La experiencia de Sensibilización en Género en el marco de programas socioeducativos-laborales en Uruguay.

Resumen:

Este artículo procura sistematizar la experiencia de sensibilización en género en el marco de diversos programas socio­-educativos-laborales en el Uruguay. El objetivo es reflexionar acerca de las perspectivas que tienen dichos dispositivos: tanto cursos, como talleres para la introducción de la mirada de género y su real apropiación  y grado de  problematización y deconstrucción de estereotipos de género en las prácticas sociales.

La metodología de abordaje consiste en un análisis de tres casos vinculados a experiencias de sensibilización en género que se justifican por sus diversidades en la interrelación entre organismos públicos, sociedad civil, empresas y los distintos públicos objetivos que abordan: tanto adolescentes y jóvenes como adultos de ambos sexos.

Palabras clave: Sensibilización,  género, estereotipos, deconstrucción, programas en Uruguay.

Abstract:

This article attempts to systematize the experience of gender awareness in the context of various socio-educational programs and labor in Uruguay. The aim is to reflect on the perspectives of those devices: both courses, workshops for the introduction to gender and the appropriation and degree of problematization and deconstruction of gender stereotypes in social practices.

The methodology of approach is an analysis of three cases related to gender awareness experiences that are justified by their diversity in the interplay between public, civil society, business and addressing different target groups: teens both adults and youth as both sexes.

Keywords: Awareness, gender, stereotypes, deconstruction, programs in Uruguay.

Florencia Picasso. Licenciada en Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR, Uruguay. Posgrado en Políticas Sociales y candidata a Magíster en Políticas Sociales del Instituto Universitario, CLAEH, Uruguay (en proceso de tesis final). Diploma de Posgrado en Estudios de Género, con especialización en Políticas Públicas, Desarrollo y Planificación, Universidad de Chile, Santiago de Chile. Diplomado Latinoamericano en Descentralización y Desarrollo Local, Universidad Alberto Hurtado, Chile. Profa. Adj. Coordinadora del Ciclo Inicial Optativo Opción Social, Centro Universitario de la Región Este, UdelaR. Docente del área de Metodología de la Investigación, Departamento de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR.  fpicassorisso@gmail.com

Introducción

Este trabajo reflexiona sobre los dispositivos de sensibilización  desde una perspectiva de género en programas socio-educativos-laborales en Uruguay. El análisis se enmarca en el ciclo de la política pública (diseño, ejecución, monitoreo y evaluación) explorando los impactos en la población objetivo en cuanto a la capacidad de problematización y real apropiación de esta óptica. En este sentido, es importante partir de la premisa  que las cuestiones de género aluden a mecanismos profundamente arraigados en la génesis humana, considerando que se tratan de construcciones sociales, culturales e históricas de  lo masculinolo femenino. Por ello, se manifiestan en las historias de vida, procesos de socialización y vínculos entre pares, instituciones y organizaciones. Es así, que cuestionan o problematizan aspectos internalizados a través de los procesos de socialización primaria y secundaria y que por ende suelen ser naturalizados considerándose patrones de conducta a seguir, próximas a verdades reveladas para el accionar.  Por tal motivo, es habitual que surjan múltiples resistencias a partir de la toma de contacto con esta perspectiva.

Partiendo de estas premisas, resulta un imperativo ético trabajar los dispositivos de sensibilización desde el diálogo y respeto mutuo de lo vivencial, generando progresivamente un clima y espacio apropiado para que cada participante pueda abrirse sin sentirse censurado por sus convicciones o acciones procurando  intercambios  que permitan identificar las prácticas y acciones para luego desnaturalizar de forma paulatina y colectiva algunos conceptos arraigados desde la niñez, que obstaculizan  el tránsito hacia la equidad de género y por ende hacia la justicia social.

Por consiguiente, el norte de los dispositivos de sensibilización debería procurar lograr un delicado equilibrio entre: recuperar sus vivencias en torno al género y ponerlas colectivamente en discusión, desafiando las ideas, creencias y actitudes preconcebidas sin que por ello se sientan interpelado/as a nivel personal” (Fainstain y Picasso, 2011: 28).  En este sentido, es importante considerar los diversos escenarios existentes según el público objetivo, ya sean adolescentes y jóvenes o adultos, mujeres, varones o espacios mixtos.

