosos, ante sus demandas de género en tanto mujeres. Descalificación del feminismo dominante que remite a la falta de integración entre las nociones de raza, etnia, clase, género y religión (entre otras), al sobreponer la categoría de género por las demás contradicciones propias de una realidad social compleja.

La diversidad cultural, étnica y racial entre las autoras es también un sello del libro Descolonizando el feminismo. Teoría y práctica desde los márgenes. Mientras las académicas Amina Mama y Aili Mari Tripp se sitúan, cada una, en el contexto del continente africano para pensar la realidad de las mujeres, las investigadoras Nayareth Tohidi y SabaMahmood abordan, respectivamente, aspectos teórico-conceptuales y aplicados del feminismo islámico en países del Medio Oriente. Por su parte, desde el continente americano, Maylei Blackwell, en la realidad chicana, y Tarcila Rivera, desde las demandas de las mujeres indígenas de Perú, exponen las tensiones entre las demandas individuales que levantan las mujeres y las demandas colectivas de sus grupos de pertenencia étnico-racial.

En términos estructurales, el contenido del libro se organiza en tres secciones. La primera es una sección introductoria e integradora de los siguientes textos, presentando aspectos teórico-epistemológicos y políticos del desarrollo de los feminismos post-coloniales, a través de dos capítulos escritos por las coordinadoras del libro: Liliana Suárez y Aída Hernández. En el capítulo Colonialismo, gobernabilidad y feminismos poscoloniales, L. Suárez analiza la forma en que “el poder poscolonial y sus efectos de poder se articulan de manera compleja entre las relaciones de género e identidad etnocultural, así como la forma en que sus técnicas de clasificación y jerarquización de las ‘diferencias’ se mantienen en el actual contexto neoliberal.” (p. 33). Por su parte, en el segundo capítulo introductorio, Feminismos poscoloniales: reflexiones desde el sur del Río Bravo, A. Hernández presenta los aportes de los feminismos poscoloniales a la práctica política feminista en el contexto latinoamericano, en pos del establecimiento de “puentes de comunicación de sur a sur, de modo tal que las luchas locales puedan impactar de manera más profunda en los poderes locales” (p. 106).

La segunda sección del libro enfatiza aspectos teórico-conceptuales de algunos desarrollos del feminismo poscolonial, aunando, en ella, los trabajos de Chandra Mohanty, Saba Mahmood y Amina Mama. El primer texto, Bajo los ojos del Occidente: academia feminista y discursos coloniales analiza la manera en que los escritos feministas de la academia occidental “colonizan de forma discursiva las heterogeneidades materiales e históricas de la vida de las mujeres en el Tercer Mundo y legitiman el discurso humanista de Occidente” (p. 121). El siguiente documento Teoría feminista y  la agencia social dócil: algunas reflexiones sobre el renacimiento islámico en Egipto revisa las “concepciones del ser, de agencia moral y de disciplina que subyacen a las prácticas del movimiento islámico, plasmadas en la experiencia urbana de una mezquita para mujeres, buscando esgrimir argumentos críticos a la percepción de estos movimientos como contrarios a la libertad y a la agencia social, en particular en las mujeres” (p. 167). En el tercer y último texto de esta segunda sección, A. Mama argumenta agudamente sobre las posibilidades de que las “añejas tecnologías del yo y la nación, que han sido desarrolladas en relación estrecha con los proyectos de desarrollo capitalista industrial y de expansionismo imperialista, puedan tornarse útiles para los proyectos de oposición descolonizadores, a favor de la democratización y liberación de las mujeres africanas” (p. 226).

