Entrevista A Sonia Montecino Aguirre: “La Situación De Los Estudios De Género En América Latina”

Resumen :

Revista Al Sur de Todo se ha reunido con Sonia Montecino Aguirre, directora del Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile, antropóloga de vasta trayectoria en estudios de género, fundadora del Centro de Estudios Interdisciplinarios de Género y docente del Magíster de Estudios de Género y Cultura de esta casa universitaria.

Mauricio Amar.
Sociólogo de la Universidad de Chile, alumno tesista del Magíster en Estudios de Género y Cultura de la Universidad de Chile.

Es necesario partir estableciendo los vasos comunicantes entre academia y contexto, para así reconocer las formas en que los estudios de género interrogan y tensionan las realidades sociales observadas e intervenidas. En tal sentido, esta conversación hace un breve zapping por distintos temas en que los estudios de género pueden ser una herramienta clave para su comprensión. Las problemática del género en el mundo indígena latinoamericano o; específicamente en Chile, el impacto que tiene la elección de una presidenta mujer en la incorporación de la perspectiva de género a las políticas públicas, son algunos de los tópicos abordados a continuación.

Sonia, los estudios de género han abierto las puertas a la comprensión de una gran gama de fenómenos sociales que aparecían ocultos a la mirada androcéntrica tradicional de las disciplinas. Sin embargo, debido a que el enfoque de género aparece como abriéndose espacios frente a una realidad muchas veces hostil a aceptar el cuestionamiento a la manera histórica de hacer ciencias sociales, me gustaría que nos contaras desde tu perspectiva cuáles son los aportes de los estudios de género que sí han logrado posicionarse dentro del mundo de la academia y de la investigación.

Hay que visualizar los aportes de los Estudios de Género desde dos perspectivas que van juntas; la académica y la política. En el caso de la academia, y hablo desde la experiencia chilena y latinoamericana, hay logros y avances desiguales. Me parece que en el cono sur Chile ha avanzado muchísimo, sobre todo en el área de las ciencias sociales, las humanidades y el derecho. Hay centros y programas abocados en la Universidad de Chile a los estudios de género, además la materia se imparte en los cursos de pregrado, postítulo y postgrado. Por otro lado, a diferencia de lo que ha sucedido en otros lugares, estas iniciativas han podido perdurar en el tiempo y no han dependido de aportes financieros internacionales, aunque en sus inicios así lo fue. La sustentabilidad de todas esas acciones se ha logrado gracias a la extensión, la docencia y la investigación. De ese modo, yo diría que hay una instalación de los Estudios de Género dentro del estatus de las disciplinas. Ahora, esto no quiere decir que hayan desaparecido los sesgos androcéntricos a nivel general, pero sí se comienza a aceptar la importancia y riqueza epistemológica que implica pensar la sociedad desde una perspectiva de género. Por otro lado, desde lo político (por supuesto todo lo anterior también lo es, pero dentro del campo de la política académica, de la lucha por las interpretaciones del mundo), los Estudios de Género han influido en las políticas públicas, por un lado, y en las reivindicaciones de género, en la medida en que sus reflexiones e investigaciones –siempre con una mirada crítica a la organización social que entraña desigualdades de género, de clase y étnicas- han sido el supuesto que ha guiado las implementaciones de políticas hacia las mujeres. Todavía no se logra eso sí que se entienda que género supone una relación social entre hombres y mujeres, y falta aún avanzar en ese campo, pero al menos los Estudios de Género han servido para situar un horizonte problemático respecto a la posición de las mujeres en la vida social.

Avanzar en el posicionamiento de un enfoque requiere necesariamente de alianzas entre, al menos, quienes se encuentran interesados en su promoción. ¿Cuál es la calidad de las relaciones entre quienes están llevando a cabo los estudios de género en América Latina?

Sin duda una de las marcas que han tenido estos estudios de género en la academia ha sido los inicios la existencia de redes entre académicas de universidades latinoamericanas, en ese sentido fue la Universidad de Chile la que inició, junto al Sernam [2] (cuando éste era dirigido por la Ministra Josefina Bilbao) el primer encuentro de Estudios de la Mujer y Género de América Latina y del Caribe, en Nicaragua, al que le siguieron una serie de seis encuentros en distintos países latinoamericanos. Eso significó crear alianzas, intercambios y poner en escena los problemas que tenían los distintos grupos en sus universidades para consolidarse. Esos encuentros se discontinuaron, pero las redes igual siguen, aún cuando en muchos países, hipotetizo por el carácter marcadamente androcéntrico de algunas universidades, algunos grupos desaparecieron y se crearon otros nuevos. Sin embargo, los intercambios académicos latinoamericanos se mantienen así como el flujo de publicaciones. La importancia de la inserción de los estudios postgraduados de género será algo que a futuro determinará nuevas redes, en la medida en que la transmisión transgeneracional permita otras aperturas. Esta misma revista que ustedes lideran puede constituirse en una nueva e importante fuente de interrelaciones, conexiones y complicidades académicas.

Dado que los países del tercer mundo contribuyeron en las décadas pasadas a poner en duda la visión eurocéntrica de los modelos de desarrollo, e instalaron la diversidad como elemento fundamental para la comprensión de las distintas realidades que viven las mujeres en el mundo ¿De qué manera ha contribuido América Latina a esta discusión?