Habitualmente el colectivo adulto elige capacitarse y por ello trae consigo la motivación necesaria, cuestión que no se da linealmente de esta forma en adolescentes y jóvenes quienes por lo general están enmarcados en propuesta formativas con control de asistencia o en el caso de la perspectiva de género, donde es parte de la propuesta educativa para su revinculación educativa o laboral.

Pese a ello, es frecuente que en adultos que asisten a curso-talleres como los de las sensibilizaciones en género dentro de programas que promueven la equidad de género no lo hagan por una decisión enteramente propia, por lo que su motivación debe ser trabajada en el propio curso-taller a través del involucramiento activo, enfatizando un espacio para trabajar la diversidad expectativas y formas de generación de conocimiento y aprendizaje (Fainstain y Picasso, 2011).

Asimismo, en el caso de adolescentes y jóvenes es necesario despertar la motivación identificando sus temas de interés, utilizando consignas y dinámicas lo suficientemente amplias y flexibles que requieran actividades prácticas, juegos, imágenes, películas  que eviten la retórica meramente conceptual para luego poder transitar sobre el camino de la reflexión y posible problematización de contenidos y vivencias.

En este sentido se hace ineludible como puntapié inicial poder trabajar con los equipos o referentes institucionales de los programa sobre el perfil de participantes y expectativas  para seleccionar y construir de forma conjunta, los dispositivos que posean mayor proximidad a las necesidades, intereses y deseos de dicho colectivo para el logro de los objetivos de la sensibilización.

Sensibilizaciones en género como herramienta para el cambio

Las sensibilizaciones en género procuran ampliar  la mirada  hacia  nuevas  ópticas libres de estereotipos o sesgos de género. Se tratan de herramientas que permitan problematizar y posteriormente deconstruir lo naturalizado y volver a construir elecciones personales y sociales con mayor grado de libertad y corresponsabilidad social y cultural (INMUJERES, 2008). Sin embargo, es importante aclarar que son herramientas que vehiculizan espacios de problematización necesarios para el cambio hacia la equidad de género pero no son fines en sí mismos. Por tanto, tampoco se da de forma inmediata la deconstrucción de estereotipos. Es decir, se trata de dispositivos necesarios pero no suficientes para el cambio social. Teniendo en cuenta este aspecto es necesario pensar en ciclos de talleres continuados en el tiempo, no instancias puntuales, donde poder intervenir en diversos niveles de sensibilización: comenzando por uno inicial donde plantear el tema y continuando hacia niveles de profundización que puedan indagar y reflexionar sobre las vivencias cotidianas, familiares, laborales que permitan pensar acciones particulares y específicas, tomando en cuenta las historias de vida de cada participante y la diversidad de rumbos a transitar.

La generación de conocimiento genuino que pueda llevar a la problematización, y cambio social debe tomar en cuenta algunas premisas centrales del proceso formativo de la sensibilización. Tomando los aportes de Paulo Freire, se concibe a la educación como “praxis, reflexión y acción” del ser humano sobre su contexto para transformarlo (Freire, 1969), tomando en cuenta  la complejidad de intervenir en este ámbito sin reproducir la opresión en verdadera interacción continua con la realidad. Concibiendo este aspecto, se busca abordar el espacio de sensibilización en género como un constante desafío de reflexión y compromiso con el cambio social.

De este modo, siguiendo al autor, los espacios de sensibilización  deberían contemplar la dimensión dialógica del proceso formativo y de aprendizaje. Fomentando el diálogo desde la escucha atenta y fomentando nuevas interrogantes hacia el espíritu crítico: “oyendo, preguntando, investigando” y no imponiendo. Freire plantea que debe permitir  al sujeto  experimentar el debate y el análisis de los problemas propiciando condiciones de verdadera participación. De ahí radica la importancia de la práctica y la comunicación educativa (Freire, 1969).