El tercer apartado del libro, reúne cinco capítulos que dan continuidad a la discusión teórico-conceptual. Los primeros cuatro capítulos reflexionan en torno a prácticas feministas implementadas en Irán por mujeres creyentes musulmanas, en Uganda por mujeres activistas, en Perú por mujeres indígenas, y en Estados Unidos por mujeres chicanas. El quinto y último capítulo retoma al análisis de las prácticas feministas a nivel global planetario, en las relaciones Norte-Sur. Así, Nayareh Tohidi, en su artículo ’Feminismo islámico’: negociando el patriarcado y la modernidad en Irán presenta un brillante análisis de “la compleja relación entre las demandas de género y las prácticas patriarcales gobernantes, centrándose en particular sobre el ‘feminismo islámico’ como una de las estrategias en la lucha de las mujeres, que busca reconciliar la fe de mujeres islámicas con la modernidad y con el igualitarismo de género” (p. 246). Luego, el capítulo de Aili Mari Tripp, La política de los derechos de las mujeres y la diversidad cultural en Uganda presenta “las lucha concretas de las mujeres por sus intereses económicos, sociales y culturales a través del análisis de la Ley de Tenencia de Tierras, el tratamiento de la costumbre de corte genital de las mujeres entre los sembei, y la transformación de los rituales ganda de la boda del rey” (p. 25). Por su parte, Tracila Rivera describe en Mujeres indígenas americanas luchando por sus derechos, la experiencia de las mujeres indígenas peruanas organizadas en función de sus intereses de género, de etnia y de clase, al interior de sus comunidades, de sus pueblos-naciones y de sus redes de articulación a nivel mundial. En el cuarto capítulo de esta sección, Maylei Blackwell, analiza en Las hijas de Cuauhtémoc: feminismo chicano y prensa cultural, 1968-1973, “la cultura de la palabra impresa en tanto que espacio estratégico y contestatario de intervención de las mujeres dentro del movimiento chicano, y da cuenta de la diversidad de formaciones políticas que dieron lugar a los feminismos de las mujeres de color en Estados Unidos” (p.354). Por último, el capítulo que cierra la compilación de artículos reflexivos sobre la descolonización del feminismo, es el reciente trabajo de ChandraMohanty “De vuelta a ‘Bajo los ojos del Occidente’: la solidaridad feminista a través de las luchas anticapitalistas”. En él, Mohanty destaca elementos que construyen el paradigma de la política feminista transnacional y anticapitalista, enraizado en las vidas de las comunidades marginadas de mujeres, que permite de manera incluyente reflexionar sobre la justicia social.

Por último, quisiera hacer mención a uno de los orígenes históricos en la construcción de este proceso crítico de los feminismos decoloniales o feminismos contra-hegemónicos, que no está presente en este libro. Se trata de un caudal de escritos de mujeres feministas afrodescendientes norteamericanas, tales como Angela Davis, bellhooks, Patricia Hill Collins junto a aportes no escritos, como los de Sojourner Truth, ya desde mediados de los años 1800.Sojourner, una de las precursoras del pensamiento feminista negro, octogenaria, sostenía con fuerza en un inglés con marcado acento africano, desde su condición de género, de raza y de clase, como esclava emancipada después de 40 años de trabajo en condiciones de esclavitud y 40 años de trabajo en condiciones de asalariada, demandas de las mujeres de color de los Estados Unidos, que eran oprimidas por hombres blancos, mujeres blancas, y por hombres de color. Las resistencias de las mujeres negras y el discurso de género de color se caracterizaron, como lo señala Patricia Hill, desde sus inicios, por la de-construcción de la categoría de mujer. Mientras el feminismo moderno / ilustrado se desarrolló a partir de Simone de Beauvoir y su afirmación No se nace mujer. Se llega a serlo, los discursos de género en el feminismo negro parten de una negación, de una exclusión, de una categoría de no-mujer. Traigo a colación esta reflexión de las feministas negras norteamericanas, por las importantes resonancias que tiene con respecto a lo que hoy siguen sosteniendo las mujeres que proponen, desde diferentes márgenes del Sur global, proyectos y luchas sociales de emancipación femenina:

 La única estrategia posible desde la negación es un ejercicio de de-construcción. Destruir la negación desde donde se ha excluido de la categoría de mujeres a las mujeres negras, para avanzar, re- pensarse y reconstruirse desde otras categorías. Re-conocer las imágenes de no- mujer como estrategias de hegemonía. Para dejar de ser constituidas como objetos y pensarse como sujetos, tuvieron que tomar la palabra, recuperar la voz y generar un nuevo discurso. En definitiva, crear una nueva epistemología. (Hill, 2012: 33).

Notas:
[1]Este es un texto revisado y adaptado de la reseña al mismo libro,recién publicada en Julio del 2013 en la Revista Ciencias Sociales No. 30 de la UNAP. Por la relevancia que tiene su obra en el esfuerzo colectivo del Centro Interdisciplinario de Estudios de Género, CIEG, por poner de relieve las perspectivas descolonizadoras del feminismo latinoamericano es que vuelvo a comentar el texto compilado por Aída Hernández y Liliana Suárez.

Bibliografía:

Hill Collins, Patricia. 2012. “Rasgos distintivos del pensamiento feminista negro”. En: M. Jabardo, Feminismos negros, una antología. Ed: Traficantes de sueños.

Paredes, Julieta. 2008. Hilando fino desde el feminismo comunitario. La Paz: Comunidad Mujeres Creando.

Segato, Rita. 2011. “Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial”. Buenos Aires: Eds. Godot.

Suárez Liliana y Hernández Aída. 2008. Descolonizando el feminismo. Teorías y prácticas desde los márgenes. Madrid: Cátedra.

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