Me parece que las contribuciones de varias intelectuales latinoamericanas han sido muy relevantes en relación a pensar el desarrollo desde otras miradas, entre ellas la de Lourdes Arizpe, Magdalena León, y Loreto Rebolledo; pero también de manera muy clara han sido los movimientos de mujeres campesinas, indígenas, mujeres populares y movimientos feministas quienes han tenido una voz muy importante para dar cuenta de la necesidad de concebir el desarrollo desde la posición y condición de las mujeres más vulnerables.

Usted ha trabajado con el mundo indígena latinoamericano. Hoy vemos que hay un renacer de los movimientos indígenas en la gran mayoría de los países que cuentan con una población importante que se adscribe a las distintas etnias que podríamos reconocer como indígenas. ¿Cuáles han sido los cambios en las relaciones de género, al interior de las comunidades que usted conoce, en los últimos años? Si hay cambios, ¿tienen estos que ver con el creciente empoderamiento de los movimientos sociales?

No me atrevo a decir taxativamente muchas cosas al respecto, pues faltan investigaciones que den cuenta de los fenómenos de cambio desde el 80 en adelante; por otro lado, la situación de cada grupo indígena es distinta de acuerdo a su historia y a sus particulares relaciones de género y poder.

Sin embargo, es evidente que el influjo de la globalización y el de los movimientos sociales de mujeres y feministas ha permeado a esas comunidades (así como a otras no indígnas). Me parece que el debate entre lo universal y lo particular es un nudo que no se resuelve tan fácilmente, me refiero a que los derechos universales de las mujeres transgreden muchas de las formas culturales de las etnias y ello supone un conflicto político al interior de las mismas, pero también implican un desafío para definir el valor de las particularidades versus el valor de lo universal-humano. La confusión entre igualdad e identidad creo que es una de las piedras de tope. Me parece que el tema debe ser objeto de reflexión e investigación. Muy poco se conoce de la situación actual de género dentro de los pueblos originarios, a excepción de datos estadísticos -que por supuesto revelan que las mujeres indígenas son las que están más pobres dentro de los pobres-, habría que avanzar en una relectura de lo étnico a la luz de los cambios sociales contemporáneos (¡¡les estoy estimulando a que hagan tesis¡¡)

En cuanto a la realidad chilena, hemos sido testigos de cambios simbólicos verdaderamente relevantes, al punto que este país ha llegado a tener a su primera presidenta mujer. ¿En qué medida esto se ha traducido en la incorporación de enfoques de género en la elaboración de políticas públicas?

Esto se liga a la primera pregunta. Sin duda que ha habido influjos en las políticas públicas, pero a mi juicio es preciso avanzar aún más, pues en muchos casos asistimos a políticas carentes de significados que la sociedad comprenda a cabalidad, es decir hay que avanzar en formular discursos, relatos de género que acompañen esas políticas y que las hagan tener un sentido más allá de los problemas puntuales. No hay un debate público, una información más profunda del porque se implementan determinadas políticas y eso hace que muchas veces ellas fracasen. Entiendo que construir estos relatos supone muchas veces cuestionar los cimientos en los cuales se estructura lo social, pero apuntar en esa dirección puede ayudarnos de verdad a pensar en horizontes de mayor igualdad e inclusión social, en nuevos modelos de desarrollo y nuevos proyectos políticos. Tengo la confianza que todos(as) aquellos(as) que están cursando postgrados de género tendrán una nueva manera de enfrentar estas políticas, de concebirlas y de cuestionarlas, puesto que la complejidad de las relaciones de género (de la cultura en definitiva) no es sólo un problema de conocer técnicas más o técnicas menos, sino un problema que involucra los modelos de poder con los cuales estructuramos la vida social.

Para terminar, me gustaría saber su opinión respecto a un tema que ha surgido con fuerza, sobre todo por la promoción en los medios de comunicación: el de la violencia extrema contra las mujeres. Incluso ha aparecido un debate sobre el femicidio en términos conceptuales a fin de legislar sobre esta situación. ¿Cómo cree usted que los estudios de género pueden ayudar a esta conceptualización, tomando en cuenta la diferencia del lenguaje académico con aquel que está presente en la legislación?

Ahora, para que ello suceda es preciso que exista una voluntad de escuchar (se) y de avanzar en una conversación que logre ese engarce siempre presente, por lo demás en lo estudios de género, entre academia y política.

Esto se liga a lo que he dicho anteriormente, quienes están a cargo de hacer políticas y de legislar deben conocer a cabalidad que el problema de la violencia contra las mujeres no es un asunto que se tipifica en un delito común y corriente, sino que está arraigado a concepciones desiguales de lo femenino y lo masculino. El aporte de los estudios de género, en este caso especifico, es operar desde lo interdisciplinario de su propia concepción, de ese modo es posible construir diálogos y establecer puentes conceptuales y políticos que hagan posible arribar a entendimientos disciplinares.

Notas:
[1] Doctora en Antropología de la Universidad de Leiden, Holanda. Actualmente es Directora del Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile, profesora asociada del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Es titular de la Cátedra Género de la UNESCO con Sede en el Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile. Sonia Montecino es Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2007.

[2] Servicio Nacional de la Mujer (Sernam).

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