La dimensión de la participación es central para poder discutir las prácticas y problemáticas hacia la praxis. Asimismo, es necesario poder introducir consignas que permitan visualizar algunos conceptos claves desde la óptica de género como ser: los sistemas sexo género, las dimensiones del género, la división sexual del trabajo, estereotipos y roles de género, las desigualdades de género, la equidad de género, y la corresponsabilidad, entre otros. Conceptos que promuevan la verdadera deconstrucción y nueva construcción,  desde lo pedagógico y político.

Es necesario que las instancias de curso taller puedan ser acompañadas desde lo pedagógico por los equipos técnicos que conviven diariamente con la población objetivo, o en ausencia de éstos, puedan ser retomadas por interlocutores/as técnicos/as o referentes institucionales, comités o mecanismos de género que den continuidad a la tarea.  De no ser así pueden ser instancias aisladas que no alcancen; en todo su potencial los objetivos originales de la propuesta.

Los estereotipos y roles de género

Los estereotipos y los roles de género se convierten en ejes estructurantes y organizadores   de la feminidad y la masculinidad.  Los cuales cumplen la función social de  pautar  el comportamiento de las personas, familias y organizaciones en base a las  relaciones sociales de género que derivan de la división sexual del trabajo.  Estas asignaciones estereotipadas resumen y expresan la base sociocultural sobre la que se sienta la construcción de las diferencias sexuales y la desigualdad emanada de su representación (Rauber, 2003).

Diversas investigaciones analizan como los estereotipos de género adquieren carácter inmutable, definiendo los roles esperados para varones y mujeres, los denominados roles de género. Los  estereotipos de la  feminidad sobrevaloran las tareas reproductivas y la maternidad como actividades propias y constitutivas del  ser mujer. Derivado de esto, se le otorgan cualidades ligadas a su identidad femenina  como el altruismo, la intuición femenina, la sensibilidad, y el cuidado inherente de la familia justificando  las desigualdades de género y abuso de poder a través de la sobrecarga del trabajo doméstico,  no remunerado.

De igual forma, los estereotipos masculinos  derivan mandatos sociales que giran en torno al trabajo, y la construcción de la identidad masculina en su rol de agentes de la vida pública, laboral, política con su rol de “breadwinner” (Sunkel, 2007 en Arriagada).

Los varones se han beneficiado con estos roles  en la mayoría de las sociedades, pero asimismo, diversas investigaciones revelan que al socializarlos en la represión de sus emociones y la solución violenta de conflictos, se los expone a situaciones de mayor riesgo perpetuando las desigualdades de género.

Por todo lo expuesto, es vital a partir de las sensibilizaciones en género, avanzar hacia la problematización, y posterior deconstrucción de dichos estereotipos de género. Aspecto central para la generación de nuevas miradas, que puedan avanzar hacia mayores grados de libertad y participación ciudadana.

Encuadre Metodológico

Para abordar cada uno de los casos se utilizaron distintas metodologías y técnicas considerando la especificidad temporal, territorial y el público objetivo al cual van dirigidos los dispositivos de talleres y cursos. Se analizan las interrelaciones emergentes, las prácticas sociales y culturales que se visualizan y ponen en juego durante el proceso de sensibilización.

Asimismo, como técnicas de abordaje se analizaron datos provenientes de las evaluaciones de los talleres y cursos realizados  así como registros de las observaciones realizadas durante las mismas.

Los casos seleccionados son:

  • Sensibilizaciones en género a adolescentes y jóvenes del programa Projoven Adolescente del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP), y de Jóvenes en Red, programa interinstitucional coordinado por el Ministerio de Desarrollo Social, (MIDES), en  Canelones, durante el año 2013.
  • Cursos de sensibilización en género para el funcionariado público de la Oficina del Servicio Civil (ONSC) durante el año 2012-2013.
  • Sensibilización en género a diversos públicos de las empresas del Plan Piloto del Programa de Gestión de Calidad con Equidad de Género (PGCEG) del Inmujeres, MIDES, en Montevideo, Canelones, Colonia y Salto durante 2009 y 2010.

Sensibilizaciones en Género a adolescentes y jóvenes del programa Projoven Adolescente del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP) y Jóvenes en Red, programa interinstitucional coordinadora por el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES).

