Ampliando el horizonte de lo posible: Del aborto terapéutico y su discurso victimizador al Movimiento por el aborto libre y seguro.

 Julia Rojas Vásquez.

Introducción.

El siguiente texto comenzó a ser elaborado como ponencia para el Seminario Internacional “Aborto Legal, Libre, Seguro y Gratuito. Un Asunto de Derechos Humanos”, realizado los días 26 y 27 de Septiembre del 2013. Este trabajo tiene por objetivo indagar en las tensiones discursivas que se presentan a la hora de enfrentar diálogos y debates en torno al aborto. Sostengo que hasta la marcha multitudinaria efectuada el 25 de julio, los discursos presentes en la opinión pública sobre el aborto eran escasos y predominaba un especie de binomio culpabilizador/victimizador. Es el caso de Belén, la niña de 11 años embarazada por su padrastro, quien moviliza nuevamente al movimiento feminista para emplazar a la opinión pública a debatir y a exigir la despenalización del aborto. La marcha realizada el 25 de julio permite poner en la opinión pública otros discursos que hasta hora permanecían periféricos, invisibilizados, minorizados.

 Para referirme al aborto, y particularmente al acceso al aborto con misoprostol[1], me posiciono desde mi experiencia feminista desde mediados de los años 90, mis vinculaciones militantes desde hace más de 7 años con la Colectiva Feminista Las Sueltas de Valparaíso[2], desde hace 3 años en la Colectiva Feminista La Punta de la Lengua y la Red Multiversos que agrupa a diversas colectivas feministas y de disidencia sexual desde hace ya 2 años. Me sitúo en el cruce de diversos territorios: desde el activismo y mi profesión de raigambre social, por lo tanto desde las humanidades en su registro crítico, desde los estudios de género y cultura y la teoría crítica feminista. También desde mi experiencia política de clase y género. Digo esto, buscando dar amplitud a estas reflexiones en contraposición a los registros provenientes muchas veces desde los discursos médicos o legales, que suelen presentar posturas rígidas en relación con el aborto y sus implicancias para las mujeres.

Desde hace un tiempo estoy usando la idea de la ampliación del horizonte de lo posible como conceptualización de lo que entiendo por feminismo y disidencia, debido a que se tiende a estigmatizar e incluso a criminalizar las posturas político disidentes, incluso por personajes que se dicen progresistas, o por quienes desde espacios institucionales se erigen como las únicas defensoras de nuestros derechos, utilizando discursos uniformizadores/homogeneizantes de nuestras experiencias, impidiendo el surgimiento de nuevos discursos y reflexiones.

La realidad de la criminalización del aborto y de las mujeres en ello, produce “imágenes en bloque”[3],  tomo el concepto utilizado por Hercovich (1992, p 64) en sus trabajos en torno a la violencia sexual. A través de “las imágenes en bloque” la autora construye un concepto que sirve para identificar lo que una sociedad, mediante un consenso, ha decidido entender por algo, cuando ese algo angustia, duele o simplemente molesta, ese algo es construido de una forma determinada que sirva para disminuir lo perturbador de ese algo. Por ejemplo, cuando hablamos de violencia sexual, se tiende a pensar que nos referimos a un ataque en un sitio eriazo, o solitario, una mujer caminando sola, y un hombre que la aborda y a la fuerza comete la violación, sin embargo sabemos que un número importante de violaciones ocurren en lugares que debieran ser seguros para las mujeres y los/las niñas y niños, y son hechos cometidos por personas de confianza, de un círculo íntimo, o bien alguien en quien la persona violentada conocía. Para Inés Hercovich las imágenes en bloque “resultan un molde incómodo para aplicar a las vivencias de las mujeres” (1992, p 64), por ello el concepto es de utilidad para hablar del aborto. En tanto estas imágenes en bloque tienden a imponerse incluso al sentido común más básico, e impiden ver el contexto y la singularidad de cada experiencia: única y diversa a la vez. Se tiende a mostrar solo una dimensión del aborto, como si hubiera solo una forma de abortar y como si a la experiencia del aborto solo se la pudiera relacionar con sufrimiento, dolor, resentimiento y/o culpa.