Projoven es un programa de formación e inserción laboral de jóvenes con dificultades para obtener empleo.[1] Para ello, procura articular las acciones de capacitación con las necesidades y oportunidades identificadas en los sectores productivos del Uruguay.      La modalidad de Projoven Adolescente se dirige a adolescentes entre 15 a 17 años promoviendo su pertenencia a un grupo con un fin común, el vínculo con adultos/as referentes-educadores/as, y la confianza en la creación de un proyecto personal. Se procura que las y los adolescentes puedan lograr autonomía en sus elecciones personales, proporcionándoles herramientas para que puedan participar de un proceso formativo de autoconocimiento. De este modo,  se desarrollan a nivel cognitivo, nuevos procesos de reflexión y ampliación de sus propios recursos, que conllevan  a nuevos patrones de comportamiento, lo que les permite re plantearse y cuestionar lo conocido hasta el momento.

La modalidad de gestión se da a través de licitaciones donde participan Entidades de Capacitación (ECAs) con sus propuestas que convenían con el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP). En este marco, analizando la experiencia de la ECA: El Abrojo, en la planificación de la propuesta formativa se incorporan dos talleres de dos horas y media cada uno, para la introducción a la perspectiva de género, con aproximadamente quince adolescentes en Las Piedras, Canelones.

Asimismo, en  Jóvenes en Red, programa  interinstitucional coordinado por MIDES se busca promover el ejercicio de derechos de jóvenes de 14 a 24 años, desvinculados del sistema educativo y del mercado formal de empleo. Posee un abordaje integral, territorial y en comunidad, y se encuentra desarrollando su primera etapa en varias zonas del país: Montevideo, Canelones, San José, Rivera y Cerro Largo.[2] En dicho programa se desarrollan dispositivos para fomentar el vínculo con las y los jóvenes a través de talleres, y con el apoyo de las referentes temáticas (profesionales en el área de la psicología social que asesoran en varias temáticas: violencia basada en género, psicopatologías, dificultades de aprendizaje y uso problemático de drogas). En este marco se desarrollaron en el Eje Ruta 5, en Canelones dispositivos rotatorios interzonales con el objetivo de desarrollar un ciclo de talleres zonales con temáticas que se detecten centrales y poder realizarlos de forma rotativa por los distintos  territorios. Este dispositivo permitiría la circulación y el intercambio entre las y los jóvenes de los distintos equipos de trabajo, con sus intereses, necesidades, y proyectos, el conocimiento y apropiación del territorio así como el conocimiento intercambio con los equipos técnicos y las referentes temáticas del Programa.  El caso de estudio aborda el  ciclo de cinco talleres rotatorios zonales de sensibilización en género, maternidad, paternidad y uso del tiempo durante febrero, marzo y abril de 2013 de tres horas cada uno, en La Paz y Las Piedras, Canelones con cincuenta jóvenes de entre 17 a 24 años.

Cursos de sensibilización en género para el funcionariado público de la Oficina del Servicio Civil (ONSC).

Estos cursos forman parte de la articulación con el Departamento de Estrategias Transversales de género del Instituto Nacional de las Mujeres, MIDES. Se desarrollaron cinco módulos de veinte horas  con los siguientes contenidos: Sensibilización en género, Género y perspectiva étnico racial, Género y Políticas Públicas, Género y organizaciones, Violencia basada en género (VBG), con énfasis en Violencia Domestica, Trata o Acoso sexual laboral según el organismo público y su interés.  En 2012 setenta personas aprobaron los cinco módulos. Asimismo, transitaron al menos un módulo de 4 horas unas mil doscientas personas en total. Durante el año 2013, se realizaron diez talleres con cinco módulos para funcionariado de diferentes instituciones del Estado, aproximadamente trescientas  personas transitaron por la misma y ciento cincuenta lograron la aprobación.

Sensibilización en género a diversos públicos de las empresas del Plan Piloto del Programa de Gestión de Calidad con Equidad de Género (PGCEG).