 Las imágenes en bloque también están presentes, tanto en los discursos de quienes defiende la despenalización del aborto, como en los discursos que se oponen a ello, estos discursos de especialistas, promueven la generación de imágenes en bloque en torno al aborto, generando un binomio perverso donde la experiencia del aborto se mueve entre imaginarios culpabilizadores y/o victimizadores, obstaculizando el reconocimiento de la experiencia de autodeterminación de las personas.

La consejería[4] que realizamos en Multiversos[5] es una estrategia orientada a desmantelar esas imágenes en bloque, buscando los elementos singularizadores de la experiencia, politizando el espacio de la conversación, convirtiéndolo en un espacio con fines micro – políticos. La consejería entre pares, es un encuentro entre dos personas con el propósito de compartir información que posibilite la toma de decisiones, y dar lugar al empoderamiento. En este sentido es un trabajo que se orienta en contra de la victimización, abriendo posibilidades y sobre todo ampliando la visión sobre un problema  o emoción específica.

Habría que señalar que en la consejería pre – aborto ninguna mujer ha solicitado apoyo para tomar la decisión de abortar. Todas las mujeres que fueron atendidas durante el año 2013, solicitaron consejería con la finalidad de acceder a la información del procedimiento para abortar, es decir ya han tomado la decisión, muchas veces comentan profundamente la experiencia, el por qué de dicha  medida, o el contexto en que la decisión se está tomando, pero no buscan ayuda para tomar dicha providencia. Por lo tanto, lo que moviliza a las mujeres a consultar se relaciona más con conocer datos de cómo conseguir las pastillas, los precios, el procedimiento mismo y sobre todo los riesgos. Generalmente, ya han indagado por sus propios medios antes de consultar y en ese sentido la consejería se orienta principalmente a despejar dudas, y a entregar herramientas que puedan ser útiles a la hora de afrontar posibles complicaciones o riesgos, y cómo enfrentar al personal de urgencias si por alguna eventualidad se tiene que recurrir al sistema médico. Durante la consejería también se suele entregar información sobre la organización holandesa “Mujeres sobre las olas”[6] .

En la consejería post – aborto surgen una diversidad de situaciones generalmente dadas por experiencias de criminalización, o por experiencias difíciles que llevaron a tomar la determinación de abortar y de las que se necesita conversar. Por ejemplo el caso de experiencias de aborto por violación y las experiencias de algunas mujeres que están enfrentando procesos penales y demandas judiciales. En estos casos, el proceso de consejería se orienta a contener los procesos decisionales de las personas.

El feminismo abortista contra la hegemonía del aborto terapéutico: ampliando el horizonte de lo posible.

Me atrevo a señalar que hasta el 25 de julio del año 2013 estaban operando en el imaginario colectivo imágenes en bloque sobre el aborto. Es decir, cuando se hablaba de aborto se apelaba al llamado aborto terapéutico para referirse a las soluciones frente a embarazos no deseados producto del dolor y/o el sufrimiento: violación, feto inviable, riesgo de salud de la mujer. Ante ello no es tan difícil defender el derecho al aborto terapéutico, al cual de todas formas se opondrán las iglesias y los grupos conservadores.

 El discurso hegemónico tiende a mostrar a las mujeres como víctimas de sus circunstancias reproductivas. Estos discursos donde además se homogeniza a las mujeres como víctimas, no solo están presentes en los discursos de los grupos conservadores, sino también en la defensa del aborto terapéutico, e incluso en los espacios feministas. Por ejemplo, en las reuniones del Movimiento por el aborto libre, seguro y gratuito hemos escuchado frases como: “ninguna mujer quiere abortar” “ninguna mujer aborta porque quiere” “nadie puede amar el aborto”. Asimismo, revisando las convocatorias feministas al seminario internacional “Aborto Legal, Libre, Seguro y Gratuito. Un Asunto de Derechos Humanos” realizado en Septiembre del 2013, nos encontramos con textos como el siguiente:

 “Como bien sabemos, en nuestro país se penaliza toda interrupción del embarazo. Incluso cuando la vida de la mujer está en riesgo, cuando ha sido violada, cuando el feto tiene anomalías gravísimas incompatibles con la vida extrauterina, cuando la mujer enfrenta graves problemas familiares y sociales, o en cualquier otra circunstancia”(Articulación Feminista por la Libertad de Elegir, 2013)[7].