Se desarrollaron ochenta talleres de sensibilización a diversos públicos de las empresas del Plan Piloto del PGCEG durante 2009 y 2010, de cuatro horas cada uno, dirigidos a unas dos mil quinientas personas. Se enmarcan en el Programa de Gestión de Calidad con Equidad de Género (PGCEG) del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) del Ministerio de Desarrollo Social del Uruguay. Este programa que se inició como plan piloto que permitió su puesta en práctica, análisis de impactos y adecuación del Modelo Definitivo, se dio entre fines de 2008 y julio de 2011. Financiado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y Empoderamiento de las Mujeres (ONU Mujeres) donde participaron cuatro empresas públicas (UTE, OSE, ANP, ANTEL) la Intendencia de Canelones y una empresa privada. Estas organizaciones se mantienen en la actualidad en el proceso de mejora continua en Calidad con Equidad de Género.

El Modelo de Gestión de Calidad con Equidad de Género (MGCEG) forma parte de la política pública desde una perspectiva de género del Departamento de Estrategias Transversales de Género del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) del Ministerio de Desarrollo Social, (MIDES).  En la actualidad,  el modelo de Calidad con Equidad, opera como una norma de carácter certificable que reconoce a las organizaciones que trabajan por la equidad de Género. De esta forma, se incorpora la mirada de género a la gestión de recursos humanos, procurando la eliminación de las brechas de género de forma paulatina, de acuerdo a cuatro niveles de incorporación del enfoque en su gestión organizacional. Cada uno de los niveles es certificado mediante auditorías anuales realizadas por instituciones competentes (LSQA, UNIT).[3]

De esta manera, el Sello de Calidad con Equidad que otorga Inmujeres es el reconocimiento a quienes desarrollan en sus ámbitos laborales un Sistema de gestión de la Calidad con Equidad de Género. Las organizaciones involucradas en el proceso son: el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) quien asesora en el diseño e implementación del Modelo, PNUD, ONU Mujeres, PIT-CNT e INACAL (integrantes, junto con Inmujeres, del Comité Asesor, organismo que analiza los informes de auditoría y recomienda la entrega del Sello en los distintos niveles), LSQA y UNIT (Empresas auditoras).

Es importante destacar que desde la perspectiva de género no existen políticas neutrales en tanto al género, por ello para transversalizar la perspectiva de género es necesario analizar las desigualdad que el propio Estado posee en términos de integración de sus cuadros, recursos que operen en la estructura, en los procesos, en la cultura para incidir en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas públicas, programas y proyectos (Rigat- Pflaum, M, 2008).

En este sentido el MCEG incluye cuatro posibles niveles de certificación: compromiso,  implementación, mejora y sostenibilidad.

Para poder comenzar a implementar el modelo se debe conformar un Comité de Calidad con Equidad, una Comisión de Inequidades de género, realizar un diagnóstico organizacional con perspectiva de género,  elaborar un FODA y  un plan de acción,  se certifica en uno de los cuatro niveles posibles,  se mide y retroalimenta el sistema.

Las sensibilizaciones realizadas tuvieron el objetivo de iniciar el primer nivel de compromiso ya que resultaba de carácter fundamental poder introducir a la perspectiva de género a los equipos responsables de llevar adelante el proceso en la organización: Comités de Calidad con Equidad de Género, Comisión de Inequidades de Género,  áreas pilotos, integrantes de Recursos Humanos (RRHH) y funcionariado en general  de las organizaciones.

Algunos impactos y lecciones aprendidas relevadas en el marco de la implementación del Modelo fueron: un mayor compromiso de los RRHH hacia la organización, una mejora del clima laboral y la promoción de una visión integral e innovadora de los RRHH.

Análisis de resultados y conclusiones

Para el análisis de los resultados se definieron tres ejes de análisis de los casos en cuanto a la apropiación de la perspectiva de género, grado de intensidad y de problematización y posibilidades de deconstrucción de los estereotipos de género vigentes para proyectar planes de trabajo que incluyan la perspectiva de género, en proyectos ocupacionales, personales y organizacionales.