Como se observa en el ejemplo, la demanda del aborto se centra en la imposibilidad de traer una vida al mundo por razones vinculadas al dolor para la mujer o para el feto durante el parto, o la vida extrauterina. O bien debido a las condiciones problemáticas sociales y familiares que vive la mujer. En el ejemplo, no se menciona el derecho a decidir de las mujeres respecto de la maternidad, aun cuando las convocantes se denominan a sí mismas feministas por la libertad de decidir. Se insiste en el discurso de la excepcionalidad dolorosa, que sitúa a las mujeres como víctimas antes que como sujetos que toman decisiones, a partir de sus malestares, deseos y/o voluntades.

El ejercicio de victimización es el proceso mediante el cual se despoja a los sujetos de la posibilidad de tomar decisiones o de realizar acciones de resistencia incluso de manera pasiva. Las decisiones las toman otros y/o ese otro es quien permite que las acciones se lleven a cabo. El proceso de victimización despoja a las mujeres de su condición de sujeto. La criminalización del aborto es la manifestación más clara de la subordinación de las mujeres en una sociedad como la chilena.

Considerando el ejemplo anterior, tendríamos que inducir que el solo deseo de una mujer de no ser madre, o la legitimación del aborto sólo porque no se desea continuar un embarazo se encuentra integrado/ invisibilizado en la frase “cualquier otra circunstancia”.

La campaña “Yo amo aborto, yo amo misoprostol” busca romper con esos lugares, desdramatizando el aborto, a la vez que busca proporcionar información para acceder a un aborto seguro. La finalidad de la campaña es contribuir a un desplazamiento imprescindible del tono victimizador presente en los discursos que entiende la despenalización del aborto médico como bandera de lucha, y como única posibilidad de incidir en el espacio político contingente, hacia discursos que releven no sólo la importancia de la  diversidad de identidades en la misma identidad mujer, y para el caso del aborto la diversidad de razones que tienen las sujetas para llevarlo a cabo y que son visibilizadas en la demanda de aborto terapéutico y en los discursos del feminismo hegemónico, esbozando un sujeto diverso, a quien no es necesario victimizar ante su circunstancia reproductiva, ni en ninguna otra. Entiendo feminismo hegemónico a aquel feminismo que como señalan Hernández y Suárez (2008, p 15) “…habla desde una posición estructural de poder, y ha logrado imponer su agenda política como la única agenda válida para la construcción de la equidad de género. Generalmente coincide con espacios institucionales, que han contribuido a la construcción de la identidad de las mujeres como categoría social, y elabora las demandas desde un espacio de victimización. Estos espacios comprenden la idea de que las mujeres son una categoría única.” Por ejemplo: la campaña de más mujeres en el poder, llevada a cabo por Corporación Humanas[8] durante las elecciones chilenas del año 2013, supone que la presencia de las mujeres en espacios de poder es importante, sin considerar los contextos actuales y los mecanismos que las instituciones utilizan para el acceso de las mujeres al poder. Tampoco realiza una distinción de las diferencias entre mujeres de izquierdas y de derechas. Para este feminismo, el sólo hecho de ser mujer otorga la condición de categoría de exclusión del sistema político, sin profundizar en cómo se produce esa exclusión, mediante qué mecanismos, y cuál es el sentido de la inclusión de las mujeres a la política de no mediar un proyecto emancipatorio en ello.