Los mismos fueron los siguientes:

  • Capacidad básica de problematización
  • Riesgo de ausencia de problematización y posible ceguera hacia los estereotipos
  • Incorporación de la perspectiva de género, deconstrucción e incorporación en planes con perspectiva de género

Capacidad básica de problematización

Analizando los tres casos se visualizó que tanto en contextos donde se desarrollaron ciclos de talleres, como en cursos de formación a adultos, o talleres de corta duración existió una capacidad básica de problematización e identificación de las diferencias a nivel de los conceptos de sexo y género, así como de las dimensiones de género, cambiantes de una sociedad a otra. También acerca de las desigualdades de género y la importancia de trabajar hacia la equidad. Si bien la capacidad fue variando según el público objetivo y situaciones contextuales. En los programas socioeducativos-laborales que apuntaban a jóvenes y adolescentes en situación de vulnerabilidad, se pudo llegar a un grado básico de problematización a través de dinámicas de carácter lúdico, trabajo en equipo, análisis de imágenes, canciones, etc. En el caso de las mujeres jóvenes cuando se les preguntaba sobre ¿qué era la perspectiva de género? asociaban a cuestiones vinculadas con la violencia de género, y los derechos de las mujeres a diferencia de los varones que en su mayoría desconocían dicho término y alcance.

En el PGCEG en los talleres de sensibilización de las áreas piloto, y las sensibilizaciones al personal de recursos humanos de las empresas, surgía un grado de reflexión y problematización básico asociándolo a las tareas desarrolladas por varones y mujeres en el trabajo, al plantearse la temática: ¿existen ocupaciones femeninas y masculinas? Aspecto que logra aclarase bastante con la introducción del concepto de competencias laborales como elemento a considerar sin importar el sexo del trabajador/a.

En la experiencia del funcionariado público desde la ONSC se visualizaba una aproximación e introducción a los conceptos básicos.  Asimismo,  en muchos casos con una capacidad básica de problematización. Surgían varias interrogantes en las evaluaciones en relación a la aplicabilidad de los conceptos señalados y su real apropiación y propuestas concretas de acciones correctivas en el marco de las diversas institucionalidades.

Riesgo de ausencia de problematización y posible ceguera hacia los estereotipos

En los tres casos y con la diversidad de púbicos se visualizó en algunas ocasiones un riesgo a la ausencia de problematización y reproducción de estereotipos. Esto se concibió en circunstancias donde el rol del equipo facilitador fue más bien de promoción de intercambio, sin  retomar las interrogantes de los y las participantes abriendo debate y cuestionamiento posterior.  En estos casos no hubo un claro planteamiento de los conceptos desde la teoría de género y adecuado cierre y conclusiones colectivas.

“ustedes que pretenden que los varones seamos mujeres y viceversa” o que quieren decir que si le pongo a mi hija rosada va a ser sumisa, no me queda claro?”

En el caso de los adolescentes y jóvenes de los programas socioeducativos-laborales en situación de vulnerabilidad en ocasiones resultaban comentarios jocosos y chistes sobre división sexual del trabajo, reconociéndola como tal, pero naturalizándola. Considerando como normal que las mujeres dediquen más tiempo al trabajo no remunerado y los cuidados y  que los varones se identifiquen con  la esfera pública. O el rol activo de la maternidad, pero no así de la paternidad. Algunos discursos recurrentes fueron: El abandono de una madre a un niño es horrible, pero de un padre, no tanto…

En los casos donde desde la fase de diseño del programa no estaba previsto un equipo técnico capacitado en género ni algún mecanismo de género aplicable; los dispositivos de sensibilización fueron colocados de forma auxiliar sin una previa transversalización en los objetivos de trabajo y componentes del programa. En estos casos, los impactos fueron menores no lográndose niveles de problematización ni fuerte deconstrucción denotándose cierto riesgo a la ausencia de problematización o a la ceguera de estereotipos.