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Con esta campaña nos planteamos la posibilidad de hacer política feminista desde un lugar crítico/disidente que no necesariamente signifique negarse a participar en las decisiones que toma la sociedad mediante sus mentados consensos, esos consensos que muchas veces dejan fuera del foco de atención de los modos de vida diversos, quedando a la luz sólo los lugares comunes. Por ello es necesario entender disidencia como la posibilidad de mover los límites de lo posible, ampliar el campo de batalla: imaginar lo que hasta ahora no hemos querido o no hemos podido imaginar.

Desde el año 2012 se ha difundido la campaña “Yo amo aborto, Yo amo Misoprostol” que fue financiada por la Colectiva Feminista Las Sueltas de Valparaíso, y con posterioridad a la marcha histórica del 25 de julio del 2013, se ha referenciado como una polémica, citada incluso en un programa de televisión, (programa “El Informante” realizado con posterioridad a la marcha del 25 de julio y a la histórica toma de la catedral de Santiago) pues pone el acento en la palabra aborto, y se acompaña del clásico corazón que alude al significado amar: Yo (corazón) aborto. Yo (corazón) Misoprostol.

Esto ha gatillado las más interesantes opiniones, se ha dicho incluso que no es un campaña feminista, o con mucha ligereza se ha dicho que no se puede amar el aborto. A partir de ello, se vuelve imperioso continuar indagando en los imaginarios presentes en la opinión pública y particularmente en las voces provenientes del propio feminismo, en tanto amar o no un (o el) aborto no tienen tanto que ver con lo adecuado o no del enunciado, sino con la singularidad de la experiencia.

En los años que trabajé con personas viviendo con VIH/SIDA[9], me fui dando cuenta que muchos de los/as activistas llegaban, con el tiempo, a reivindicar su propio proceso vital respecto de la enfermedad. A partir de esta experiencia se habían empoderado, algo que desde fuera podría ser visto como negativo (la notificación de ser positivos al VIH/SIDA) se transformaba en el origen de un cambio. Particularmente en las mujeres, el despojo de la voluntad relacionada con la posibilidad de prevenir la adquisición del VIH, lejos del riesgo de producir una re victimización, provocaba la necesidad de hacerse cargo en delante de las decisiones, lo que originaba muchas veces procesos de empoderamiento y liderazgo. Así el VIH no era la causa para sentirse víctimas, el VIH era la consecuencia de haber vivido como víctimas: sexualidades sumisas, sin voluntad propia, sin ensayar acciones preventivas y sin cuidarse (entre muchas otras situaciones, indudablemente son procesos de mucha más complejidad que involucran incluso a las políticas públicas)

Entonces, y de acuerdo a lo anterior, si la experiencia de un aborto genera movimiento en una persona ¿Cómo no amar esa experiencia? Eso solo pueden responderlo quienes han experimentado dichos tránsitos, por lo tanto es momento de que hablen las mujeres que han abortado, y no todas ellas han sido víctimas. Me atrevería a decir que ninguna lo es.

El punto más importante de la campaña es que directa o indirectamente produce debate, no deja indiferente.  Por otra parte, la información de los afiches indica cómo evitar un aborto riesgoso mediante el uso de pastillas, en tanto se considera el método más seguro de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud para realizar abortos clandestinos en países como Chile donde el aborto es completamente criminalizado. Si estamos de acuerdo con el hecho de que la criminalización del aborto en Chile es una violencia de estado, y constituye una de las principales violencias de género entonces como dice Hercovich “es necesario que se establezca un diálogo multitudinario y social donde se de la batalla por incorporar en las significaciones imaginarias dominantes los significados censurados por éstas” (Hercovich, 1992 – p 83)

Es urgente librar una batalla cultural, simbólica, esto también lo pienso considerando que el movimiento feminista abortista no se ha puesto de acuerdo sobre el estatus que queremos para el aborto: legalizar o solo despenalizar, es un debate pendiente. Necesitamos librar una batalla sobre las imágenes instaladas en el imaginario colectivo en torno al aborto, desde el año 89, y realizar un desplazamiento que desborde la imagen de la víctima, que sea posible arrebatarle poder a la norma, con o sin permiso, ya sea legal o bien se mantenga en la ilegalidad que tanto le gusta a la iglesia, a los conservadores, y a todo aquel que gane algo con esa ilegalidad. La ilegalidad del aborto, así como de las modificaciones corporales, por ejemplo el cambio de sexo, tanto como la ilegalidad de las drogas, se basan en las restricciones a las voluntades y libertades de las personas y alguien siempre gana con esa ilegalidad.