Incorporación de la perspectiva de género, deconstrucción e incorporación en planes con perspectiva de género

El mayor grado de problematización, deconstrucción y desarrollo de planes con perspectiva de género se dio en los casos de programas donde existían equipos técnicos formados en género y se incorporaba explícitamente el trabajo desde la perspectiva de género. Asimismo, donde hubo algún mecanismo de género específico como: los Comités de Calidad con Equidad de género, Observatorios de género, o Comisiones de Género, donde el proceso de sensibilización y los dispositivos de talleres surgían desde allí  o en coordinación con dichos espacios y se preveían otras modalidades de trabajo que retomaban el trabajo del dispositivo de taller como ser:  jornadas de intercambio, instancias debate sobre temas desde una perspectiva de género, o como parte del MCEG donde se plantea la elaboración de un diagnóstico que identifique las  brechas de género y un plan correctivo que permita transversalizar la perspectiva de género a la organización con acuerdos y compromiso de la alta dirección, no concibiéndose como tema auxiliar.

Consideraciones finales

Es importante señalar que la formación y sensibilización de diverso público objetivo en programas socioeducativos-laborales se trata de una primera fase para la implementación de las políticas de equidad de género. Sin embargo, para ser efectivas deben ser sistemáticas, de forma que puedan preparar el camino hacia la transversalización de género. Sin duda, las personas sensibilizadas -que poseen un mayor grado de reflexión y problematización- emprenderán estrategias y propuestas  de transversalización de políticas y programas hacia planes de trabajo y mecanismos de  gender mainstreaming .Lo cual implica, superar la consideración del género como una problemática aislada, integrándolo como una dimensión que abarque la concepción y métodos de trabajo con que se diseña, ejecuta y evalúa la política pública. Para ello, se debe actuar en distintos niveles, articulando el trabajo en red, promoviendo la coordinación interinstitucional y abordaje integral que replantee los términos de la tradicional división entre la esfera pública y privada.

En el caso de las empresas u organizaciones en ausencia de recursos humanos capacitados no existirán recursos financieros eficaces. Sin embargo, con recursos humanos capacitados es factible obtener los recursos financieros necesarios para la implementación de las políticas y programas a favor de la equidad de género.  La incorporación real de la equidad entre hombres y mujeres implica una transformación total de la cultura institucional; lo cual incluye indagar en la diversidad de niveles de sensibilización y capacitación. Al integrar esta perspectiva se transforma la racionalidad de las instituciones y la forma en que ellas abordan los problemas sociales y su capacidad de deconstrucción de los estereotipos de género.

En el caso de adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad se deben pensar dispositivos de sensibilización que incluyan seguimiento gradual que permitan una estrategia de mayor potencial para la deconstrucción y generación de masa crítica desde la mirada de género.

Notas

[1] Disponible en sitio: http://www.projoven.gub.uy/  última consulta 12-13.

[2] Disponible en sitio:http://www.mides.gub.uy última consulta 12-13.

[3]Disponible en sitio: http://www.inmujeres.gub.uy/innovaportal/v/15089/6/innova.front/calidad_con_equidad_de_genero última consulta 12-13.

 Referencias Bibliográficas

Fainstain, L. y Picasso, F. (2011). Manual para Facilitadores/as de Sensibilización en Género. Programa de Gestión de Calidad con Equidad de Género, Instituto Nacional de las Mujeres, Ministerio de Desarrollo Social, PNUD, UNIFEM,  Montevideo.

Freire, P. (1969). La educación como práctica de la Libertad. Siglo XXI, Editores, Madrid, España.

INMUJERES, Dirección General de Planeación, Dirección de Capacitación y Profesionalización (2008). Guía metodológica para la sensibilización en género: Una herramienta didáctica para la capacitación en la administración pública Instituto Nacional de las Mujeres, México DF.

Rauber, I. (2003). Género y Poder  Ensayo-Testimonio, Edición especial Parte I para divulgación electrónica.

Rigat- Pflaum, M. (2008). Gender Mainstream: Un enfoque para la Igualdad de Género en Nueva Sociedad, Nº 218.

Sunkel, G. (2007). Regímenes de bienestar y políticas de familia en América Latina. En: Arriagada, Irma, Familias y políticas públicas en América Latina: una historia de desencuentros. CEPAL, Santiago de Chile.

Sitios Webs

http://www.inmujeres.gub.uy/innovaportal/v/15089/6/innova.front/calidad_con_equidad_de_genero

http://www.mides.gub.uy/innovaportal/v/14544/3/innova.front/jovenes_en_red

http://www.projoven.gub.uy

 

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