Es probable que los discursos hegemónicos victimizadores logren con fortuna despenalizar el aborto terapéutico en Chile. Pero nuestra reivindicación del aborto como una práctica política de las mujeres, o de lxs sujetxs que no se identifican como mujeres pero que tienen útero[10], sin duda logrará el aborto libre, seguro y gratuito en el imaginario feminista radical, uno que anhela siempre expandir el horizonte de lo posible.

Referencias Bibliográficas

–          FERNANDEZ, A. Compiladora. Las Mujeres en la Imaginación Colectiva, una historia de discriminación y resistencia. Ed. Paidos. 1992. Capítulo 3. Páginas 63 – 83.

–          SUAREZ, L y HERNANDEZ, R. Editoras. Descolinzando el Feminismo. Teorías y prácticas desde los márgenes. Segunda Edición. Ediciones Cátedra. 2011. Página 15.


[1] Misoprostol es el nombre genérico que recibe el medicamento que sirve para abortar hasta las 9 semanas en las siguientes dosis 12 pastillas de 200 mg divididas en 3 dosis de 4 pastillas cada dosis. Se deben colocar las primeras 4 pastillas bajo la lengua sin masticar ni tragar, 3 horas más tarde colocar bajo la lengua las 4 siguientes pastillas, y luego de 3 horas se deben colocar las últimas 4 pastillas. El procedimiento debe utilizarse en forma completa. El medicamento también puede llamarse: Cytotec, Citotec, Arthrotec, Oxaprost, Cyprostol, Misotrol, Misotac y es recomendado por la OMS para practicar abortos seguros, particularmente en países como Chile donde el aborto es criminalizado bajo cualquier circunstancia y donde las mujeres mueren por abortos clandestinos, inseguros, donde el estado no interfiere sino para penalizar.

[2] Grupo de mujeres feministas que han desarrollado un activismo por más de 10 años en la ciudad de Valparaíso que han ayudado a otras organizaciones jóvenes o pequeñas a gestionar acciones principalmente en el ámbito del activismo por el aborto.

[3] Para Inés Hercovich las imágenes en bloque reúnen y combinan las creencias y emociones ligadas a los hechos que angustian de forma tal que queden expulsados todos aquellos elementos de las representaciones del acto, el escenario y los protagonistas que puedan conmover y cuestionar las certidumbres apaciguadoras. Tanto las imágenes junto a otros elementos conformarían un todo coherente y exhaustivo, creando la ilusión de representar fielmente aquello de lo que estamos hablando.

[4] Conversación entre pares cuyo objetivo es contener e informar acerca de un tema determinado por el consultante.

[5] Organización que agrupa a diversas colectivas feministas y que se encuentra trabajando en la construcción de un modelo de consejería paritaria y feminista para la diversidad sexual, actualmente ha incluido en sus consejerías la atención de pre y post aborto.

[6] Organización feminista que dedica su activismo a apoyar e informar a las mujeres que viven en países donde el aborto es completamente ilegal, para que puedan acceder a abortos seguros, libres de riegos  www.womenonweb.org y www.wemenonwaves.org

[9] Desde el 2005 y durante varios años me desempeñé como Asesora Metodológica de la Red de organizaciones y personas que viven con VIH/SIDA, VIVO POSITIVO y sigo ligada a ellxs desde el activismo.

 

[10] Podemos situar a lesbianas, o a transexuales masculinos en esta categoría, ¡por ahora!  

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